El presidente Enrique Peña Nieto enfrenta hoy el reto del análisis a la mitad del camino. Y lo tendrá que hacer bajo la presión del fracaso en la mayor parte de las promesas. Así, sólo habrá que escuchar al primer mandatario para entender si las crisis que enfrenta su gobierno fueron asimiladas de manera correcta o si, como parte de la estrategia seguida desde el inicio, se hacen a un lado las realidades para resaltar las ilusiones.
Es cierto que será hasta diciembre cuando en realidad inicie la segunda parte del sexenio. Pero también lo es que el III Informe de Gobierno es el arranque político de todo gobierno por el hecho de que es el momento en el que la nueva Legislatura, la “fuerte” en cada administración. Por ello, el mensaje de hoy será el punto de análisis sobre lo que puede esperarse para los próximos tres años.
No es difícil recordar que en campaña, el grupo hoy en el poder, se dedicó a criticar en todos los tonos y formas posibles, a las administraciones emanadas del PAN. Enrique Peña Nieto escribió un libro titulado “México, la Gran Esperanza. Un estado Eficaz para una Democracia de Resultados” en el que no se escatimaron ni promesas y avances en todos los terrenos, ni ataques a los gobiernos panistas.
Una frase que puede resumir la idea que se presentaba es aquella de que “el Estado mexicano ha perdido eficacia por su incapacidad para cumplir con sus obligaciones básicas en materia de seguridad, educación, salud y un larguísimo etcétera”, así como por incumplir la misión de lograr un crecimiento económico sustantivo”.
Del mismo modo, ya con el poder en las manos y apenas iniciado el sexenio, Enrique Peña Nieto dio a conocer los “cinco ejes” sobre los que se trabajaría para alcanzar una democracia de resultados. El primero de ellos consistía en trabajar en una estrategia nacional para reducir la violencia para lograr “un México en paz”.
El cuarto por supuesto, estaba dedicado al crecimiento económico, lo que implicaba “impulsar todos los motores del crecimiento”.
Hay desde luego, una cantidad enorme de promesas además de las que quedaron ubicadas en los señalamientos anteriores, como por ejemplo, el combate a la corrupción. Pero seguridad y economía podrían ser el termómetro adecuado para asomarnos un poco al futuro desde la óptica presidencial.
¿El presidente en su mensaje de hoy mantendrá la idea del todo va bien? ¿Entrará en el terreno de la autocrítica, ausente a lo largo de los primeros tres años, y le explicará al país las causas de todos los fracasos en lo que al cumplimiento de las promesas se refiere?
Los discursos y las cifras pueden decir lo que mejor le plazca al gobierno. La realidad dice que la paz es algo que existe sólo en la visión oficial. Los ciudadanos están sujetos a una creciente inseguridad. Y la autoridad simplemente ha sido rebasada, cuando no forma parte toral del problema.
En lo que se refiere a la economía, ¿el presidente explicará en dónde se quedaron las promesas de crecimiento y bienestar que se hicieron para buscar el apoyo a las reformas estructurales? ¿Dará a
conocer las razones por las que los prometidos 4 puntos extras en el PIB apenas se aprobaran las reformas no aparecen por ningún lado?
Para nadie es un secreto que la exoneración brindada por la Función Pública por las crisis de las casas blanca y de Malinalco, así como los ajustes en el gabinete fueron medidas destinadas no a resolver los problemas, sino a buscar que en el Informe quedaran fuera del esquema, bajo el argumento de “cosas resueltas”.
Del mismo modo sin embargo, resulta claro que esto no funcionó. Los cambios no llegaron y todo quedó igual, con enroques en el equipo presidencial. Y lo de las casas se tomó como una ofensa y no como una respuesta.
Pero, el listado de pendientes es enorme. ¿El presidente aclarará Tanhuato y las muchas dudas existentes; hará mención a Tlatlaya y a las mentiras del gobierno del Estado de México para tratar de encubrir la ejecución de civiles? ¿Se referirá la fallida verdad histórica sobre los sucesos de Iguala? ¿Tendrá comentarios sobre el diferendo que tiene su gobierno con organismos de la ONU en materia de derechos humanos?
¿Hablará de los cientos de millones de dólares perdidos en la infructuosa lucha por la defensa del peso?
¿Tendrá una explicación real y confiable sobre la fuga de Joaquín Guzmán? ¿Explicará sin hablar del “entorno internacional” las causas por las que sus muchas promesas no se han cumplido?
Las posibilidades de recuperar la confianza existen. No son fáciles, pero están ahí. Pero también la oportunidad de no hace nada, de intentar mantener las cosas como están y confiar que, con el tiempo, la sociedad se olvidará de todo.
Siempre se puede esperar que los rivales políticos, como ha sucedido hasta el momento, resulten ser de papel. Y que la realidad, a final de cuentas, se canse y se convierta en “normalidad”. Y de ello, nazca el olvido de los votantes.


