norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

La captura de Joaquín Guzmán Loaera es la plataforma que Enrique Peña Nieto requería para enfrentar de manera exitosa la selección del candidato del PRI a la Presidencia de la República? ¿Este es el momento adecuado?

Los esfuerzos desesperados del secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, por sembrar esa idea en el colectivo nacional hace pensar que sí. No se ha perdido la oportunidad de hacer notar el enorme éxito del titular de Gobernación, cuando se supone que el triunfador fue, como un todo, el gobierno federal, con todas las instituciones que forman parte del área de seguridad.

Pero la realidad es simple. Y contundente. Es obvio el afán por consolidar una posición política particular. Tanto como se pueda, al tiempo que se destaca el fracaso en materia económica. Esto es, la lucha entre las dos figuras más importantes de la actual administración. ¿Y el presidente? Parece que a nadie importa.

Así, el éxito es particular, y consolida ambiciones políticas. Y la tensión económica, también es particular y obviamente, aniquila las aspiraciones del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

De esta manera, la captura del “chapo” que tendría que ser un primer paso n una estrategia mucho más amplia y profunda para recomponer imagen y agenda del gobierno federal, se ha convertido en un instrumento de lucha de ambiciones. Y el titular de Gobernación, que fue directamente lastimado por la fuga del “chapo”, hoy trata de demostrar que no sólo no fue perjudicado, sino que es a él a quien el presidente le debe la recuperación de su prestigio.

Sin embargo, lo que no se quiere entender es que, por positiva que pueda ser, la recpatura del narcotraficante más buscado en el planeta, no es suficiente para resolver la crisis creada por su escapatoria a mediados del año pasado.

Guste o no, hay muchas dudas sobre lo sucedido. Y muchas interrogantes que no se quieren enfrentar.

Pero si se aceptara la idea de que la nueva captura es suficiente, para el Secretario de Gobernación los problemas se mantienen. Se acepte o no, todo el país sabe que a él se le pueden fugar los criminales más peligrosos, por mas que después exista la posibilidad de recapturarlos.

El problema de fondo en el debate que se ha iniciado sobre si el “chapo” hace o no candidato presidencial a un funcionario o si la devaluación aniquila a oro, es el hecho de que en el interior del círculo más cercano al presidente de la República lo que existe no es una idea de grupo y menos un proyecto de gobierno. Todo se reduce a una batalla por consolidar posiciones y después, por conquistar candidaturas.

El afán por dejar ver que la recaptura del “chapo” convierte en serio aspirante a la candidatura presidencial al señor Osorio Chong pone en evidencia la poca coordinación existente en el gobierno. Y ello a su vez, deja ver que el control interno es por decir lo menos, inexistente.

Detener de nueva cuenta al “chapo” no resuelve los problemas en el campo de la seguridad. No soluciona la crisis en derechos humanos. No termina con el problema de la corrupción en las instituciones de justicia. No elimina los problemas en buena parte del país. No devuelve a los mexicanos la paz y la tranquilidad. El “chapo es importante”, pero no lo es todo.

Entonces, además de buscar una candidatura, lo que se quiere es ocultar el problema de fondo. El “chapo” es un caso emblemático para el gobierno. Pero ni con mucho, el recapturarlo pone fin a la crisis de seguridad ni termina con la violencia a lo largo y ancho del país.

Pero, al poner en la mesa de los debates la sucesión presidencial justo al inicio de la segunda mitad de la administración sí limita la imagen presidencial daña los programas de gobierno y obliga a entender de manera muy diferente, todos los mensajes y acciones que ponga ante la opinión pública el gobierno peñista.

Convertir al “chapo” y su recaptura es una plataforma para luchar por una candidatura presidencial parece no ser una buena idea, sino una enorme torpeza política.