Por Norberto DE AQUINO
Algo en el país no funciona de la manera adecuada. El debate se ha centrado en los dichos del gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez y no en la problemática que enfrena. Y el problema no es un estado, sino lo general de la enfermedad.
Guadalajara, el citado Nuevo León y por supuesto, el Distrito Federal. Nuevas administraciones municipales, estatales y delegacionales. Y el inicio de las gestiones arranca con la denuncia del saqueo que se realizó en los gobiernos que acaban de terminar. ¿Y la solución está en debatir un discurso?
A esto tenemos que añadir entre otras muchas cosas, la crisis financiera que existe en Veracruz, la mega deuda en Coahuila y la desmedida ambición en el Senado que crisis aparte, todo lo quiere solucionar a base de “más recursos”. El caos es algo que se ha convertido en “normal”. Pero nadie discute el problema de fondo que no es otro que la incapacidad y la falta de sanciones efectivas ante las torpezas y la corrupción.
La impunidad es total. Se demuestra el daño. Se señala a los responsables, pero nadie paga por las culpas. Todo pasa a cargo de los ciudadanos que de una u otra manera, tendrán que afrontar las consecuencias por las acciones de las autoridades en todos sus niveles.
En el caso de Guadalajara, por ejemplo, el alcalde que recibe pone en claro el desbarajuste financiero que existe en la capital de Jalisco. Y no pasa nada. En Nuevo León, hay una deuda en realidad impresionante y las justificaciones no se encuentran por ningún lado. Y el punto es desacreditar a recién llegado por el hecho de ser independiente. De la crisis del gobierno estatal, nadie dice nada.
En el caso del Distrito Federal, las cosas llegan a niveles simplemente grotescos. El perredismo, con el respaldo de Miguel Angel Mancera, postuló a los cargos de elección popular en la ciudad de México, a los abanderados de las tribus afines al gobierno de la capital. La apuesta fue la de arrollar de nueva cuenta a las oposiciones. Nadie reparó en los riesgos de una derrota.
Al momento de la verdad, con los números en la mano, el gobierno capitalino y el perredismo entendieron por fin, el tamaño de su catástrofe. Pero a pesar de ello, se negaron a tomar acciones para prevenir la crisis de fondo.
No hicieron nada y ahora pagan las consecuencias. Las autoridades que terminaron su labor hace unos días y no se vieron respaldadas por el triunfo del PRD, han sido exhibidas por corrupción. Una desmedida corrupción.
Esto atrapa al gobierno del señor Mancera. La idea de que no se “sabía nada” es simplemente absurda. El grupo en el poder brindó todo tipo de respaldo a los derrotados. Y a los delegados salientes. Ahora no puede evadir su responsabilidad.
Como en los otros casos, el gobierno de Mancera no puede alegar desconocimiento. Las quejas sobre la corrupción en todos los niveles en las Delegaciones, fueron constantes. Y nunca nadie hizo nada.
Ahora, en Nuevo León se quiere resolver la crisis con ataques al gobernador recién llegado. En Guadalajara con el silencio de las autoridades y en el Distrito Federal con evasivas promesas sobre investigaciones que todos sabemos, nunca llegarán a nada.
El problema sin embargo está a la vista. Las malas administraciones son el mal general. Corrupción, incapacidades y por supuesto, impunidad, son el complemento. Y el resultado es el de la descomposición en todos los renglones de la sociedad.
Los resultados no aparecen por ningún lado. Las promesas quedan en el olvido, Las disculpas para los fracasos recaen en las condiciones externas. Pero la realidad es la que acaba con la esperanza y la confianza en los gobierno.
Y lo peor de todo es que esto no parece tener final. Y valdría la pena para ejemplificar el reto de mejor manera, entender que el problema de las malas administraciones y las deudas es total.
Si se mira con atención el tema de la deuda externa del país, se verá que llegó ya a poco más de 160 mil millones de dólares, en tanto que las reservas bajaron ya a unos 180 mil millones de dólares. Esto es, casi a la par. Y ello, como se vea no son buenas noticias. El tema de las malas administraciones es algo generalizado. Con todo lo que ello representa.

