El ridículo de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados es absoluto. El golpe político es mayor si se toma en cuenta que fue el Senado de la República el encargado de poner en evidencia a los legisladores con sede en San Lázaro. Y no se requiere de mucho para entender que detrás de los senadores está la mano del gobierno que entendió la magnitud del error de los diputados.
Todo se origina con el cambio en el impuesto a los refrescos que respaldaron los diputados y que todo mundo interpretó como una derrota ante la industria refresquera.
Al momento en el que las protestas se convirtieron en un problema político, los priistas buscaron una salida de emergencia. Y la que encontraron los condujo a un escenario aún peor. Incapaces de asumir la responsabilidad de su irresponsabilidad, los legisladores del PRI quisieron lanzar las culpas sobre el PAN. Y lo que lograron fue quedar en ridículo.
En los casi dos meses que tiene de funciones la nueva Legislatura, el grupo parlamentario del PRI, que es la bancada más grande, no ha demostrado capacidad para otra cosa que no sea la de no hacer nada.
Bastaría con recordar como se perdieron los primeros 40 días del período ordinario de sesiones en el pleito de intereses que significó la integración de las comisiones de trabajo. O como, Carolina Monroy, prima del presidente de la República y una de las legisladoras integrantes del grupo de poder en San Lázaro, quiso ganar, y lo logró, notoriedad con un proyecto para impedir que en San Lázaro se vendan bebidas alcohólicas en los restaurantes.
Así, cuando llegó el momento de iniciar los debates sobre todo lo que es el proyecto de presupuesto- ingresos y egresos- para el año próximo, lo que se encontraron fue con la presión del tiempo, ya que por ley, el paquete tiene que estar listo en la primera mitad del próximo mes de noviembre.
Y a las presiones del tiempo, los legisladores sumaron la presencia de los cabilderos de las refresqueras que, seguramente, les presentaron todos los beneficios de un ajuste a la baja en el impuesto a as bebidas azucaradas.
Y los diputados del PRI, el Verde y el PAN entendieron esos beneficios. Y los aceptaron. Y pensaron que nadie notaría nada.
Pero las cosas salieron mal. Todo mundo vio lo que se había hecho. Y todo mundo cuestionó a los nuevos legisladores.
Entonces, llegó el ridículo total. Las huestes comandadas por César Camacho saltaron para evadir su irresponsabilidad. Y culparon a los panistas. Los acusaron de haber negociado con la industria del refresco y de haber presionado con un voto en contra del proyecto total si no se les daba el cambio.
Sin embargo, el priismo olvida que en este caso, basta con los votos del PRI y del Verde para sacar adelante el proyecto. Esto es, se requiere de una mayoría simple. Y esa está en manos del PRI.
Es más, César Camacho se cansó de gritar que existía una mayoría suficiente como para respaldar los proyectos del gobierno.
Así, ahora nos quieren hacer creer que el PAN es el malo.
Nadie niega la vocación panista para presionar, chantajear si se quiere, al gobierno en los momentos en que el respaldo de Acción Nacional es políticamente útil para el gobierno.
No obstante, ese no es el caso. Los priistas se lanzaron con gusto a respaldar el voto en favor de las refresqueras. Y fueron puestos en ridículo por un Senado que en los pasados tres años ha dado sobradas muestras de incapacidad y falta de liderazgo. Es fácil imaginar la magnitud del fracaso político de los diputados que encabeza César Camacho.
Y es más fácil aún entender que la agenda política del PRI en la Cámara de Diputados simplemente no existe, salvo ocurrencias de momento como las de la diputada Monroy.
Lo que sí existe es la misma línea que César Camacho aplicó como dirigente del PRI: obediencia total ante el poder. El problema ya se vio, es que cuando esa línea no se aplica o se entiende mal, lo que resulta es el ridículo absoluto.
Y entonces, desde el Senado, en donde la gran habilidad consiste en siempre obedecer las órdenes y siempre preguntar qué es lo que se quiere, llega la rectificación. Y la confirmación de que en este Legislatura, el Congreso no pasará de ser una fiesta de torpezas, ridículos y golpes a los ciudadanos.


