
Por Norberto DE AQUINO
Como si algo hiciera falta para consolidar el pesimismo en torno al futuro económico, el precio del petróleo alcanzó el nivel más bajo en mucho tiempo y el FMI modificó a la baja, sus pronósticos de crecimiento para este año en México.
El panorama es más complicado de lo que se quiere reconocer. Todos los expertos se muestran más cercanos al nerviosismo que al optimismo. Las señales llegan una tras otra, y todas hablan de los muchos problemas. Y el discurso oficial carece d fuerza y credibilidad para remediar, al menos en algo, l situación.
El FMI señala que México se quedará en niveles del 2% este año. Un poco por arriba, pero siempre por debajo de lo anunciado por el gobierno. Deja ver además, que el año próximo será altamente complejo. Dice que la producción de petróleo se mantendrá como un lastre, que Estados Unidos mantendrá un desempeño bajo, lo que impactará en nuestro país y que a ello habrá que sumar la volatilidad externa.
Las corredurías internacionales y los expertos nacionales han modificado todos, sus pronósticos para este y para el año próximo, a la baja. Todos mantienen el nivel en torno al 2%. Algunos piensan como gran avance, en algo cercano al 2.5%. Pero son los menos. La realidad dice que el año próximo será de mucha tensión económica.
El horizonte se complica cuando se toca el tema de la inflación. Los expertos dicen que es difícil que los niveles que hoy se presumen, pueda sostenerse. Así, un posible impacto inflacionario, por menor que pueda ser, se convierte en un factor extra para el nerviosismo.
En el país, el sector privado ha dejado sentir su molestia por las medidas adoptadas por el gobierno, en concreto en todo lo que se refiere a la reforma fiscal y a la baja de la inversión pública. Alegan que si la inversión oficial es motor en la economía, resulta preocupante su disminución.
Las cosas son aún más difíciles. Hay una evidente caída en el salario en lo que a poder adquisitivo se refiere. Las remesas han disminuido, las tasas de interés han aumentado en la práctica y la confianza del consumidor se encuentra a la baja.
E 2016 amenaza con ser un año muy largo y por demás difícil. Sin crecimiento en el empleo, con salarios bajos y sin poder adquisitivo, es claro que la tensión social crecerá. El gobierno cambió la ruta de los ingresos ante la caída del petróleo. Pero la política fiscal se endureció sólo en contra de alguno, especialmente los cautivos, en tanto a los grandes capitales, por más que se dice lo contrario, reciben aún una larga serie de privilegios.
Ante todo lo anterior, las preguntas son las mismas de siempre: ¿cómo fue que la Secretaría de Hacienda construyó sus proyectos y planteó las metas a lograr?
En ninguno de los tres años de gobierno, el equipo de Hacienda ha logrado alcanzar las metas ofrecidas. Los recortes a los pronósticos se han convertido en la constante.
Se habla de la inestabilidad externa. O de la caída en el ritmo de crecimiento de Estados Unidos. O de la difícil situación en Europa. Pero ¿todo eso apareció de momento? ¿No se sabía nada de ello al momento en el que sobre los escritorios se hacían los planes?
Del mismo modo, al tiempo en que se luchaba por la aprobación de las reformas estructurales, se prometió un aumento en el PIB de casi 4 puntos al momento en el que las reformas fueran aprobadas. Y nada se cumplió ¿Cómo se llegó a esa conclusión? ¿Qué fue lo que pasó que impidió el impacto que se esperaba?
Se dijo que la reforma energética sería el gran detonador. Hoy PEMEX rechaza un loto de pozos a explotar, en un acto que deja ver que o no hay capacidad de todo tipo, o lo que se quiere es entregar todo al capital privado. O ambas cosas.
Al mismo tiempo, la reforma educativa se convirtió, como siempre se dijo, en el brazo armado para retomar el control político sobre los maestros. Y se anuncia apenas para el año próximo, un cambio en el terreno delas normales, lo que implica que los efectos se verán, si llegan, en plazos aún más largos. La reforma educativa a marchas más que lentas.
El año próximo será difícil. Habrá elecciones en 13 entidades para cambiar gobiernos. Y el eje de los debates será la economía. Misma que para todos, dentro y fuera del país, estará muy lejos de poder mejorar.
Y el bolsillo de los mexicanos será el termómetro para muchas cosas. No sólo para las elecciones.

