Por Norberto DE AQUINO
Poco a poco, pero con seguridad, las grandes promesas del gobierno en el terreno económico se han desvanecido. Y todo lo que queda a los ciudadanos es buscar en el nuevo discurso, la salida a la difícil situación que tendrán que enfrentar el resto de la actual administración.
Es por demás sencillo recordar como, al inicio del sexenio, las promesas y el optimismo se registraban en todos los foros. El país había llegado al punto en el que todo lo que había deseado estaba al alcance de la mano. Todo lo que se requería se encontraba bajo la aprobación de las grandes reformas estructurales que, en ese momento, tenían a la reforma energética como la “joya de la corona”.
El gobierno integrado por quienes “sí saben como hacerlo” marcaba el rumbo. Tenía la atención internacional y los elogios llovían en todos los tonos. Por fin, la República estaba en el rumbo correcto.
Las críticas que se habían lanzado sobre los doce años de gobiernos panistas, se repetían en todos los modos posibles. Se había acabado el crecimiento mediocre y había llegado a su fin el tiempo de la ausencia de resultados.
Así, se anunciaron niveles de crecimiento para el país. Y se habló por primera ocasión, del presupuesto base cero. El control y la disciplina serían los ejes de todo.
Pero a pesar de la unanimidad alcanzada en el terreno político, las promesas se atascaron. Y los resultados no aparecieron. Y entonces, llegó el cambio del discurso.
Las reformas estructurales le darían al país, se dijo, 4 puntos extras en el PIB. Las reformas se aprobaron y nada pasó. La lluvia de inversiones que se anunció simplemente no apareció. Y el deterioro interno se aceleró. Llegaron los escándalos. Se perdió la credibilidad. Y la economía no creció.
Unos a uno, los pronósticos de la Secretaría de Hacienda han perdido la batalla contra la realidad. El crecimiento del país no llega. Y el promedio “mediocre” que se registró con los gobiernos del PAN y que tanto sirvió a los priistas para la crítica, es el que se ha registrado en los primeros años del actual gobierno. La mediocridad se mantuvo. Ahora, con los que “sí sabían como hacerlo”.
Ahora, todos los expertos, lo mismo de Hacienda y el Banco de México, que de las corredurías internacionales y entes privados, dicen que este año tampoco tendremos un crecimiento adecuado. Y por supuesto, las promesas han sido cambiadas por el discurso que dice que todo se debe al entorno externo. Si Estados Unidos no crece, nosotros pagamos el costo.
El problema es que el aviso de la baja en los ritmos de crecimiento ya se extendió. Ya no sólo es este año. También para el año próximo se estima una tasa del PIB apenas por arriba del 2%, lo que nos llevará a sostener la “mediocridad” que tanto se atacó en campaña.
La situación no termina ahí, Para el 2017 las cosas no serán mejores. Habrá, se dice, un aumento que llevará el PIB a un poco más del 3%. Pero aquí ya entrará e problema del promedio. Esto es, el crecimiento total en el sexenio será pobre. Habrá quedado muy por debajo de las necesidades y claro está, lejos de las promesas hechas.
Y para demostrar que los fracasos pesan más de lo que se quiere reconocer, bastaría con ver los desesperados intentos del gobierno por convertir a la Reforma Educativa en el eje de todos los cambios.
El fracaso de la reforma energética que dará resultados, si llegan, sólo en el largo plazo gracias a la caída de los precios del petróleo, obligo al gobierno a cambiar de carril. Y pasó al sector educativo con la esperanza de que la sociedad se sume a la lucha contra la disidencia magisterial, sin decir que la reforma no es, ni con mucho, un verdadero giro en el sector. A lo más, es una batalla por el control político total del magisterio por parte del gobierno, en contra de quienes no aceptan semejante decisión.
De esta manera, a punto de iniciarse la segunda mitad del sexenio, las grandes promesas del sexenio han sido abandonadas. Se cambia el discurso y se evitan las explicaciones, el reconocimiento de los fracasos y se intenta crear nuevas esperanzas.
Pero la verdad es simple: el crecimiento del país este sexenio se mantendrá en el nivel de “mediocridad” que se le criticó a los panistas. Y con reformas o sin ellas, los efectos positivos del cambio no llegaron a los ciudadanos.
Y si a ello se añade el fracaso en el terreno de la seguridad, lo que se tiene a la mano es un muy pobre resultado de una administración que se presentó con la promesa más grande e importante, que fue aquella del “abemos como hacerlo”.

