De nueva cuenta, los expertos, la Secretaría de Hacienda y el Banco de México han lanzado el aviso. El crecimiento del país para este año quedará por debajo de las expectativas. Los pronósticos que se hicieron en la parte final del año pasado, simplemente quedaron el olvido.
Y a estas alturas, de poco sirve recordar todo lo que se dijo que tendríamos este año. Es más, los avisos del pobre crecimiento llegaron ya al 2017. Y de acuerdo con ellos, y con mucha suerte, podríamos llegar en esas fechas, a un 4%. Si es que tenemos suerte.
El sector financiero oficial y el no oficial, hablan del entorno internacional. De las posibilidades de que Estados Unidos mejore su ritmo financiero. O de que todo es culpa del entorno externo. Pero nadie se quiere acordar de lo que se remarcó en la campaña por el poder o al inicio de la administración. Lo importante ahora no es explicar, es marcar una ruta de escape al fracaso.
Pero la realidad aparece otra vez. Y como siempre, coloca al gobierno ante sus propias palabras.
Ya se ha dicho y repetido en diversas ocasiones. El gobierno quiere olvidar sus compromisos. Pero la sociedad quiere que se explique cómo es que nada se cumplió.
NO es difícil recordar al priismo atacando a los gobiernos del PAN por su fracaso en o que al crecimiento se refiere. Y no es algo complicado tampoco el traer al presente aquellos señalamientos sobre lo que sucedería en el país al momento que llegara al poder el grupo del “nosotros sí sabemos como hacerlo”
Tendríamos se prometió, un crecimiento de acuerdo al potencial del país. Se desarrollarían todos los motores de a economía. Tendríamos crecimiento, empleo y pasaríamos a formar parte del grupo de las potencias intermedias sin que nada lo impidiera.
Y en ese momento, según la CEPAL, Latinoamérica ya enfrentaba problemas serios en el sector económico. Así, se prometió a sabiendas de que no se podría cumplir, o se prometió sin conocer la realidad. Y en ambos casos, hay mucho que explicar.
Ahora, Banco de México, los expertos y la propia Secretaría de Hacienda anuncian una nueva baja en la tasa de crecimiento esperado para este año. Y ello, en buen romance, significa que el promedio será muy parecido al logrado por los gobiernos del PAN. El mismo que los priistas calificaron una y otra vez, como mediocre. El más mediocre de los últimos 80 años.
Los números en realidad, poco importan. El promedio será cercano al 2%. Totalmente insuficiente para responder a las demandas del país. El empleo y todo lo demás, tendrá que esperar de nueva cuenta, para poder cumplir con la esperanza de los ciudadanos.
Y lo mismo sucederá el año próximo. Y para el 2017, a pesar de que se espera poder llegar al 4%, lo que no es del todo seguro, las cosas serán iguales. Un crecimiento de esa magnitud será mejor al promedio de los últimos años. Pero quedará lejos de lo que el país requiere. Y por supuesto, n siquiera estará cerca de las promesas que se hicieron en campaña o al inicio del sexenio.
Es más, los anuncios para este año y los dos siguientes dejan en el olvido las promesas del gobierno sobre lo que llegaría al momento en el que las reformas estructurales fueran aprobadas por el Congreso.
Se dijo que con la reforma fiscal, el país tendría medio punto más en el PIB, que con la laboral, lograríamos un cuarto de punto extra, y que con la financiera el PIB alcanzaría tres cuartos de punto más para dejar que la reforma energética, la estrella de las reformas en ese momento, nos diera un punto más. Esto es casi 3 puntos extras en el crecimiento del país. Y ello no sucedió.
Ahora, se nos dice que el problema es el entorno externo. O que el precio del petróleo se derrumbó. O que la economía de Estados Unidos no camina. O que Europa provoca problemas. Pero esos temas nunca fueron motivo de preocupación cuando se hicieron las promesas. Y hoy no son más que la disculpa para no explicar qué fue lo que sucedió.
Estamos mejor que muchos nos dicen. Y ello es cierto. Pero también lo es que estamos peor que otros. Y que no somos una potencia intermedia. Y que no tenemos el crecimiento en el empleo que se prometió Y que las promesas se han simplemente abandonado.
El país no crecerá en estos años al ritmo que se necesita. Estaremos dentro de la mediocridad que antes se criticó.
Sólo que ahora esa mediocridad se vende como lo mejor que nos pudo pasra. Después de todo, es cierto que podríamos estar peor. Pero esa posibilidad aún existe.


