Por Norberto DE AQUINO
Acostumbrado a no explicar nada y a buscar las salidas de emergencia a los problemas de su gobierno, Miguel Angel Mancera quiere hacernos creer que el desabasto de agua en la ciudad que durará varios días y que acaba de iniciarse, es una medida “impostergable” y que su administración asume el costo y pretende sólo, el beneficio de los capitalinos.
Sin embargo, en esa posición, Mancera lo que evita es ir al fondo del problema y dejar las cosas para la siguiente crisis que, calcula, ya no será en su administración.
Político que se maneja en la línea de los independientes, pero sólo para evitar los compromisos que obligan irremediablemente, y con sus muchas promesas en el cajón del olvido, el señor Mancera quiere que la “sequía” a que se someterán algo más de 400 colonias de la capital, se vista como algo que no se pudo evitar. Algo irremediable.
Y es precisamente en ese punto en donde el titular del gobierno de la ahora Ciudad de México se entrampa.
Acostumbrado a no enfrentar la verdad, Mancera se aferra a la línea tradicional de los políticos del “nada es mi culpa”. Por ello, señala el daño, y se auto convierte en el salvador.
Pero en esta ocasión las cosas pueden no ser tan sencillas.
De un buen tiempo a la fecha el problema del agua en la ciudad se agudizó. Siempre ha existido. Es tan viejo como la ciudad misma. Pero ha sido bajo los gobiernos de izquierda que el problema simplemente se convirtió en un reto de gran envergadura.
Fue Marcelo Ebrard el que señaló lo complejo del problema. Y el señor Mancera formó parte de la administración de Ebrard. Así que sabía del reto. Y lo sabía de primera mano. Conocía su dimensión y sus riesgos.
Y en los primeros tres años de su administración no sólo no mencionó el tema, sino que no hizo nada de fondo para enfrentarlo. Es más, nunca trató de bloquear la ola de construcciones que se registraba en la ciudad y que en la primer mitad de su mandato, quedaba a cargo de elementos emanados del PRD, partido que le postuló a él para alcanzar el poder en el entonces Distrito Federal.
Ahora, como si fuera totalmente ajeno e inocente por lo que sucede, pone en marcha el recorte de agua más grande que se haya impuesto en la ciudad. Se dice aliado de los ciudadanos y se muestra afectado por las penurias que enfrentarán los capitalinos en estos días.
Sin embargo nada dice de la desmedida ola d permisos de construcción en la ciudad. Y menos aún, de que buena parte de esos permisos tienen el tufo de la corrupción. No dice que en la pasada administración se advirtió sobre el riesgo de desbasto del líquido y ni siquiera intenta recordar que los capitalinos pagan importantes aumentos por el suministro de agua, mismos que fueron impuestos por el gobierno de Marcelo Ebrard, del cual, repetimos, formaba parte destacada.
Es difícil pretender que no se requieren trabajos para mantener el flujo del líquido hacia la ciudad. Pero ello no implica que todo se acepte de manera automática, que es lo que pretende el señor Mancera.
Al parejo de las obras y del sacrificio de los capitalinos, con todo lo que implica quedarse sin agua, el señor Mancera tendría que explicar las razones por las cuales en su administración jamás se detuvo el crecimiento, en buena medida irregular, de la capital. Tendría que explicar el por qué su administración no puso atención en ello, especialmente si se sabía que el abasto de agua se convertiría en un problema de serias dimensiones.
Al igual que en caso del Metro, el señor Mancera evade la responsabilidad. Prometió mejor servicio a cambio de un aumento. Al paso del tiempo se cambian sin mayor problema, las promesas y otras se olvidan y se anuncia que a finales del gobierno será cuando el metro refleje los beneficios
En el caso del agua se olvida la crisis, el aumentó y que no se controló la explosión en la construcción. Y ante el colapso, se habla de salvar a la ciudad, de medidas “dolorosas pero necesarias” y además, se pretende el aplauso.
La más vieja de las recetas para el populista que ataca a los populistas, para avanzar en sus ambiciones políticas, entre las que, dolorosamente, ha quedado atrapada la Ciudad de México.

