Por Norberto DE AQUINO
La Universidad Nacional Autónoma de México le ha puesto el cascabel al gato. La Reforma Educativa está lejos de ser lo que el gobierno dice que es. Y falta un buen tramo para llegar a las metas que se han planteado.
Enrique Graue, flamante Rector de la UNAM, fue contundente. Tan contundente que se hicieron todos los esfuerzos posibles para que su mensaje se quedará lo más cerca posible a la indiferencia. La crítica lanzada desde la Universidad fue sin embargo, contundente. Y entenderlo desde el gobierno como un acto de agresión simplemente podría agravar las cosas.
De acuerdo con el doctor Graue, la Reforma Educativa en estos momentos, no pasa de ser apenas, un cambio administrativo en lo que a contratación de maestros se refiere. Falta para alcanzar los objetivos relacionados con los programas educativos, contenidos y materias.
Por supuesto, este señalamiento coloca al gobierno de cara a la realidad. Y pone en aprietos el discurso relacionado con los grandes beneficios que habrán de llegar con este cambio.
El Rector afirma que modificar procesos administrativos es un primer paso, pero que ello no implica que se tenga una reforma educativa real, por lo que “esperamos ver la verdadera reforma educativa muy pronto”.
Esto ha provocado molestia en el gobierno. Es clara la idea de responder con ataques a los problemas dentro de la UNAM para dejar ver que Graue tiene cosas en que trabajar, antes de ver los problemas nacionales.
Pero, guste o no, la UNAM tiene responsabilidades muy claras para con el país. Y una de ellas, se acepte o no, tiene que ver con los cambios en el terreno educativo. Después de todo, la UNAM será una de las instituciones que tendrá que hacer frente a los cambios que se realicen. Y mostrar que programas, contenidos y materias son el terreno para el verdadero cambio en educación no es más que responder a las obligaciones de la institución que hoy está a su cargo.
Graue además, abrió la puerta para que Aurelio Nuño, titular de la SEP, entienda que no es con juegos de imagen como se lleva a la realidad una reforma educativa. Esto es, le pide al funcionario un planteamiento real y serio sobre lo que se entiende como reforma educativa, para poder llevar a la práctica el verdadero debate sobre el tema.
Al poner las cosas en blanco y negro, el Rector de la UNAM deja ver que es importante el cambio en todo lo que es la contratación de los maestros, pero avisa que los cambios importantes no se podrán realizar mediante amenazas y ceses.
Y esta es, se quiera o no, la parte crítica real: la verdadera reforma educativa, aquella que involucre los programas y sus contenidos, no podrá ser diseñada tan sólo en unos cuantos escritorios, sino que deberá ser producto de un gran debate nacional en el que todos, y como parte del todo la UNAM, tengan el derecho a participar y a ser escuchados.
Y esta puede ser la parte que menos ha gustado al gobierno.
La UNAM ha puesto contra la pared a la reforma educativa, no porque sea mala, sino por la simple y sencilla razón de que no es lo que el gobierno quiere que se crea que es.
A querer o no, la UNAM ha iniciado un debate sobre lo que el país requiere de una reforma educativa. Le ha marcado la ruta a una SEP más dispuesta a jugar con las imágenes que a dar respuesta a la realidad. Y le ha explicado al país que es mucho lo que nos falta por recorrer antes de poder afirmar que tenemos una reforma educativa.
Y ello, frente a un gobierno que se vio en la necesidad de abandonar el discurso triunfalista sobre la reforma educativa para trasladarlo a la reforma educativa, no es algo agradable. Y por lo visto, lejos de entender la oportunidad que la UNAM ha creado, quieren creer que se trata de un ataque político.
Y de mantener esa postura, lo que tendremos será un nuevo frente de batalla. Ahora con una institución que lejos de ser vista como parte de los equilibrios, pudiera pasar a formar parte de la lista de “los intereses que se oponen a la reforma educativa”.

