norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

Cubierta por el estallido mediático provocado por la recapture del “Chapo” Guzmán, la lucha política en el país se desarrolla de una manera que, mucho más allá de los resultados, anuncia muy malas noticias para todos.

En plena decadencia, los partidos políticos se han lanzado a la conquista de las posiciones que este año serán parte de los procesos electorales en buena parte del país. Y en ese accionar, todo lo que se ha puesto de manifiesto es la pobreza política y moral en que se encuentran sumidos todos los participantes.

En Colima, con elecciones extraordinarias en unos días, y en Veracruz, con la mini gubernatura de dos años en la mira, los políticos y sus partidos han dejado ver que el único objetivo que les mueve es el poder por el poder mismo.

En Colima se ha visto un espectáculo realmente bajo. Espionaje descaro sobre uno de los candidatos, insultos y acusaciones de todo tipo. Una absoluta falta de respeto por el ciudadano. Lo importante es mentir, destruir al contrario y alcanzar la “victoria” para disfrutar el poder. Nada más.

El PRI, partido que supuestamente tenía rumbo y contenido, es el principal beneficiario del espionaje en contra del abanderado del PAN. Del otro lado, bandazos para intentar una salida a la crisis. Pero el resultado es el mismo. Pobreza en la oferta y el deseo abierto, de manipular a la opinión pública para que castigue al rial, no para que premie una oferta electoral o un programa real de gobierno.

Pobreza en las candidaturas, bajeza en el accionar, mentiras escondidas en los supuestos compromisos y ausencia total de ideas y objetivos sociales.

Colima ha puesto en evidencia el regreso del más viejo estilo de hacer política de parte de los priistas, tanto como ha mostrado a los panistas en su reconocida doble moral y carencia de contenido político. El PRI, que mantiene su alianza con el Verde para demostrar que lo suyo no son los principios, acusa al PAN de inmoral. Y el PAN, ausente en el debate nacional y dependiente de acciones que lejos están de ser un proyecto, espera que la sociedad piense que la corrupción es exclusiva de los priistas.

Pero ese es apenas el inicio del panorama.

En tanto en Colima las elecciones extraordinarias están a punto del clímax, los partidos luchan en su interior por no fracturarse ante la selección de candidatos para la contienda electoral por otras 12 gubernaturas.

Y una de las contiendas que más llama la atención, por obvias razones, es la que tiene al gobierno de Veracruz como joya de la corona.

Y aquí lo que aparece es otra vez, la bajeza política. De todos y de todas las formas posibles.

Del lado del PRI queda clara la lucha entre el gobernador Javier Duarte y buena parte de los aspirantes a la nominación priista. Del mismo modo, es clara la distancia política existente entre el mandatario estatal y la dirigencia nacional priista

Así, el logro inmediato de Duarte es la división en el PRI.

Del otro lado y a pesar de las muy negativas experiencias obtenidas por experimentos similares en el pasado, el PAN y el PRD luchan por una alianza que, carente de programa, busca tan sólo evitar el triunfo del PRI.

Sin proyectos reales que no sean los de un grupo familiar, con ambiciones de venganza política más que de bienestar para la entidad, panistas y perredistas abandonan posiciones partidistas y quieren engañar a la sociedad.

Si Duarte quiere mentir para su beneficio, PAN y PRD lo quieren hacer para tener una posición que les de imagen ante la contienda del 2018. Mentiras y más mentiras.

Y el PRI, con evidente supervisión de niveles más elevados, se lanza no a la batalla de las ideas y los proyectos, sino a la compra de los rivales. Evitar la alianza a base de carterazos. Miedo disfrazado de crisis política interna de los partidos de oposición, cuando en realidad lo que se tiene a la vista es uno de los procesos “políticos” más tristes de la actualidad. Compra y venta de votos al interior de los partidos para, más adelante, entrar a la compra y venta de los votos ciudadanos. La democracia al estilo de los partidos políticos mexicanos, al tiempo que todos quieren aparecer como honestos y dignos.

Los ejemplos son claros. Los partidos políticos, todos, no han entendido lo que sucede en el país. Quieren el poder y luchan por lograr su objetivo. Pero lo hacen de manera tal que todo lo que aparece es su pobreza ideológica, su bajeza en el accionar y su desmedida ambición.

Y por supuesto, el profundo desprecio que sienten por los votantes.