GarfiasFrancisco Garfias

Nos amanecimos ayer con la noticia de que un grupo de turistas mexicanos, que andaba de vacaciones en tierras de los faraones, fue blanco de un ataque aéreo por parte de la policía y las fuerzas armadas de Egipto. Los confundieron con radicales yihadistas y los bombardearon.

Dos de ellos ya no son de este mundo. Luis Barajas Fernández y María de Lourdes Fernández Rubio. Otros seis se encuentran hospitalizados en los suburbios de El  Cairo.

La imperdonable confusión puso a la defensiva al gobierno egipcio. Según un portavoz del Ministerio de Turismo, citado por el diario francés Le Monde, la compañía que organizó la excursión no tenía autorización de llevar a los turistas mexicanos a Al Wahat, en la región de Farafra, donde ocurrió el ataque.

En el momento de los hechos, agregó el portavoz, la policía y las fuerzas armadas perseguían a terroristas islámicos que, días antes, habían emboscado, en ese sitio, a una unidad del ejército.

El embajador egipcio en México acató la línea que recibió de El Cairo: los turistas mexicanos, en su mayoría de Jalisco, se encontraban en “zona de operativo”.

La agencia de viajes Windows of Egypt, que organizó la visita, le dijo al sitioAl-Ahram que todos los turistas eran mexicanos y que iban acompañados de seis egipcios: cuatro choferes, un guía y un oficial de la policía turística.

Windows of Egypt rechazó las acusaciones de autoridades egipcias, según las cuales el grupo no tenía autorización de circular en la zona: “Tenemos un permiso de la policía turística. Al grupo lo acompañaba un oficial de la policía”.

La visita a esta región del desierto no requiere de un permiso suplementario, agregó la  agencia.

  • La condena se generalizó en México. No es para menos. El error de las fuerzas armadas de Egipto costó, al menos, ocho vidas. La canciller Claudia Ruiz Massieu voló anoche mismo a El Cairo, junto con familiares de las víctimas. Un gesto que hay que aplaudir y que no ocurre a menudo.

¿Se acuerdan de Iguala y los 43 desaparecidos?

El presidente Peña pidió al gobierno egipcio una investigación exhaustiva y expedita de los hechos. Informó que el primer ministro egipcio estará al frente de la averiguación.

  • Para nutrirnos de información y entender lo que ocurrió, recurrimos al prestigiado vespertino Le Monde, siempre bien documentado en temas relacionados con el terrorismo en Oriente Medio.

El cotidiano destaca que dos años después del golpe militar que derrocó al presidente Mohamed Morsi –3 de julio del 2013–, el gobierno egipcio no ha podido controlar el  terrorismo. “La represión generalizada contra los simpatizantes del islam, ordenada por el presidente Abdel Fatah al-Sissi, trajo como consecuencia un levantamiento armado  en la península del Sinaí”.

Y cita al politólogo egipcio Achraf Al-Chérif.

“La exclusión social y política de los islamistas se tradujo en una radicalización de los partidarios de los Hermanos Musulmanes, quienes ya no creen en la justicia y la democracia. En este movimiento de protesta hay grupos que se inclinan por una estrategia mucho más radical”.

Hoy por hoy, agrega Le Monde, la organización de los Hermanos Musulmanes ha sido designada por el régimen egipcio como “La madre de todos los males”.

La otra cara del problema: los atentados y ataques de comandos yihadistas contra las fuerzas de seguridad se han multiplicado en ese país. Cientos de policías y soldados han muerto, luego de la destitución y arresto de Morsi.

  • EL GDF nos adelantó datos sobre manifestaciones y capitalidad, que seguramente serán incluidos en el Tercer Informe de Gobierno de Mancera, a celebrarse el próximo  jueves. Son números que reflejan al DF como rehén de todas las causas.

Dice la tarjeta informativa:

En lo que va de 2015, las autoridades de la ciudad cubrieron siete mil 983 movilizaciones, tanto de injerencia local  como federal. Unos cuatro millones 214 mil 781 manifestantes participaron en esas movilizaciones.

En siete mil 086 casos, se privilegió el diálogo, sin presencia de agrupamientos de seguridad pública. En 601, se hizo trabajo de mediación con presencia de agrupamientos. En 267 se implementó línea de acompañamiento. En 21 se recuperaron vialidades. Y sólo en ocho se produjeron enfrentamientos.

La mayoría de las manifestaciones que suceden en la Ciudad de México se deben a razones ajenas a la misma. Encuentran en la capital su caja de resonancia, al ser la sede de los Poderes de la Unión.

Más adelante aborda el costo de la “capitalidad”: la factura económica, política en la que incurre la ciudad, por ser la sede de los Poderes federales.

Se ha estimado, ilustra, que la exención del cobro de prediales a embajadas, aeropuerto, dependencias federales, entidades paraestatales y sedes de partidos, equivale a aproximadamente tres mil millones de pesos anuales. Son recursos  que dejan de entrar a las arcas capitalinas.

Mancera logró  que la Federación aportara el llamado “fondo de capitalidad”, que en 2015 fue de tres mil 500, aunque para 2016 se prevé que baje a dos mil 500 millones.

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