norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

México ha sido, de nueva cuenta, noticia en todo el mundo. Y como ya es costumbre, lo ha sido por su violencia. Ahora por la desaparición de dos turistas australianos en Sinaloa. Hecho que nos tendría que llevar a evaluar correctamente, qué es lo que tenemos en el terreno de la seguridad y a dónde en realidad, es que queremos llegar.

Todo hace indicar que los jóvenes turistas fueron asesinados y calcinados dentro de la camioneta que les servía de transporte. Y por supuesto, las disculpas ya aparecen en todos lados. Incluso se quiere convertir el problema es un error de los extranjeros por sostener tratos con delincuentes, tal vez para la compra de drogas.

Pero ello en realidad no hace sino poner en claro el problema, que no es otro que la incapacidad para hacer frente a la delincuencia. Ya sea por corrupción, ya sea por carencia de elementos de todo tipo, para la lucha. O la muy probable mezcla de ambos.

Aquí tendríamos que recordar como el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez hablaba no hace mucho, con gran orgullo, de la forma en que su gobierno había logrado bajar los índices de violencia en la entidad. Y que ese alarde se realizó frente al secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong.

Enseguida, estaríamos ante la necesidad de medir todo lo que se ha dicho y hecho en el renglón del combate a la inseguridad. Y los resultados, simples, no son alentadores.

Por ejemplo, tocaríamos el caso Tamaulipas, en donde la violencia parece estar muy lejos de disminuir. Y aparecería aquel gran programa de combate a la delincuencia, encabezado por el Secretario de Gobernación, mediante el cual la entidad fue dividida en cuatro zonas. Cada una de las cuales tendría un responsable. Y se habló de lo maravilloso que sería todo una vez que el programa fuera puesto en marcha.

La realidad fue muy distinta. Uno de los jefes de las nuevas zonas fue asesinado en cuestión de semanas. Y los resultados, discursos aparte, no aparecen más que en las cifras oficiales.

Un similar sería el del Michoacán, entidad a la que el gobierno federal le ha dedicado por lo menos dos grandes programas de “pacificación”, sin que se tenga un resultado realmente positivo.

Alfredo Castillo, quien fuera nombrado comisionado especial en el estado, aseguró entregar un estado en paz y con control por parte de las autoridades. Ahora sabemos, gracias a las recomendaciones de la CNDH, que Castillo mintió y que sus cifras no son realmente las que reflejan la situación en Michoacán.

Más aún, el estado es hoy de nueva cuenta, sede de grandes enfrentamientos y eje de problemas de gran inseguridad. El fracaso total

Lo mismo se podría asegurar de Veracruz, entidad que ha visto crecer la inseguridad en todos los terrenos, de manera importante.

En Veracruz, el Secretario de Gobernación, otra vez el señor Osorio, calificó al gobernador Javier Duarte, como un ejemplo en el combate a la inseguridad, lo que hace pensar en que el gobierno federal prefiere ignorar las cosas, antes de tener que hacerles frente.

La inseguridad en el Distrito Federal es creciente, digan lo que digan las autoridades capitalinas.

Hay zonas en las que la delincuencia es la que tiene el control. Y es obvio que lo tienen bajo la protección de las propias autoridades.

Así, lo sucedido con los jóvenes australianos no parece ser un hecho extraño. Hay un buen número de turistas estadounidenses que han sido víctimas de un delito, incluido el asesinato, en nuestro país.

De esta manera, el discurso oficial sobre los avances en materia de seguridad tendría que ser analizado de manera contundente.

Las cifras oficiales hablan de un país que la realidad desmiente. Sinaloa no es más que un caso. Y las recomendaciones de un buen número de países a sus turistas sobre el caso mexicano no son más que la punta del iceberg al que se enfrenta el gobierno.

Después de todo, las cifras puede “tranquilizar” a ciertos grupos sociales, pero difícilmente podrán engañar a todos.