Muchas frases. Una Buena dicción. Un escenario totalmente a modo. Reconocimiento limitado de la problemática. Ausencia de explicaciones sobre puntos torales o simplemente se les ignoró. Y para no errar, un nuevo decálogo de acciones que nos sacarán del atolladero. El III Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto fue, otra vez, un evento triunfalista, carente de autocrítica y plagado de cifras que en el fondo, a nada conducen.
El acto, que muchos esperaban fuera el parteaguas, se convirtió en un cambio de estrategia. Pero sólo de imagen. Reconocimiento de que la fuga del “chapo” fue un duro golpe al gobierno. Pero no más. Se habló de Iguala. Pero nada de las investigaciones. Se tocó el tema de os derechos humanos, pero no se habló de Apatzingan, de Tlataya o de Tanhuato. Para demostrar que la seguridad ha mejorado, cifras, cifras y más cifras. Por supuesto, todas reñidas con la realidad del día a día de los ciudadanos.
El presidente Peña enfrentó la oportunidad para en realidad, iniciar la lucha por la recuperación de la confianza. Y no la aprovechó. Decidió mantenerse en la línea asumida desde el inicio de su gestión. Nada que en el fondo permitiera suponer que algo habrá realmente de cambiar.
Así, aceptó que en su gobierno se elevó en dos millones la cifra de mexicanos en pobreza. Y para hacer frente al problema, prometió más empeño. Nada de ajustes a los programas. Nada de explicar las causas de más mexicanos en la pobreza. Nada que haga suponer algo diferente. Se reconoció el problema y con ello habrá que conformarse. Los mismos programas que ya fallaron, pero ahora con mayor esfuerzo de parte de las autoridades encargadas de aplicarlos.
Las reformas estructurales ocuparon, por supuesto, el sitio estelar. Todo será mejor al paso del tiempo. ¿Cuánto tiempo? No se dijo. El momento llegará y México será una de las diez economías más grandes del mundo. Algún día.
Somos de los que mejor resistimos la crisis. Pero no se habla de los que pudieron hacerle frente de mejor manera. Pudo haber sido peor.
Y para mantener la estrategia oficial vigente en esta administración, las contradicciones a flor de piel.
Las reformas están bien. Pero nadie se acordó de los 4 puntos que le darían al PIB apenas fueran aprobadas. Los problemas se dijo, se derivan de la crisis internacional del 2008 que aún no se superan. Pero nadie explicó cómo es que, con ese panorama, se prometieron cosas que no se han cumplido y se aplicaron programas que no dieron resultado. Había crisis y efectos que en los planes del gobierno nunca aparecieron.
Se habló de las promesas para Mover a México y se enfatizó que hemos avanzado, pero no se tocó el tema de que mover al país significaba alcanzar un crecimiento económico que superara el “mediocre crecimiento” obtenido con los panistas. Crecimiento que en promedio, mucho se parece al de estos años del nuevo PRI.
Y al momento de hablar de la seguridad, todo un listado de cifras que ponían de manifiesto lo maravilloso y tranquilo que resulta vivir en México. El problema es que nadie convenció a la realidad de
que esas cifras tienen que formar parte del diarios vivir de los ciudadanos. Cifras que crean imágenes. Imágenes que se diluyen en cuanto han sido presentadas, carentes de sustento y que para los ciudadanos suenan más a burla que a certeza.
Y para culminar, ya no como parte del informe sobre el estado que guarda la administración pública, un nuevo decálogo de acciones para llevar al país a las metas anheladas.
Decálogo de acciones que uno se ve obligado a preguntar las causas por las cuales esas decisiones no se tomaron apenas iniciado el sexenio.
Lo mismo pasa con el punto de que no habrá aumentos en los impuestos. O que al gobierno le toca apretarse el cinturón. Gasta menos y gastar mejor. Pero ¿no esa es la principal obligación de un gobierno responsable? ¿Esto significa que en tres años se gastó mucho y se gastó mal?
Y no podía faltar la gran idea transformadora. Ahora como bursatilización de algunas acciones oficiales. No habrá aumento de la deuda, pero si se emitirán bonos para obtener fondos para educación y para infraestructura.
Mecanismo que no es novedoso. Fracasó ya en el caso de PEMEX. Y se convirtió en una bomba de tiempo cuando los famosos Pidiregas.
Los bonos serán Deuda. Interna, pero deuda. Y serán garantizados por el gobierno. Con dinero público. Habrá programas como objetivo. Pero ya se sabe cuales son los riesgos.
Total, nada se modificó. No existió la autocrítica. Y se mantiene el camino. Con un nuevo decálogo, sin que los anteriores se hayan cumplido. Pero el III Informe de gobierno se cumplió. Y con muchos aplausos de parte de los invitados. Habrá que ver qué es lo que los ciudadanos opinan.


