Si lo que se busco fue la recuperación de la confianza, lo que se logró fue simplemente, crear confusión. Si se quería abrir el proceso político destinado a crear las bases sobre las cuales se construirá la candidatura presidencial oficial, lo que se consiguió fue simplemente crear las condiciones ideales para edificar la desconfianza entre las fuerzas políticas aliadas al gobierno.
Los movimientos realizados por el presidente Enrique Peña Nieto no modificaron nada. Crearon una imagen que, como ha sucedido a lo largo del sexenio, se evaporará en cuanto se registren los primeros resultados reales.
El equipo presidencial se mantiene sobre los pilares sobre los cuales nació. Uno, el de Luis Videgaray, parece fortalecido y el otro, del de Miguel Angel Osorio parecería destinado a agradecer que aún permanece en el grupo en el poder, sin que se tenga certeza sobre su real fortaleza.
Sin embargo, habrá que tener algo de paciencia para determinar si realmente, lo que se supone tiene sustento.
Aurelio Nuño y José Antonio Meade pasan a la primera fila del poder y por lo tanto, son señalados como “posibles” aspirantes a una candidatura presidencial. Sin embargo, ninguno de ellos reúne los requisitos que en el PRI se demandan para semejante honor. Tienen la cercanía con el presidente y son considerados aliados del secretario de Hacienda Luis Videgaray.
Se habla de las cantidades enormes de dinero que habrán de controlar. Y por supuesto, de la posibilidad de crear plataformas políticas en favor de su aliado. O de ellos mismos si logran encontrar el camino para evitar el rechazo que, por ejemplo, vivió Nuño al momento en que lucho por ser considerado como posible líder en el PRI.
Y ello es cierto, pero también lo es el hecho de que, guste o no, ese grupo perdió cercanía para con el presidente de la República. Esto es, Aurelio Nuño, como jefe de la Oficina de la Presidencia, tenía un gran poder sobre todas las cosas. Y además, opinaba y escuchaba al titular del Poder Ejecutivo. Eso ya no existe. Y Francisco Guzmán, el sucesor, podría no tener el mismo interés que Nuño para el juego del poder palaciego.
Así, todo permanece igual Osorio y Videgaray. Ambos con el problema político uno y económico el otro, sin respuestas de fondo. Y con el tiempo para las soluciones prácticamente quemado.
Dentro de esta situación de ajustes, poca atención se ha puesto a lo que sucede en el Congreso.
Con los nuevos diputados y las decisiones políticas asumidas, el resultado no parece ser el mejor para lograr la recuperación de la confianza.
Primero, con la designación de César Camacho como líder del PRI, lo que se tiene es que un perdedor en las urnas, tiene la responsabilidad de conducir el proceso de la aprobación del presupuesto cero. Es además, el hombre que en sus primeras declaraciones decidió someterse a lo que se decida en el
Senado. Esto es, los diputados se declaran integrantes de una “Camarita” y por lo tanto, serán “diputaditos”.
Del otro lado, en el Senado, Emilio Gamboa, siempre dispuesto al protagonismo basado en el juego de las imágenes, saltó al escenario para en una demostración digna de mejores causas, hablar de la próxima “flexibilización” en la reforma fiscal.
Quería quedar bien con los empresarios y leyó mal las señales. Y quiso, como siempre, ser el “ganador”. Y lanzó, como líder del Senado, anuncios que sin ser cambios, dijo, sí serían movimientos para mover lo que se dijo en su momento no era otra cosa que la más grande reforma fiscal que el país hubiera conocido.
Pero no pasó mucho antes de que el propio Secretario de Hacienda, Luis Videgaray pusiera en ridículo al senador Gamboa. No habrá cambios, ajustes ni nada por el estilo. “No se hagan ilusiones”-
No esperen disminuciones de las tasas, ni en el régimen de contribuciones. Eso no va a cambiar” Y para que Emilio Gamboa entienda lo que no quiere entender, Videgaray señaló que el “horno no está para bollos”
La Cámara de Senadores convertida en otra “camarita” Con lo que, por lo visto, gracias a César Camacho y a Emilio Gamboa, nos conduce al hecho de que en los próximos tres años, tendremos apenas, “un congresito”.
Y si lo dudan vean la visita de Humberto Castillejos, consejero jurídico de la Presidencia, a los senadores priístas. En su mensaje, fue claro. Lo verán mucho por ahí, por lo que podrían, de una buena vez, considerarlo un senador más. Y muchos por supuesto, pensaron que más que como uno más, tendrían que verlo como el real conductor de las decisiones y actuaciones de la bancada priísta en la Cámara Alta.
Camaritas pues.


