Francisco Garfias
Madero se confiesa. Dice que en los 12 años en que los panistas estuvieron en el poder, no acataron el mandato que los ciudadanos dieron en las urnas aVicente Fox, Felipe Calderón y a todos los candidatos del Partido Acción Nacional: desmantelar el viejo sistema y crear uno nuevo.
El exjefe nacional del PAN llama a este fenómeno el déjà vu de Francisco I Madero.
El héroe de la Revolución ganó democráticamente la Presidencia en noviembre del 1911 –después de más de tres décadas de un régimen dictatorial–, pero no desmanteló el sistema porfirista que combatió. Lo dejó intacto.
“Por eso se lo chupó la bruja 15 meses después, en febrero de 1913”, estima el ahora diputado federal del azul.
Eso le pasó a México. Ganó el PAN en el año 2000. Pero ni Fox ni Calderón le entraron al tema de desmantelar el sistema que combatieron. “Más bien se montaron sobre él. Demostraron más transparencia, eficiencia, pero el mandato histórico, que era el desmantelamiento de un régimen y la constitución de uno nuevo, eso no fue”, puntualiza.
Lo que dice el ahora diputado federal se puede ver, efectivamente, en la conducta de los gobernadores. Se sienten virreyes en tierra propia. Pero también en las debilidades y corruptelas de algunos miembros del Poder Judicial sometidos a la ley de plomo o plata por los narcos, en las resistencias a modernizar el sistema educativo y hasta en los medios de comunicación.
“No se democratizaron”, acota el panista.
La sociedad está vacunada contra la política y los políticos. Lo vemos en todas las encuestas que miden el índice de confianza ciudadana. Diputados, senadores y partidos están invariablemente en los últimos lugares.
Tenemos ciudadanos con hastío, con zozobra, que rechazan automáticamente lo que venga del régimen. Hay una justificada crisis de credibilidad derivada de promesas no cumplidas, de problemas no resueltos, de escándalos de corrupción, de complicidades con el crimen, de atrocidades como las de Iguala o Tlatlaya.
“Mi hipótesis hoy –dice Madero– es que la gente está desmotivada de la política. Ya no cree en la política, ni en los políticos, ni en la democracia. Esto es muy peligroso. La democracia no está resolviendo los problemas de las mayorías.
“¿Cuáles son esos problemas? Ingreso insuficiente. A más de la mitad de la población no le alcanza para vivir. Es una angustia llegar a fin de mes. Darle a los hijos la medicina, la educación, la alimentación que requieren”.
Y la desigualdad. En México hay crecimiento económico pequeño. Pero los más beneficiados son los que están en el decil más alto de la población. Las estadísticas son engañosas. Le va muy bien a los más ricos. Después se divide entre el número de población y se saca el ingreso per cápita para decir que ya estamos creciendo. La impunidad y la corrupción no se han resuelto. La mayoría de la población sufre.
- Ya que hablamos de la distancia de la ciudadanía con los distintos niveles de gobierno. Mucho se ha hablado de los acarreados al Zócalo la noche del Grito. De los huecos que se abrieron entre la multitud, a pesar del grupo musical que pusieron como imán para atraer gente: La Arrolladora Banda Limón, bautizada en redes sociales como “La Acarreadora Banda Limón”.
El dato difundido por los medios es que la noche del Grito llegaron 40 mil personas a la Plaza de la Constitución, donde caben alrededor de 120 mil. Muchos eran del Estado de México, tierra natal del presidente Peña. Allí están las imágenes de los autobuses. Las tomas panorámicas con huecos enormes, los gritos mezclados de ¡Viva México! con los de ¡Fuera Peña!
A muchos los obligaron a ir. Hay pruebas. Al correo de este reportero llegó una circular firmada por Ángela Escalante Barrón, jefa de Recursos Humanos del municipio de Coacalco, Estado de México. Va dirigida a presidencia, dirección, subdirecciones, procuraduría, tesorería, coordinaciones y jefaturas del sistema municipal de DIF.
Es una convocatoria a “todo el personal” para que asista a la ceremonia del Grito de Independencia, en el Zócalo de la Ciudad de México.
Luego de citarlos a las 11 de la mañana para salir hacia el centro de la Ciudad de México y recomendarles que llevaran “vestimenta cómoda, nada institucional, color rojo”, el texto hace una advertencia que viene destacada en negritas. No omito mencionar que la persona que no asista será acreedora a una sanción.
No sé cuántos gobiernos municipales hayan optado por este tipo de presiones. Tampoco tengo un aproximado del número de acarreados, pero lo que sí quedó claro es el desapego cada vez mayor a este tipo de actos para celebrar a la patria.
Los de arriba, esos que estaban en Palacio Nacional, no se quedaron atrás. La ceremonia fue austera. No hubo cena, pocos invitados. Austeridad obliga.

