norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

El gobierno de Miguel Angel Mancera en el Distrito Federal tendrá que sumar un nuevo fracaso no reconocido en el Metro. Promesas van y promesas vienen, y el caos en el subterráneo de la capital de la República se mantiene intacto. Y ahora, con el reconocimiento de que los últimos años nada se avanzó, se lanzan nuevas promesas que sólo tienden a ocultar negociaciones políticas para ver, si ahora sí, es posible tener algún éxito.

Jorge Gaviño, director del metro desde julio pasado, anunció una estrategia de “cirugía mayor” para las líneas 1, 2 y 3 del subterráneo que contempla, entre otras medidas, la reparación de todos los trenes, la renivelación de las vías y la modernización de los túneles. Medidas que, por supuesto se requieren, pero que ni con mucho, se corresponden con las promesas anteriores.

Al señor Gaviño, y a su jefe el señor Mancera, se les olvida todo lo que se dio el diciembre del 2013, cuando el gobierno capitalino manipuló las encuestas para elevar el precio del metro en un 66%, con “el apoyo de los ciudadanos”.

En ese entonces, se prometieron cosas como el fin de los “vagoneros”. No en abonos y no sólo algunos. De todos. Y nada se cumplió. Hoy, el señor Gaviño se comprometió a sacar a los “bocineros”. Y lo más que ha logrado es reducir algo su presencia.

El señor Gaviño habla de reparar “todos los trenes” en las líneas sobre las que se trabajará y que se die, son las que mayor número de usuarios registra. Pero se olvida la promesa de comprar trenes nuevos con aire acondicionado, con licitaciones que se realizarían en el 2014. La incorporación de los trenes nuevos se daría después de 18 meses y a uno por mese, hasta el final de la administración mancerista.

La remodelación se realizaría con la asesoría del Metro de París. Y el servicio en México sería algo maravilloso, sin saturaciones ni retrasos. Todo gracias al aumento.

A punto de cumplirse los dos años de tantas promesas, todo lo que las autoridades capitalinas tienen para los capitalinos son más promesas. Pero como siempre, con un complemente que no se quiere dar a conocer, pero que no es difícil entender.

Joel Ortega, el anterior director del Metro, se enfrentó al sindicato. La disputa por contratos de alimentos, servicios médicos y mantenimiento, entre otros, llevó la relación trabajadores gobierno a un nivel de fricción constante.

Cualquiera puede recordar cómo, en los trenes de todas las líneas, se colocaron carteles en los que se denunciaba a la autoridad por no pagar los contratos médicos que son con particulares. O como se quería entregar el servicio de mantenimiento de trenes e instalaciones, a empresas ajenas al metro. Esto es, o empresas internacionales o empresas no ligadas al sindicato.

El choque se convirtió en cuestión de tiempo. Se evidenció la falta de servicio. La ausencia de equipo y cuando se registraron fallas como la del conductor ebrio, el sindicato simplemente dobló las apuestas

Ortega nunca fue un buen director. Y por ello, la ambición de Miguel Angel Mancera por alcanzar una candidatura presidencial no encontró mayor problema para correrlo del cargo.

Ahora, si se observa con cuidado lo anunciado por Gaviño, lo que se tiene en mano no es una “cirugía mayor” en algunas líneas del metro, sino la negociación con el sindicato para la realización de obras y por supuesto, de negocios.

Reparación de trenes es, simplemente, entregar al sindicato el trabajo que han reclamad desde hace tiempo. Renivelación de vías es más de lo mismo. Y la modernización de los túneles, es cualquier cosa que se quiera entender por ello.

El señor Gaviño lo que hace en realidad es dejar de lado todas las promesas que el gobierno de Mancera realizó para justificar el aumento en el metro y presentar un acuerdo con el sindicato, que beneficia fundamentalmente al sindicato, como un logro para los usuarios.

Las promesas se presentan cuando el gobierno quiere algo. Cuando lo consigue, lo que se entrega a los ciudadanos son más promesas, con la esperanza de ganar tiempo.

Y eso es lo que hacen Gaviño y Mancera. Promesas que se presentan, para que se olviden las promesas anteriores. Y para que las ambiciones presidenciales puedan mantenerse vigentes. Aun cuando ello signifique dejar de lado todo lo que es rendición de cuentas o transparencia.