Por Norberto DE AQUINO
Perdidos en la intrascendencia y preocupados más por las posiciones de poder que por atender los temas nacionales, las bancadas en el Congreso consumieron ya, el primer mes del nuevo período ordinario de sesiones, sin mostrar nada que no sea la crónica desesperación por los recursos económicos y la demagogia.
Así, vimos a los líderes del Senado, Emilio Gamboa, y de la Cámara de Diputados, César Camacho, hablar sin rubor alguno, de la importancia del día sin auto. Apostando al populismo que fue rechazado por Enrique Peña Nieto hace apenas unas semanas, al presentar su Informe de Gobierno, los coordinadores de los legisladores priistas, fueron capaces de montarse en bicicletas o en el Metro, para mostrar a la sociedad que están preocupados por el país.
Sin embargo, esas actitudes, burdas y ofensivas en el fondo, en realidad lo que hicieron fue poner en claro la indiferencia que existe en el Congreso, en manos de los priistas, sobre la problemática nacional.
En el Caso del Senado, Emilio Gamboa es capaz de hablar mucho y de o decir nada. Así, habla de su sacrificio al utilizar una bicicleta, por unas cuadras, acompañado por su escolta, pero no dice nada del largo listado de minutas que están atoradas en el Senado y que no son importantes para él.
El Senado es más una Cámara Congeladora que una Revisora. El trabajo es bloquear los proyectos que no sean de su agrado. Y por supuesto, hablar de las maravillas de la actual administración. De la sociedad, sus demandas y aspiraciones, los senadores del PRI no tienen nada que decir.
En el caso de la Cámara de Diputados, la situación no es mejor. Pero podría ser mucho más sencilla de adivinar en lo que a incapacidad se refiere.
La nueva Legislatura ha perdido ya el primer mes de labores del período de sesiones. Y no ha sido capaz siquiera de integrar las comisiones de trabajo. Ello implica, en buen romance, que no existe un liderazgo real en San Lázaro.
Ese liderazgo por supuesto, no se refiere a la docilidad priísta ante quien fue enviado como coordinador, sino a la relación con las oposiciones que saben que tienen poder para imponer condiciones. Así, César Camacho ha mostrado que no es el operador político que habrá de llevar sin tropiezos los trabajos de la nueva Legislatura.
Y el caso que pinta todo el problema es el relacionado con el presupuesto cero para el próximo año.
No se requiere de mucho para entender que el citado presupuesto para el 2016 es la apuesta político económica más importante del gobierno, especialmente tras los tropiezos enfrentados a lo largo del presente año.
Ante ello, parece por decir lo menos, irresponsable el comportamiento de la bancada priista en San Lázaro al desperdiciar lastimosamente un mes de trabajo y todo por una batalla de intereses políticos en torno al control de las comisiones de trabajo.
Es por lo bajo, inusual que el Secretario de Hacienda se presente ante los diputados hasta el mes de octubre, sin importar que ello suceda en las primeras horas del mes. La tradición dice que en septiembre se realiza la comparecencia y que de manera inmediata, se inician los trabajos de las comisiones encargadas del dictamen respectivo.
Llevar a los límites legales últimos la conformación de las comisiones es la demostración de que los priistas pueden sumar los números para ganar una votación, lo cual no significa que tengan la capacidad para alcanzar consensos reales. Y menos convencer a las oposiciones sobre las bondades de tal o cual proyecto.
Hacienda sabe que tiene los votos necesarios para aprobar su presupuesto cero. Pero también sabe que de inicio, el citado presupuesto, ha perdido buena parte de la batalla política. Entiende que las prisas en San Lázaro a que obliga la tardanza en la integración de las comisiones, tendrá un efecto negativo en todo el debate. Y sabe que tener todo listo para mediados de noviembre es una meta que se logrará.
Pero también comprende que llegar a la meta no significa lograr los objetivos. No se trata sólo de alcanzar la votación. Se trata de conseguir el respaldo que nace del convencimiento.
Y ese es un objetivo que Hacienda deberá buscar por otras rutas, y que las bancadas del PRI en el Senado y en San Lázaro sirven para demostrar que el populismo se les da en plenitud, pero que de poco sirven para apuntalar los proyectos oficiales.
Todo mundo sabe ya que votos no son suficientes. Y que el respaldo social no pasa ya por la vía del Congreso.

