norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

Para nadie es un secreto que el gobierno ha cambiado su discurso y estrategia para convertir a la Reforma Educativa en el Eje de su accionar, a costa por supuesto, de la reforma energética que siempre fue considerada como la “joya de la corona” y que ahora se encuentra más que devaluada.

Del mismo modo, nadie ignora que la reforma educativa, importante como es, ocupaba un lugar secundario en la línea de avances programados por el actual gobierno en sus inicios.

Pero la realidad mostró las muchas fallas en el plan oficial. Y los tan prometidos cuatro puntos que las reformas traerían al PIB apenas fueran aprobadas, quedaron tan sólo en esperanzas que se llevó el viento.

La reforma energética se paralizó gracias a la crisis petrolera derribó el precio del crudo a menos de treinta dólares por barril. La reforma financiera paralizó buena parte de la economía y enfrentó al gobierno con buena parte del sector privado en tanto que la laboral simplemente tuvo efectos poco alentadores. Y las otras, de corte menor, dejaron de ser algo realmente vendible ante la opinión pública.

Así, la apuesta política se modificó y se puso el esfuerzo en el campo educativo. De pronto, una reforma en la que con optimismo se calculó un impacto de algo más que un cuarto de punto para el PIB, pasó a ser el alma del régimen. Y en el cambio se modificó todo el plan. Y se pasó al uso de la fuerza, lo mismo en el discurso que en la práctica.

Y es aquí en donde el gobierno, como ya es costumbre, se ha enredado en sus contradicciones.

El titular de la SEP. Aurelio Nuño ante las resistencias de la disidencia magisterial frente a la evaluación, disculpa las medidas de fuerza con un señalamiento interesante, pero incompleto.

Según el funcionario, las resistencias se deben a que la reforma educativa “afecta intereses” y “cambia paradigmas”. Y por supuesto, nadie puede poner en duda esa afirmación.

Pero el problema no es que se diga algo que todo mundo sabe. El problema radica en que hasta ahora se quiera hacer creer que se enfrenta el hecho.

Al inicio del gobierno, el peñismo dio un golpe de mano y puso en la cárcel a la profesora Elba Esther Gordillo. La reforma educativa saldría adelante. Pero el siguiente paso, contradictorio hasta la saciedad, fue negociar con la CNTE.

Y las negociaciones no las realizaba la SEP, sino la Secretaría de Gobernación, lo que, obviamente, limitaba y mucho, el poder de la autoridad educativa.

Así, decir hoy que hay intereses que se afectan obligaría al señor Nuño a especificar cuáles y las razones de esa afectación.

Y al mismo tiempo, tendría que explicarse la causa por la cual el gobierno negoció primero y después de tres años, se lanzó a buscar la puesta en marcha de la reforma.

El señor Nuño tendría que explicar las causas por las cuales se entregaron millones de pesos a los maestros que hoy se persiguen y son señalados como saboteadores y enemigos de los avances que el país requiere.

Del mismo modo, tendría que explicar las causas por las cuales esos funcionarios que ayer negociaba y entregaban millones de pesos a los maestros disidentes hoy permanecen en sus cargos a pesar de que para el gobierno los que intentan detener la reforma educativa defienden intereses que la multicitada reforma afecta.

En este punto el flamante titular de la SEP tendría que explicar si negociar con los disidentes no fue también un acto de sabotaje a la reforma. Y además, si semejante actitud no amerita ningún tipo de sanción.

El discurso oficial cambia con gran facilidad. El crecimiento prometido no se logró por la situación mundial. La lluvia de inversiones que se dijo llegaría al país apenas se aprobara la reforma energética, quedó pendiente para un futuro no inmediato. Los avances en el sector laboral no aparecen por ningún lado.

Y ahora se convierte a la reforma educativa en el eje del accionar político del gobierno. Y se modifica el comportamiento. Y las negociaciones de ayer hoy ceden su lugar a la confrontación. Pero con los mismos funcionarios que ayer pontificaban en favor del diálogo.

Y la incongruencia no parece ser una buena señal para la edificación de una educación que le de a los mexicanos una “mayor felicidad”.