norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Arrinconado por sus propios errores y torpezas, el gobierno y sus partidos afines se preparan, para al iniciar el próximo año, embarcarse en una nueva reforma política que, como todas las anteriores, tiene un objetivo político particular que nada tiene que ver con la democracia real.

Ante el evidente avance que ha registrado Andrés Manuel López Obrador en las encuestas y con la evidencia de que los fracasos y corrupción en el gobierno actual sólo elevan el respaldo social al tabasqueño, apareció la idea de contenerlo. Prácticamente al costo político que se requiera.

En el gobierno, tanto como en el PRI y el PAN saben que AMLO es el enemigo a vencer. Entienden que una victoria del tabasqueño los conduciría no sólo a la derrota más seria de la historia, sino a la desaparición total.

Así, puestos de acuerdo, han iniciado a ruta para la construcción de los diques necesarios. Y nada mejor que una nueva reforma política. Y sin rubor alguno, colocan a López Obrador como destinatario.

El problema sin embargo no parece requerir de cambios legales. Es más, podría pensarse que ese es el punto menos importante. Salvo que sea el miedo el que provoca todo.

López Obrador es el mismo mesiánico de siempre. Políticamente irresponsable, es capaz de lanzar propuestas sin sustento, sólo con la idea de atraerse la simpatía popular. Es en el menos de los casos, un populista que además, sabe encontrar los caminos que más le convienen para hacer notar los errores del contrario.

Y aquí es cuando el error del PRI, el gobierno y los partidos aliados en el frente contra AMLO hace su aparición. López Obrador crece gracias a las acciones de sus enemigos, más que por su aparición en los promocionales de MORENA.

El panorama es sencillo. Basta con recordar cuántas promesas hizo el gobierno de Enrique Peña y cuántas ha cumplido para tener clara la ruta que el señor López habrá de recorrer en su lucha política que tiene al 2018 como gran objetivo.

No hay empleo. El salario ha perdido poder adquisitivo. Los empleos que se logran son en el campo de los servicios en su mayor parte, lo que implica ingresos limitadas. La presión por la caída del precio del petróleo va en aumento y la violencia se mantiene inalterable.

A ello simplemente hay que sumarle los casos de conflicto de interés por las casas, blanca y de Malinalco, por los contratos bajo sospecha e investigación, las licitaciones que nunca se transparentan, lo mismo que los hechos de Tlatlaya, Iguala y tantos más en los que la violación de los derechos humanos, la desaparición forzada y el abuso de la fuerza son apenas, la punta del iceberg.

Todo lo anterior pone al alcance de AMLO todo un arsenal para cuestionar al gobierno y a sus aliados. Y para evitar esta situación, lo que se quiere es modificar la ley. La solución es detener al tabasqueño, no resolver los problemas.

Esto es, lejos de luchar por la eficacia y por los resultados en el gobierno, lo que se inicia es una lucha política que permita sacar del escenario a un rival.

Lejos de que la sociedad vea a López como el locuaz político que en realidad es, las acciones del gobierno y el PRI lo que logran es que se le vea como víctima. No crecerá la idea de la violación de la ley o el abuso de las libertades. Lo que se verá es el temor a un contendiente. Y más cuando se comprenda que el temor es algo generalizado.

López Obrador no tiene límite alguno. Su irresponsabilidad es absoluta. Su mesianismo es innegable. Pero las reacciones oficiales lo que habrán de lograr es consolidar su posición política.

Se logró llevar el tema del abuso de las posibilidades legales de AMLO al debate político. Y por lo visto, habrá reforma política para controlar su aparición en medios. Pero será una reforma dirigida. Y con ello, López será, otra vez, la víctima.

Y de esa victimización podrían resultar muchas cosas. Y varias de ellas podrían no tener el efecto que se busca. Pero eso pasa cuando se dice en defensa de la política, algo que en realidad es defensa de los intereses de grupo.