Por Norberto DE AQUINO
El gobierno mexicano advierte de la crisis económica y se defiende con el alegato de que todo se debe a condiciones externas. Y puede que tenga razón en parte del planteamiento. Pero es obvio que se cuida y mucho, de entrar en detalles de los que no quiere hablar.
Por principio de cuentas, queda claro que buena parte de la problemática que nos agobia se origina en la crisis de hace ocho años. Esto es, que existían detalles que hacían ver que no todo en el mundo económico se encontraba bien.
Las economías de Europa y la de Estados Unidos tenían puntos de vista no necesariamente unificados. Sus respuestas a la problemática sin ser rivales, mantenían diferencias claras.
Del mismo modo, se tenía a la vista ya el problema del nuevo mundo del mercado petrolero. El nacimiento de las inversiones de bajo costo y de ganancias importantes pero basadas en explotaciones “rápidas” y de gran extensión como sería el caso del gas con el “fracking”
Las señales, sin ser de alerta total, existían.
Por ello, siempre sería importante que el gobierno actual explicará las razones de muchas decisiones.
De entrada, y mucho más allá de los discursos triunfalistas sobre la fortaleza de la economía nacional, habría que recordar que los pronósticos hechos por la Secretaría de Hacienda sobre el crecimiento del país no se han logrado una sola vez. Dicho de otra manera, el gobierno se ha quedado fuera de la realidad.
Desde el primero de sus presupuestos y de sus cálculos, la administración peñista ha fallado en sus metas.
Del mismo modo, en lo que a promesas se refiere, bastaría con recordar que el equipo en el poder se comprometió a poner en marcha “todos los motores de la economía”. A cambio, con sus reformas lo que logró de muchas maneras, fue detener buena parte del mundo financiero. Y no se ha explicado bien a bien, la razón para ello.
En el mismo punto, el gobierno prometió que con las reformas estructurales se tendría in claro impulso al crecimiento del país. La Reforma Fiscal aportaría medio punto extra al PIB. La Laboral otro cuarto de punto. La Financiera tres cuartos de punto y la energética, que en esos momentos estaba considerada como la “joya de la corona” nos daría un punto completo. En otras palabras, el crecimiento llegaría con las reformas a niveles del 5% anual o poco más.
Ahora, todo eso se viene por tierra derivado del bajo crecimiento en China, por la caída en los precios del petróleo y por la presencia del “super” dólar. Pero ¿es creíble el argumento de que el gobierno prometió a pesar de las señales existentes de un posible sismo financiero.
El gobierno presume ahora que se tomaron medidas preventivas y que gracias a ello, estamos en condiciones de soportar mejor el sacudimiento de la crisis. Pero ¿se prometió un crecimiento que no se logró, en tanto se tomaban medidas para salvar la crisis? ¿Al mismo tiempo?
¿Se entró de lleno a una reforma energética que nos daría inversiones multimillonarias sin entender la problemática que existía por la nueva política petrolera? ¿En verdad México no sabía que Estados Unidos se enfrentaría a los productores árabes o que éstos lucharían para evitar que los productores de poca inversión se alzaran con buena parte del mercado”
Ahora el Banco de México, por vía de un diario europeo, nos avisa que se podrían registrar un choque “potencialmente grave” y que tenemos que estar preparados en lo político. Y el gobierno habla de la fortaleza económica.
Es más que posible que la economía resista mejor que muchos, el sismo financiero. Pero también lo es que sufriremos más que otros.
Y lo que el gobierno quiere que se olvide es que promesa fue la de trabajo, inversiones y crecimiento. Y que estar mejor que muchos, no alivia la tensión social ni resuelve el problemas de los millones de mexicanos sumidos en la pobreza o de quienes con trabajo, no tienen suficiente para cubrir sus gastos, para no hablar de aquellos que en estos momentos están a punto de ser despedidos como parte de las medidas que ayudarán al país a resistir mejor la crisis.
Explicar no es algo que el gobierno haga. Casos tenemos de sobra. Pero el silencio o hablar sólo de la parte que conviene, todo lo que consigue es elevar el malestar, dejar que la especulación corra y tolerar el populismo político.
Receta que suele ser más dañina de lo que se quiere reconocer.

