Por Norberto DE AQUINO
El golpe español al gobierno de Enrique Peña Nieto es mucho más serio de lo que se quiere aceptar. De una u otra manera, lo que ha salido a la luz es la alianza, de todo tipo, que se construyó para convertir a Enrique Peña Nieto en candidato primero, y en Presidente después. Una alianza que hoy obliga a responder muchas interrogantes.
Más allá de la evidente burla por el “misión cumplida” con que los españoles han ridiculizado al gobierno mexicano, el tema a discutir está en la conformación de esa alianza entre gobernadores que dio vida al gobierno que hoy tiene el país.
Los gobernadores que, de muchas maneras, se apoderaron del PRI y controlaron la nominación presidencial. Mandatarios que cubrieron así irregularidades en sus administraciones y que, como parte del compromiso por la impunidad, pudieron haber llevado dinero a la campaña presidencial.
El problema es de explicaciones. De claridad y transparencia a la que, una y otra vez, se ha negado el grupo en el poder.
Es claro para todo el que quiera verlo, que el gobierno intentó convertir la recaptura de Joaquín Guzmán Loaera en la solución de sus muchos problemas de imagen. Y del mismo modo, queda claro como, para evitar las explicaciones del caso, se inició una campaña de filtraciones para con ello, evadir el tema de la fuga, las conexiones del “chapo” con políticos y empresarios y por supuesto, la ausencia de responsables del escape que llevó a México a un enorme ridículo internacional.
En el medio de ese proceso en el que el gobierno quería aparecer como el gran héroe, aparece el escándalo Moreira. Y atrapado en sus propios errores, el gobierno no acierta a dar una respuesta convincente. Después de todo, Moreira logró alcanzar el liderazgo en el PRI bajo el cobijo político del grupo mexiquense encabezado por Enrique Peña Nieto.
Las acciones asumidas en España impactan en la línea de flotación política del gobierno. Los casos de Rodrigo Medina y de Javier Duarte, en Nuevo León y Veracruz respectivamente, aparecen como parte del escenario en el que Humberto Moreira y Angel Aguirre no son más que parte del juego que montó el grupo que hoy gobierna para llegar al poder.
Y todos quedan atrapados en el juego de los compromisos. Medina goza de protección a pesar de las evidentes irregularidades y de los abusos cometidos durante su gestión en Nuevo León. Pero esas acciones quedan ligadas a la fuerte relación que como gobernador sostuvo con el titular del gobierno del Estado de México.
Intercambio de apoyos de todo tipo, como una contante, para terminar ahora con la determinación de brindar todo el respaldo necesario al hombre que desde el poder en Nuevo León apostó para que su aliado llegará al poder presidencial.
Javier Duarte ha gozado de todo el respaldo político necesario. No se olvida en el grupo en el poder que fue el gobernador de Veracruz el primero en públicamente colocarse como aliado del entonces gobernador mexiquense. Duarte cuestionaba a Manlio Fabio Beltrones y le exigía que renunciara a la
posibilidad de ser candidato. “Enrique Peña dijo Duarte, será el mejor presidente en la historia de México” Y esa postura le valió todo el respaldo. Y Veracruz es hoy un verdadero desastre político, económico y social.
Lo anterior nos deja ver que lo sucedido en España no es más que resultado de un acuerdo político que convirtió la sucesión presidencial en un intercambio de favores. Es el paso con el que se construyó la conquista del poder. Pero también, fue la creación de un problema que en el país ha sido cubierto con enormes costos para el gobierno, pero que en el exterior ha dado pie a determinaciones que, a querer o no, conducen al desprestigio de la República y por supuesto, del presidente Enrique Peña Nieto.
Y como efecto secundario pero igualmente necesario para el análisis, aparece la torpeza oficial con la que se maneja la información.
Querían el aplauso público. Montaron toda la estrategia en las filtraciones. Acusaron a una actriz que había cuestionado al gobierno, y dejaron de lado todas las explicaciones de fondo.
Y ahora, totalmente por sorpresa, fueron atapados por la realidad. Y sin respuestas adecuadas, lo que tienen en las manos es un listado de hechos que, guste o no, tendrán que ser enfrentados. Y explicados.
De lo contrario, la especulación será de nueva cuenta, la que arrolle al gobierno que, sin que se de cuenta real de lo que sucede, ha sido puesto contra las cuerdas y ha perdido el poco terreno que pudo haber ganado con la captura del chapo.

