GarfiasFrancisco Garfias

El proyecto de Convenio Bilateral de Servicios Aéreos con Estados Unidos trae más que preocupados a pilotos, sobrecargos y controladores aéreos.

Saben que son el eslabón más débil de la industria. No quieren ni oír hablar de la famosa “política de cielos abiertos” —que los gringos buscan afanosamente con México, pero que rechazan con las subsidiadas líneas aéreas árabes—.

Desconfían de los reiterados mensajes oficiales de que no habrá “cielos abiertos” con los vecinos del norte, ni cabotaje —vuelos de líneas extranjeras entre dos puntos del territorio nacional—.

Ya formaron, incluso, un Frente por la Defensa de la Aviación Nacional para enfrentar la eventualidad de que el citado convenio, que aún no se ratifica, sea el estoconazo final para las aerolíneas mexicanas.

Los persigue el fantasma de Mexicana de Aviación. Los asusta la idea de que el grande se coma al chiquito. Los aterra la posibilidad de quedarse sin empleo; de que en este país se repita el esquema de Aeroperú, que ya no es de los peruanos, o de Aerolíneas Argentinas.

Están convencidos de lo que el cotidiano británico Financial Times llamó “Los Cielos no tan amigables de Estados Unidos”. Ellos quieren “Cielos parejos.”

El capitán Mario Alberto González Aguilera, secretario general de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México, fue uno de los cuatro integrantes del frente que pudo observar el cónclave de Mascott con los senadores.

A otros seis no los dejaron entrar, según Claudia Quijas, comisionada política de ASSA de México, quien se quejó de que ni sillas les dieron, a pesar de que en el Senado sabían que iban.

  • Al capitán González le brincó un dato que dio la subsecretaria a los senadores: de los siete mil aviones que integran la flota aérea comercial de Estados Unidos, sólo 4% vuelan a México.

“Si con 4% acaparan 75% de los cruces fronterizos, imagínate cómo quedamos si le suben 1%”, recalcó.

El líder del sindicato de pilotos nos dijo también que el convenio no impide a las aerolíneas de Estados Unidos una política agresiva de precios.

“Una de las grandes puede poner en 50 dólares el boleto México-Nueva York, sacar a las otras del mercado y luego imponer tarifas más altas”, ilustró.

Ángel Iturbe, secretario general del Sindicato Nacional de Controladores del Tránsito Aéreo, se molestó cuando Mascott Pérez dijo que la desaparición de Mexicana había impulsado la industria aérea nacional.

“Eso es un insulto. ¿Y los trabajadores que se quedaron sin empleo, qué?”, preguntó.

  • En la SCT, por el contrario, celebran el proyecto. La subsecretaria de Transporte de la SCT, Yuriria Mascott Pérez, dice que se inscribe en la visión aeronáutica del gobierno federal.

Esta “visión aeronáutica” consta de cinco ejes:

Máxima seguridad en la prestación del servicio, impulso, conectividad regional, ampliación de la participación de la aviación mexicana en otros mercados, y crecimiento de la industria y de la inversión.

  • El PVEM es sinónimo de incongruencia. En repetidas ocasiones ha ido contra los principios o causas de los ecologistas. Van tres ejemplos:

Se opuso, junto con el PRI, a eliminar el IVA a los alimentos para mascotas, con el argumento de es un lujo que sólo la clase acomodada se puede dar.

Se ha transformado en promotor de la industria automotriz.

Busca jalar votantes con la promesa de instaurar la pena de muerte.

¿Votar por ellos? ¡No gracias!

  • Los aspirantes a la gubernatura de Oaxaca empiezan a dar color. Una encuesta realizada por Covarrubias y Asociados refleja que quieren un cambio.

Gabino Cué, quien llegó al Palacio de Gobierno como candidato de la coalición PAN-PRD-Convergencia-PT, no parece haberlos convencido.

La encuesta, levantada en septiembre pasado, trae un capítulo denominado “Evaluación de aspirantes”.

Covarrubias le hace dos preguntas a los oaxaqueños encuestados: ¿Quién le gustaría que fuera el próximo gobernador? ¿Cuál es el que menos le gustaría?

Eviel Pérez Magaña, del PRI, encabeza con 15% las preferencias, pero también es el que más negativos tiene: 16 por ciento. Tiene un diferencial negativo: -1.

Samuel Gurrión Matías, del PRI, tiene el mejor balance; 14% declaran que es el que les gustaría y 5% no votaría por él. Diferencial positivo: +9.

El perredista Benjamín Robles trae 10 positivos y 6 negativos. Diferencial positivo: +4.

Le siguen Javier Villacaña, del PRI, 6 y 5; con un diferencial de +1.

Eufrosina Cruz, exdiputada federal del PAN, 6 y 6. Diferencial cero.

El expriista José Antonio Estefan Garfias, candidato de Gabino, 3 y 3. Diferencial cero.

Héctor Pablo Ramírez Puga, director de Liconsa, 4 y 6. Diferencial -2.

Alejandro Murat, director del Infonavit, 9 y 14. Diferencial -5.