Justo cuando el país respiraba aliviado porque “Patricia” se había quedado tan sólo en una amenaza, apareció el huracán político desde el centro del poder mismo para demostrarnos que después de todo, son las amenazas humanas las que producen más daño.
El gigantesco huracán “Patricia” había colocado al país contra la pared. Los posibles daños fueron vistos como toda una tragedia si se convertían en realidad. El respiro de alivio en todo el país, cuando milagrosamente el fenómeno meteorológico se convirtió en una depresión tropical, fue total.
Pero justo en ese momento de alivio, el propio presidente Enrique Peña Nieto provocó que todas las luces de alerta se encendieran cuando se lanzó a provocar en Colima, una penosa exhibición de falta de talento y oportunidad política.
El primer mandatario recorría parte de las zonas que sufrieron daño por el arribo de “Patricia”. Y en uno de esos poblados apareció José Lis Preciado, panista, senador con licencia y candidato al gobierno de la entidad en las elecciones que se anularon el pasado jueves.
Al enterarse de la presencia del legislador y seguramente otra vez candidato panista en las próximas elecciones extraordinarias, el primer mandatario le soltó un “bienvenido José Luis, ¿vienes a ayudar en la reconstrucción, o a hacer política”.
El panista apenas pudo responder con un triste “acompaño al presidente municipal de Tecomán”, a lo cual el presidente remarcó un “que bueno, porque yo voy a trabajar por la reconstrucción. Pero de hacer política, nada”.
Pero la verdad es que el titular del Ejecutivo Federal había ya realizado uno de los más pobres eventos políticos de su gestión. Se acepte o no, desde el centro del poder mismo de la nación, el primer mandatario había buscado golpear a un rival político. Y eso es política, de la mala, pero política al fin. Se reconozca o no.
Al presidente. Como a muchos más, puede gustar o no que un político de un partido diferente, haga lo que considere adecuado a su posición. Y José Luis Preciado, con todo lo que pueda tener de negativo, es un legislador con licencia. Y participó con fuerza, en el proceso electoral recién anulado.
Es claro, que Preciado se colocó en la línea desde la cual podría ser visto. Y con ello, quizá alcanzar algunos beneficios políticos. Pero también es obvio que en su accionar no hay ilegalidades. Tal vez falta de rubor. Pero nada más.
Así las cosas, el que el presidente de la Republica haya intentado exhibir al panista, desde el poder y desde una posición en la que, se quiera o no, hace política cada vez que habla o actúa, resulta del mismo modo, una acción no ilegal, pero sí de política de la más pobre.
El presidente forma parte del mismo partido que llevó al poder al gobernador saliente, Mario Anguiano. Y las elecciones locales se anularon por haberse comprobado la participación de funcionarios estatales, por órdenes del gobernador, en los comicios para apoyar al candidato del PRI, Ignacio Peralta.
De esta manera, ¿qué resulta peor? ¿Atacar a un rial político desde el poder, o desde el poder no haber controlado las ilegalidades del señor Anguiano?
Por supuesto, se puede alegar que no corresponde al Ejecutivo vigilar este tipo de actividades. Pero todos sabemos la forma en que estos procesos se desarrollan, por lo que las disculpas legales no pueden aplicarse en el terreno político. Al menos no de manera tan simple.
El presidente quiere que sus rivales políticos no hagan política. Quiere impedir que los daños sufridos por los fenómenos naturales sean parte del debate político electoral.
Pero para cumplir sus deseos, hace política de bajo nivel. Utiliza el poder que tiene para ello. Y además, quiere negar la realidad de sus acciones
Con su actuación, el presidente de la República podrían haber iniciado un nuevo huracán político, justo en el momento en el que el país pensaba que se había esquivado un peligroso huracán, sin entender que los fenómenos políticos son los que, de muchas maneras, nos han puesto en la situación en la que nos encontramos.


