norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

Tal y como se esperaba, el encuentro en Washington no fue nada favorable al gobierno mexicano. El resultado en el debate con la CIDH arrojó una retirada de las autoridades mexicanas, con un discurso que intenta ser de triunfo. Pero la realidad es que, se acepte o no, la administración de Enrique Peña Nieto quedó atrapada en el peor de los mundos posibles: cede, pero no logra detener la presión.

Ya se sabía que la presentación ante la CIDH tenía al gobierno peñista en calidad de culpable. Quedaba pendiente la sentencia. Y por esa puerta se intentó una salida digna.

El Informe de los expertos de la Comisión Interamericana no tenía un lado favorable a las autoridades. En Iguala las cosas habían resultado malas, y la actuación oficial había sido peor.

Así, con un Roberto Campa que intentó, con una eterna sonrisa que quería ocultar sus temores y su fracaso, mostrarse amable y conciliador, lo que se obtuvo fue una gran derrota. Tal vez imposible de detener.

Si las autoridades habían hecho una investigación que defendieron con todos los recursos a su alcance, ahora habrá un nuevo campo de acción. Y será en el terreno de os derechos humanos. El fracaso total, ya que con ello se acepta, sin decirlo, que autoridades participaron en los hechos que culminaron con la desaparición de los normalistas. Después de todo, sólo la autoridad puede violar derechos humanos.

En plena retirada, vencidos, pero siempre con la sonrisa de Roberto Campa como bandera, el equipo mexicano se aferró sólo a la defensa del ejército. Nada de permitir que los expertos hablen con los soldados pertenecientes al batallón de Iguala.

Y con ello, dieron más fuerza al fracaso. Cerrados en la idea del “no”, demostraron no respeto a la ley, sino miedo al resultado de esa entrevista. Querían proteger a las fuerzas armadas y todo lo que lograron fue poner en evidencia al Ejército. A partir de ahora, la simple duda de las razones para la negativa, convierte a los soldados en responsables.

El debate ahora tiene como segundos niveles el basurero de Cocula y la cremación de los estudiantes. Deja en segundo plano la lucha del narcotráfico y la colusión de los delincuentes con las autoridades. Impide ver con seriedad las razones del viaje de los estudiantes y la forma en que ese viaje de instrumentó. El quinto camión y todo lo demás, pasa a segundo término. Roberto Campa y el equipo que viajó a Washington logró centrar toda la discusión en el ejército.

A partir del encuentro con la CIDH, el debate se centrará en el papel del ejército. Y toda la presión será en ese punto. Y como el comandante en jefe de las fuerzas armadas es el presidente de la República, el que tendrá que cargar con todo el peso de la presión y el desprestigio que vendrá aparejado, será Enrique Peña Nieto.

Resulta preocupante ver como el gobierno ha fracasado una y otra vez en su intento por detener la caída internacional, lo mismo en derechos humanos, que en desapariciones forzadas y en tortura. Y si se observa con cuidado el tema, se verá que el Departamento de Estado estadounidense encabezó un movimiento para no dar a México el aval en Derechos Humanos.

Y si bien es cierto el tiempo ha sido poco para remediar muchas cosas, es claro que el arribo de un nuevo Embajador a Washington y la llegada de una nueva titular a Relaciones Exteriores de bien poco han servido. El fracaso es total.

Y el rechazo del gobierno de Estados Unidos se registró unas horas antes del juicio a México, lo que no puede interpretarse sino como el aval estadounidense a las críticas que nos esperaban.

Ahora, sin puntos en la alforja, con cesiones y concesiones en todos os frentes, con una sonrisa de Roberto Campa que no puede ocultar el tamaño de la derrota y con los nuevos peritajes a la vista, con las consecuencias fáciles de adivinar, el gobierno tendrá que soportar las críticas y presiones sobre el ejército.

Y si decide mantenerse en la misma posición a pesar de todo, nadie podrá controlar las especulaciones. Y se hablará de la responsabilidad del ejército en los sucesos de Iguala. Y se elevarán las dudas sobre Tanhuato, Tlatlaya y demás. Y la pérdida de credibilidad y prestigio será total.

Si por el contrario, el gobierno decide ceder a la presión internacional, tendrá que controlar el malestar de los militares y hacer frente a una serie de posibilidades a tal cual más riesgosa. Y ello sin contar con la de que el titular de SEDENA se siente abandonado, especialmente después de que en todos los tonos y evidentemente con el apoyo de Los Pinos, salió a escena a rechazar categóricamente la idea el encentro de los soldados de Iguala con la CIDH.

Washington resultó en una dura derrota. Y por ello habría que preguntar ¿de qué se reía Roberto Campa?