Por Norberto DE AQUINO
Presionado por la realidad y con las prisas que detona el agotamiento de los tiempos políticos, el PRI inició una marcha apresurada hacia la toma d posiciones con miras a las elecciones de año próximo. Y al hacerlo, deja abierta la puerta para muchas cosas, algunas de las cuales podrían no resultar como se ha pensado.
El PRI abrió la puerta a las candidaturas externas. Y no es que la figura no existiera o que no se hubiera practicado antes. Lo nuevo es que este es, se acepte o no, el primer paso para la candidatura presidencial del 2018, después de la dura batalla que se libró por el control de la dirigencia priista.
Decidir que puede darse en los hechos, que existan figura por encima de la militancia capaces de contar con arraigo entre los votantes, es simplemente, aceptar que el PRI no ha trabajado con seriedad en todo lo que es la creación de figuras y liderazgos. O que a sabiendas, prefirió mantener su tradición de grupos y cacicazgos.
Pero en este punto, lo importante no es lo que suceda el año próximo. O por lo menos, no de manera directa. Es claro que el PRI da un paso al frente, pero con la mira en la sucesión presidencial. Inicia una ruta con ideas precisas, pero con resultados inciertos.
Tal y como lo hiciera en su momento ante los embates de Ernesto Zedillo, el priismo decidió enfrentar la ida de Enrique Peña de colocar al frente del PRI a un aliado incondicional. Y lograron detener la idea, tal y como hicieron con el expresidente. Sólo para perder, después, la Presidencia de la República.
Ahora, con el pretexto de las candidaturas independientes, el PRI abre sus puertas a externos. Pero lo que pretende es dejar libre la ruta para que en el momento adecuado, desde el poder, y con el apoyo del partido, se imponga una candidatura que no necesariamente tenga que presentar credenciales con arraigo priista.
Si se toma el caso por ejemplo, de Aurelio Nuño, las cosas tendrían sentido. Buscó la presidencia del PRI. Y los priistas dejaron saber que no tiene ni siquiera su registro como militante. Ahora, con el experimento para las elecciones del año próximo, con un solo caso que se aplicara, el cambio quedaría “legalizado” y con presencia. Lo demás sería simple.
Y el mismo caso podría aplicarse a José Antonio Meade. O a cualquiera que no tenga ligas reales con el PRI. La ideología ha pasado a términos más que secundarios.
El otro cambio que podría no dar todos los resultados que se esperan, sería el de la equidad de género. Este paso suena más a demagogia, de la más pobre, que a respeto por las mujeres.
El PRI lejos de exigir en todos los terrenos y en todos los niveles, la igualdad de oportunidades, lo que busca es una equidad de género que bien podría dar paso a un deterioro en los resultados.
Esto es, si llevar más mujeres al poder y al centro de las decisiones es la solución, ¿debido a qué no se entregan todos los cargos a mujeres? ¿Si la problemática es cuestión de género, no sería obligación del PRI anunciar que para la próxima sucesión presidencial postulará una mujer?
Repartir candidaturas entre hombres y mujeres no es más que un juego de imágenes que, se reconozca o no, deja de lado todo lo que es la capacidad. ¿No es posible que existan más mujeres capaces que hombres en las elecciones que se avecinan? ¿Y no es posible que no existan todas las mujeres que se requerirían en este tipo de decisiones para las posiciones en juego?
El PRI tendría que luchar por las condiciones de igualdad en todo terreno para el desarrollo de las mujeres. Pero querer equilibrar por ejemplo, los feminicidios o la discriminación para con las mujeres, con la imagen de “equidad de género” no pasa de ser un juego de gran demagogia. Es una trampa en la que el PRI y todo el sistema ahogarán muchas de sus grandes banderas del momento.
El PRI no quiere igualdad, lo que quiere es engañar a la opinión pública, para no darle a las mujeres las condiciones que realmente requieren para su desarrollo como personas, en todos los campos y niveles. Es de muchas maneras, una medida del más rancio machismo posible.
Pero son tiempos de elecciones. Y hay que conquistar votos. Como sea.

