norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

Con una espectacular velocidad política, la Procuraduría General de la República decidió llamar a declarar a la actriz Kate del Castillo, para que de a conocer todo lo que sepa sobre el encuentro con Joaquín Guzmán Loaera. Velocidad que no ha mostrado en muchos otros casos y que por supuesto puede llevar a la PGR a un nuevo ridículo.

Para que el problema en el que se encuentra sumergida la PGR quede totalmente claro, habrá que recordar, sólo como ejemplo, que en setiembre pasado, una decena de agentes de la institución detuvieron al abogado que se ha enfrentado a la empresa OHL y ha evidenciado las ligas de esta compañía con el poder.

En la detención, los agentes sembraron una pistola al abogado para poder acusarlo de varios delitos, todos inexistentes. La PGR tardó días y días, antes de anunciar que “había una investigación” al respecto. Los resultados no se conocen. Todo mundo vio gracias a un video, el delito. Pero nunca se explicó el destino de los agentes que a ojos de toda la sociedad, habían cometido ellos sí, varios delitos.

Más aún, en una demostración evidente de que el aparato de justicia tiene objetivos políticos, nada se dijo sobre quién o quiénes ordenaron el “operativo”, y menos los objetivos que se perseguían.

Para empeorar las cosas, la PGR ante los hechos, realizó un allanamiento en contra de la empresa que pelea con OHL y “encontró” pruebas del espionaje en contra de la compañía española. La PGR enredó al máximo el caso. Y nada resolvió. Y claro están, hablar de quienes planearon los ataques en contra del abogado y la empresa rival ni siquiera está en los planes de la Procuraduría.

Ahora, con el caso de Guzmán Loaera sucede lo mismo.

Se ha lanzado toda una campaña en contra de la señora del Castillo. Filtraciones que buscan acreditar delitos, aún cuando sean sólo de carácter mediático.

Pero más allá de que la responsabilidad de la actriz exista, las acciones de la PGR dejan mucho que desear por la simple y sencilla razón de que sus decisiones son practicadas con intención política, más que legal.

La PGR pretende que el país se queda en el hecho de la captura del narcotraficante. Y que por lo tanto, se olvide de la fuga. La segunda fuga en el historial del delincuente.

Dicho de otra manera, llama la atención que la Procuraduría se lance a la cacería de la actriz por sus posibles nexos comerciales con el narcotraficante, y no diga nada sobre la investigación de la fuga que, curiosamente puso en evidencia la enorme corrupción existente en el aparato de justicia del país.

Hasta el momento no hay nadie sancionado, ni siquiera moralmente por la fuga, como no sean elementos que, todos sabemos, nunca hubieran podido, por sí solos, permitir el escape.

La PGR hoy tan decidida a investigar a la señora del Castillo, no ha sido capaz de averiguar cómo es que el narcotraficante más buscado, tenía tanto margen de movilidad por buena parte del país sin que nadie le molestara nunca.

Nada se ha dicho sobre las alianzas políticas con las que evidentemente contaba. O de los amigos con que contaba y cuenta, en el mundo empresarial y gracias a los cuales podía poner el dinero producto de sus ilegales negocios, en circulación.

Es evidente que llamar a la señora del Castillo tendría un valor legal si el hecho no fuera parte evidente de la estrategia que quiere que los mexicanos se olviden de la fuga que puso en ridículo al país.

La recaptura de Guzmán Loaera no resuelve el tema. La fuga se realizó con ayuda, incapacidad y corrupción de muchos en muchas partes. Y la PGR no se ha dado cuenta de ello.

Y para demostrar su “eficacia” se lanza tras una actriz que, en el supuesto de que se demuestre que es cómplice, no resolverá el tema de fondo que, le guste o no a las autoridades, no es otro que la corrupción, la impunidad y la incapacidad.

Se puede ocultar la fuga en espera de que se olvide. Pero ello simplemente colocaría a la PGR en la ruta de la alta velocidad cuy destino inmediato será un nuevo ridículo.