norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Miguel Angel Mancera ha demostrado a lo largo de su gestión, una gran capacidad para evadir los problemas. Y ahora nos da una nueva demostración de ello, por más que ahora encontró en la comisión Nacional de Salarios Mínimos un aliado perfecto.

Para nadie deberá ser un secreto que hoy entrará en vigor el nuevo reglamento de tránsito para el Distrito Federal. Y Nadie ignora que ese reglamento es un compendio de formas en las que la autoridad presionará a los automovilistas, convirtiéndolos en una fuente inagotable de ingresos para las arcas del gobierno y os bolsillos de los policías.

Ante el malestar que existe y que seguramente se incrementará por lo que será la demostración de la justicia al “estilo Mancera”, el jefe del gobierno del distrito Federal se ha lanzado a la batalla, “firme y decidida” para que el salario mínimo tenga un aumento real, en favor de los que más lo necesitan.

La Comisión Nacional de Salarios Mínimos decidió el fin de semana pasado, elevar el mínimo en casi tres pesos, para dejarlo en poco más de 72 pesos diarios. Y esto l da oportunidad al señor Mancera se apostarle a la demagogia.

Por un lado, se coloca como el paladín de los pobres. Peleas una batalla que poco le importa ganar o perder, ya que lo que busca es tener imagen de defensor de los que menos tienen, mientras que por el otro, con la bandera de la lucha por acabar con los accidentes viales y reforzar la seguridad, se lanza en contra de todos los que tengan un automóvil y los coloca en estado de indefensión ante una policía no sólo insuficiente e incapaz, sino corrupta.

A partir de ahora, todo es multa. Toda multa son miles de pesos. Y corralón para el vehículo, con una nueva cuota a pagar para las víctimas.

Con el deseo de tener más dinero, tal y como se hizo con el boleto en el Metro, se prometen muchas cosas, pero que todo mundo sabe no se cumplirán.

Buena parte de las sanciones están sujetas al accionar de la policía. Dejar que el policía sea quien diga si hubo o no insultos en su contra es además de una aberración, dejar la puerta abierta de par en par para las “mordidas”.

Mancera y toda la autoridad capitalino no quieren entender que si la policía es blanco de críticas e insultos es gracias a su comportamiento. Es claro que hay quienes abusan de la pérdida de autoridad, pero también lo es que querer recuperar la respetabilidad a base de multas puede llevarnos a un clima de hostilidad abierta entre autoridades y ciudadanos.

El gobierno de Mancera quiere más dinero. No se tiene claro el objetivo, pero la magnitud de las multas no dice otra cosa.

No se quiere trabajar en favor de la vialidad o de la solución de los problemas. Se quiere dinero. Y con los millones de automóviles en el Distrito Federal, es sencillo suponer que ese objetivos se cumplirá de manera sencilla.

Y para ocultar el problema que provocará el reglamento de tránsito, Mancera dice que habrá policía exclusiva para las sanciones, como si una gorra o una camisola de diferente color solucionara el problema de la corrupción. Dice que habrá 1400 policías para aplicar el reglamento, lo que pone en claro que no es la seguridad lo que se busca. Dice que se vigilará a los policías, lo que supone que el riesgo de corrupción es real.

Y para enfrentar el reto, se reinicia la batalla en favor del salario mínimo. No importa otra cosa que e aparecer como defensor de los pobres. Es la misma bandera de Andrés Manuel López Obrador que todo mundo recuerda “primero los pobres”.

Pero en defensa de los que menos tienen ¿no se tendría que contar con una policía honesta, con un nivel de seguridad más que aceptable y con funcionarios en todos los niveles alejados de la corrupción?

Claro eso, sería tener gobierno y ello es algo que no está en los planes del señor Mancera.