Por Norberto DE AQUINO
Miguel Ángel Mancera está a punto de rendir su III Informe de gobierno y como es costumbre en su administración pretende hablar a los capitalinos de lo que quiere, como lo quiere y de acuerdo a lo que pretende. Olvida que, le guste o no, parecería el momento adecuado para hacer un balance general y serio, sobre lo que han significado para el Distrito Federal, los gobiernos emanados de la izquierda.
Después de casi dos décadas de administraciones perredistas, la pregunta es simple: ¿la ciudad de México ha logrado estándares de vida realmente superiores a los registrados en el resto del país?
La capital de la República ha sido gobernada por Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard y ahora por el señor Mancera, todos supuestos abanderados de la izquierda. Y nadie quiere entrar en el tema de los resultados globales. Todos, en su momento, hablaron en lo individual. Y todos quisieron mostrar los importantes avances logrados. Y Mancera está en la misma línea.
Pero los ciudadanos quisieran escuchar sobre la planeación de la ciudad para el futuro. No de los parches y decisiones de momento que se han tomado y que luego se modifican.
Por ejemplo, es fácil recordar el ridículo del gobierno de Cárdenas con su licencia de conducir que se entregaría en el domicilio del solicitante. La corrupción y la incapacidad simplemente duplicaron los trámites, los costos y por supuesto, la pérdida de tiempo de los capitalinos.
Temas menores que dejan ver lo que nos ha sucedido.
Decisiones como los segundos pisos que hundieron a los capitalinos en el martirio de tener que recorrer la ciudad a paso lento, sin opciones solo para terminar en unas obras que no fueron entregadas a tiempo, que no se realizaron de manera adecuada y que la autoridad recibió sin que fueran terminadas y sin aplicar las sanciones del caso. Obras y costos que fueron reservados para que nadie pudiera investigar la forma en que todo se realizó.
Discursos y acciones en contra de la delincuencia que en síntesis, lo que intentaron fue ocultar la realidad. La inseguridad en la ciudad se elevó, al tiempo que disminuía en los discursos. Promesas para resolver el reto del ambulantaje que terminaron en la alianza política de los vendedores y las autoridades para impulsar la corrupción y mantener el control político.
Cambios de titulares en el gobierno, pero siempre bajo la misma óptica: el poder como patrimonio.
Los ciudadanos como rehenes. Imposición de decisiones. Uso de la fuerza contra quienes han osado oponerse al gobierno. Y el intento por hacer creer que el Distrito Federal es una ciudad de vanguardia, cuando en realidad lo que se tiene a la vista es el crecimiento de la corrupción y la impunidad.
Así, en Garibaldi se asesina a un estadounidense que resulta ser el nieto de Malcolm X. Y todo se resuelva con el argumento de que fueron unos meseros los responsables. Del mismo modo, se ataca a un futbolista en otro antro, ahora en una zona elegante, y la autoridad se queda en la superficie del problema, por más que para todo mundo resulta evidente que hay mucho más que investigar. Nada
sucede. Todo se deja al olvido. Jóvenes asesinados a la salida del bar Heaven. Corrupción a toda vela en las delegaciones. La tarjeta de circulación es el argumento ideal. Dinero como solución a cualquier problema. Explosión inmobiliaria en una ciudad en la que sus altas autoridades, dijeron que no había agua suficiente y que fincaron en ese argumento el aumento del suministro del líquido.
Recatastración para castigar a los que tienen una propiedad. Delegados atrapados en negocios desde el cargo. Policías dedicados al secuestro y a la extorsión. Negocio con los parquímetros. En general, descomposición de la autoridad y poco que presumir. Y menos como para hablar de una ciudad de vanguardia.
Así, el reto del señor Mancera, desatado en sus ambiciones políticas para alcanzar una candidatura presidencial, tendría que ser el recuento sobre lo hecho en todos estos por los gobiernos de la izquierda en la ciudad de México.
Ya es hora de que el proyecto de la izquierda, si es que existe, sea analizado de manera integral. No en abonos políticos. Y menos como parte de proyectos personales como el actual.
De modo en el que la izquierda cuestiona a panistas y priístas por sus malos resultados generales como gobiernos, así tendría que rendir cuentas.
A no ser claro, que plagado de mesianismos como está, la izquierda suponga que la solución de los problemas del país está en algún iluminado, lo mismo tropical que citadino, y que como queda claro, todos supongan que pueden ser ese iluminado.
Hasta Graco Ramírez.

