Por Norberto DE AQUINO
Miguel Angel Mancera rinde hoy su III Informe de Gobierno y para evitar los temas que le restan puntos, decidió marcar con toda claridad, el punto sobre el que se debe analizar su gestión. Y claro está, el punto central tiene que ser su ambición por ser candidato presidencial.
Con la mira puesta en el 2018, Mancera quiere que se olvide el resultado de su gestión, tanto como el resultado de 18 años de gobiernos de izquierda. Quiere que se hable de sus anhelos, y que se olviden sus muchos errores y promesas incumplidas.
Si en las casi dos décadas que tiene el Distrito Federal de ser rehén de las tribus perredistas y de las mafias en transporte y ambulantaje por ejemplo, los avances son pocos realmente, lo que se hace es presumir lo que se dice. Si la crisis se deja sentir en la ciudad tanto como en otras partes, se habla de los grandes avances económicos que registra la capital del país, pero que no se reflejan en el gasto familiar.
Una vez marcadas las ideas de que los partidos no tienen el respaldo ciudadano y de que quiere ser candidato, pero aún no dice si irá por la izquierda o por la vía de los independientes, Mancera desea que los debates se realicen sobre el futuro y no sobre la realidad. Quiere el futuro, pero no rendir cuentas sobre el presente.
Quiere que se hable de su candidatura, pero no desea que se recuerden los problemas. Problemas que en la capital de la República son muchos, enormes y constantes.
Podríamos por ejemplo, mencionar la poca vocación democrática del señor Mancera, quien ante el avance político de MORENA intenta por todos las vías posibles, crear una alianza en la Asamblea capitalina que evite que el partido de AMLO se convierta en un duro contrapeso de su podar político.
Pero ¿no sería lógico que intentara un acuerdo con la segunda fuerza política en el DF? ¿No sería más adecuado mostrar vocación por la construcción de alianzas con las muchas izquierdas, antes de cerrar filas con quienes supuestamente son sus enemigos naturales?
La idea en la Asamblea es simplemente la de evitar que AMLO crezca. Ello evitaría la candidatura que Mancera quiere a toda costa.
Del mismo modo, se podría hablar del fracaso de la estrategia de seguridad en la ciudad de México. El señor Mancera no pudo lograr que se creyera que la delincuencia ha disminuido. Así, cambió de carril para establecer que la delincuencia organizada en la capital no existe y que los cárteles criminales solo están de paso por la ciudad.
Pero no explica las razones por las cuales si la delincuencia organizada no existe, ¿cómo llega la droga a la ciudad? ¿Cómo se organiza la distribución? Y ¿cómo es que su policía no puede controlar ese fenómeno, dado que todos los involucrados resultarían “desorganizados”?
Mancera no asume que la derrota electoral del PRD en junio pasado es una derrota de su gobierno. Y no acepta que buena parte de esa derrota se fincó en sus errores, uno de los cuales sería el del Metro.
Elevar las tarifas en un 66% a cambio de grandes promesas fue un “éxito” momentáneo. Pero al paso del tiempo, cuando se comprobó que sólo se había engañado a los ciudadanos y que el servicio, lejos de mejorar, empeoraba, los votos se evaporaron. Mancera mostraba su capacidad para prometer, pero especialmente, para no cumplir.
Mancera anuncia obras. Tal vez necesarias. Y quizá hasta necesarias realmente. Pero a cambio, olvida las relacionadas con las urgencias citadinas. Si hay inundaciones, se habla de la responsabilidad, o falta de, por parte de los ciudadanos. Años van y años vienen, y la izquierda es incapaz de resolver el problema. A costa de los ciudadanos.
El transporte urbano se fortalece como una de las mafias que controlan al gobierno. A los ciudadanos se les avisa una nueva etapa de cacería en su contra, gracias al nuevo reglamento de tránsito. La corrupción en las Delegaciones que en los primeros tres años alcanzó niveles escandalosos, queda impune y a cambio, se renuevan las promesas.
Mancera quiere ser candidato. Y está dispuesto para lograrlo, a cualquier cosa, siempre que no sean rendición de cuentas, transparencia, combate a la corrupción o respeto a la democracia.
Populista como es. Habla del futuro. Y desde el poder en la ciudad de México, reconoce que aún no decide si buscará la nominación desde la ruta de los independientes o bajo el cobijo partidista. Esto es, confiesa que le importa el cargo, no la congruencia. Y que lo que le falta por decidir no es otra cosa que la ruta desde la cual le puede mentir mejor a los ciudadanos.

