norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

Sumido en la desesperación política, el gobierno de Miguel Angel Mancera ha iniciado una ofensiva mediática que no tiene más objetivo que sacar del “aire” el tema de la violencia en el Distrito Federal. Y para ello, todo el gobierno capitalino se ha lanzado a enviar mensajes d todo tipo, sin importar que algunos de ellos sean repeticiones de anuncios ya conocidos.

Declaraciones sobre la rehabilitación de alguna línea en el Meto, o la reapertura parcial en la L-12. Comentarios acerca de programas del gobierno, como “Médico en casa”, o señales sobre lo que será la carrera del domingo de la F-1 y el “refuerzo de la seguridad” n las zonas fronterizas con el Estado de México son el pilar sobre el que la estrategia mancerista descansa con la ambición de que todo logre hacer desaparición del ánimo capitalino la seguridad de que la capital del país es escenario ya, no sólo de la actividad de los cárteles de la droga, sino de una naciente lucha entre ellos.

La angustia del señor Mancera es más que evidente. Y claro está, comprensible. La realidad no pudo ser detenida a base de discursos. Y ahora debe encontrar la salida a la emergencia política que nace de la incapacidad para controlar la violencia.

No hace mucho, la prensa estadounidense habló del aumento de la violencia que “sacude” a la ciudad de México y del “temor” de que las “brutales” bandas del narcotráfico “hayan acaparado el Distrito Federal”.

Al mismo tiempo, la DEA afirmó que en la capital del país “trabajaban” por lo menos, cinco cárteles y el Congreso estadounidense se refirió al tema con señales de preocupación por el aumento en la violencia y el crecimiento de delitos en buena medida ligados al tráfico de drogas.

En lo local, grupos de todo tipo han señalado que el gobierno de Miguel Angel Mancera ha querido eludir el problema y se niega a reconocer lo que sucede.

Procentrhico ha manifestado que en el Centro Histórico, la extorsión, el secuestro y el asesinato ha puesto en peligro toda la estructura de comercio, sin que las autoridades hagan nada realmente, para responder a la emergencia.

Y para colmo, han señalado que el problema en su parte más seria, arrancó hace ocho años. Y en este dato se encuentra mucho de la problemática política que el señor Mancera intenta resolver a base de distractores.

Hablar del Metro y las rehabilitaciones, es repetir un mensaje que, de viejo, ya es inútil Y si se recuerdan las promesas incumplidas, se convierte más que en una solución, en un elemento más para ls críticas al gobierno capitalino.

Pero el fondo del problema aparece en el momento en el que se recuerda que Mancera no puede hablar del pasado para enfrentar la crisis. No puede lanzar culpas hacia atrás por la simple y sencilla razón de que él fue el procurador de justicia del Distrito Federal en la pasada administración. Esto es, el delito le creció a su procuraduría. Y desde el cargo, fue responsable de lo que hoy sucede.

Mancera no puede reconocer la presencia de los cárteles de la droga en la capital del país debido a que tendría que explicar qué fue lo que no hizo desde la PGJDF. Esto es, reconocer la existencia de los cárteles en la ciudad de México sería tanto como aceptar que es incompetente. Y su ambición política no lo permite.

Por ello, habla de hechos aislados cuando aparecen las extorsiones. O los ejecutados. O los colgados en los puentes. O los multihomicidios. O el aumento en los secuestros.

Como ya nadie acepta que la delincuencia organizada no existe en la ciudad de México y su discurso se ha quedado sin sustento, el equipo del señor Mancera se ha lanzado a la conquista de los espacios mediáticos con “mucha” información. Se colocan policías en las zonas en las que ya sucedieron los crímenes. Pero se habla del “refuerzo” en l seguridad.

Se retoma en tema del Metro y se olvida todo lo que se ha prometido desde que se elevó el precio del pasaje. Se espera que la F-1 ayude a aliviar la tensión. Y se habla de transporte especial para los fanáticos, para demostrar que el gobierno se preocupa por sus gobernados.

Pero es evidente que la realidad alcanzó ya al gobierno del Distrito Federal. La ciudadanía sabe que la delincuencia organizada o no, avanza de manera firme. Sabe que Mancera fracasó como procurador y que como jefe del gobierno no ha podido hacer frente al problema.

Los capitalinos saben que el gobierno de Mancera ha sido rebasado. Y todo lo que les queda es aceptar que esta es la ciudad de la esperanza. La esperanza de que no los asalten, no los roben, no los secuestren, no…..