Por Norberto DE AQUINO
Encabezados por Carolina Monroy del Mazo, prima de Enrique Peña Nieto y secretaria general del PRI, la bancada del PRI en San Lázaro se ha lanzado a la gran cruzada para controlar la venta de alcohol. Con ello pusieron a la vista que es necesario un código de ética para los legisladores y que la agenda nacional no es algo que realmente les preocupe. Después de todo, el priismo “tiene los votos” para imponer lo que sea, en el momento que sea.
La actual Legislatura, que arrancó sus funciones en septiembre pasado, ha mostrado especialmente, su incapacidad para el trabajo. Con la apuesta política más importante del sexenio en la mano, como es el presupuesto cero, los diputados del PRI quieren discutir si debe existir o no, veta de alcohol en San Lazaro. Y se lanzaron a crear un comité que se encargue de redactar un código de ética. Y las preguntas caen en cascada.
Si la señora Monroy sabe de diputados que llegan a trabajar de “manera irresponsable” no es con un reglamento como debe resolverse el asunto. Las vías para controlar esa situación existen. Y bastaría con aplicarlas.
Se podría, por ejemplo, dar a conocer los nombres de los legisladores que abusan del alcohol, para que la sociedad entendiera cómo se utiliza el respaldo dado a tal o cual legislador y a tal o cual partido.
Dice la señora Monroy que los legisladores “deben actuar responsablemente, dueños absolutos de su capacidad racional y emocional”. Y ello significa que sabe de diputados que en este mes y medio que tiene de existir la nueva Legislatura, ella ha tenido conocimiento de legisladores que se han presentado a cumplir con sus responsabilidades, en estado inconveniente. Y a querer o no, ello hace cómplice a la diputada Monroy.
Pero esa es la parte simple de la postura priista. El tema es mucho más complicado.
En poco menos de un mes, la Cámara de Diputados debe tener listo el paquete financiero. Esto es, para mediados de noviembre debe estar aprobado el famoso presupuesto cero. Ese al que la propia Secretaría de Hacienda acepta que habrá que realizarle algunos cambios ya que la realidad ha sufrido movimientos que obligan a los ajustes.
Y ante ello, los diputados del grupo parlamentario más importante, lo que quieren es debatir si los diputados pueden o no, consumir alcohol.
Es muy posible que la señora Monroy crea que su cercanía y parentesco con el presidente de la República le permitan libertades políticos destinadas a querer crear una imagen política que le permita aspirar a ser candidata del PRI al gobierno del Estado de México. Pero ni cercanía ni parentesco le autorizan a faltarles al respeto a los ciudadanos.
En estos momentos, los mexicanos sufren por los problemas financieros, por la inseguridad y la violencia y hay grandes temas que esperan que el Congreso los atienda, como para aceptar que si un diputado consume o no alcohol, es realmente de trascendencia nacional.
Ala diputada Monroy alguien tendría que explicarle entre otras muchas cosas, que la tribuna de la Cámara de Diputados no es una plataforma para lucimientos personales ni para el cumplimiento de afanes políticos particulares. Los temas a tratar tendrían que ser otros.
Pero esto nos lleva a otra compleja situación
¿En dónde está la conducción política de la Cámara de Diputados? El señor César Camacho ¿es incapaz de entender la seriedad del momento que vive el país? ¿No le importa? ¿La prima del presidente no le hace caso? ¿Tiene miedo de controlarla? ¿La quiere impulsar como posible candidata en el Estado de México? ¿Y la agenda nacional qué papel juega en el orden las prioridades priistas en San Lázaro?
Del mismo modo, siendo Secretaria General del PRI ¿cómo empatar la postura de la señora Monroy en la tribuna de la Cámara de Diputados, con los pronunciamientos de su partido en favor de los cambios y la construcción del futuro para el país?
Nadie duda de la necesidad de que los legisladores realicen sus labores de “manera responsable y dueños absolutos de sus capacidades racionales y emocionales”. Pero del mismo modo, nadie duda de que eso implica no sólo el consumo de alcohol. También y quizá de manera más importante, tendría que abarcar el abuso de las ambiciones político personales.
Y en ese punto, haría falta algo más que un código de ética. Algo que para los priistas parce estar fuera de alcance.

