norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

¿La captura de Joaquín Guzmán Loaera aclara todas las dudas sobre sus fugas? ¿Con esta acción el gobierno recupera todo el terreno perdido en lo que a credibilidad respecta? ¿Se acabó la corrupción y se resolvió todo el tema de las ligas con políticos y empresarios? ¿Ya se conoce todo el mecanismo para el avado del dinero?

La verdad es que la recaptura del “Chapo” todo lo que ha logrado es un golpe de imagen favorable al gobierno que, al mismo tiempo, queda sometido a la presión que implica entender que lo sucedido en Sinaloa no es más que n paso, pequeño en realidad, en la lucha por resolver uno de los retos más importantes a que hace frente el actual gobierno.

Querer convertir la detención del narcotraficante en un juego de imágenes con miras a entender quién o quiénes en el gobierno ganar o pierde en lo político es, en el mejor de los casos, una torpeza que en plazos muy cortos arrojará resultados de impacto negativo para toda la estructura del gobierno federal.

Con el “Chapo” en prisión y en espera de las decisiones que se quieran tomar en relación a su posible entrega a Estados Unidos, lo importante es que e gobierno de enrique Peña Nieto entienda lo que tiene en las manos. Y el efecto que todo esto puede tener para bien, o para mal.

La imagen del gobierno no se perdió con la segunda fuga del “Chapo”. Se confirmó con ese evento, la profunda corrupción que existe en el sistema político y en todo o que es el campo de la seguridad.

La recaptura del delincuente no aclara lo sucedido. Obliga a ir al fondo y a poner a los responsables, de todos los niveles en el lugar que les corresponde realmente. En tanto ello no suceda, lo que el gobierno impulsa es la impunidad.

En este punto, queda claro que el problema del tráfico de drogas y la violencia que provoca no se ha resuelto. De poco sirve capturar a los líderes de los cárteles, si la estructura política y económica no se desarticula. Y ello implica ir tras del dinero y de quienes se encargan de todo lo necesario para ponerlo en circulación. Todo lo que se entiende por “lavado” del dinero.

Ello conduce, guste o no, a la estructura política que, en todos los niveles, ha servido de respaldo a las actividades de Guzmán Loaera y varios más jefes del narcotráfico. Del mismo modo, tiene que llegarse a los empresarios que, evidentemente, se encuentran en esa estructura y que son los canales por medio de los cuales, el dinero entra en circulación, tras obras e inversiones que tienen que ser investigadas y aclaradas.

De poco servirá la captura de un delincuente por importante que pueda ser en su negocio y por mucho “prestigio” que le otorgue al gobierno, si la estructura que le dio sustento se mantiene intocada.

Así, el gobierno tiene que resolver el pasado inmediato para poder realmente iniciar algo parecido a un festejo.

Pero inmediatamente después, se tendría que dar el siguiente paso que no podría ser otro, que aclarar totalmente, qué fue lo que sucedió con la relación entre actores y narcotraficantes.