Por Norberto DE AQUINO
Los datos proporcionados por el Banco de México tienen muchas lecturas. Hay por supuesto, optimismo en muchos sectores, en tanto que en otros lo que se registra es nerviosismo. Y la razón está en el crecimiento de las remesas a nuestro país, con niveles que superan ya, los ingresos por derivados del petróleo.
El Banco de México dijo que el año pasado, las remesas fueron un 4.75% superiores a las de un año antes. Y que rebasaron los ingresos petroleros y las inversiones foráneas.
Y es aquí en donde las cosas abren paso a las especulaciones.
Primero, las autoridades señalan que las remesas son ya, el motor más importante en nuestras finanzas. Pero ello se contrapone a la posición que el priismo asumió en el momento en el que el gobierno de Vicente Fox intentó hacer valer el mismo argumento.
Las críticas a la administración foxista fueron simplemente, despiadadas. No se podía considerar a las remesas como logro de un gobierno.
Ahora, el gobierno priista, de una u otra forma, intenta presentar el arribo del dinero de los mexicanos fuera del país, como motor para el consumo, que no es otra cosa que un logro en la economía. Y ello podría no ser tan cierto como se quiere hacer creer.
Después, queda el problema de las inversiones extranjeras.
No se requiere de grandes esfuerzos para recordar las constantes promesas hechas por el gobierno actual sobre las inversiones que prácticamente lloverían al momento en el que las reformas estructurales, especialmente la energética, fueran aprobadas.
Se dijo, de maneras diferentes, pero con gran insistencia, que el dinero llegaría a manos llenas y con ello, la creación de empleo e infraestructura. Y ahora, la realidad dice que es el dinero de los mexicanos que trabajan fuera del país, la parte más importante para el ingreso en el país, de dólares. Por arriba del petróleo y las inversiones.
Y queda entonces, claro que los proyectos que tanto se promocionaron no se cumplieron. Y menos en lo que a los tiempos se refiere. Ahora, con un poco de suerte, los beneficios se verán después del 2020.
Del mismo modo, si las remesas son el motor más importante en esto momentos, en la economía, lo que resta es explicar qué pasó con aquellos de poner en marcha “todos los motores de la economía” para acabar con los “mediocres niveles de crecimiento” que el país había logrado bajo las administraciones panistas. El promedio es prácticamente el mismo. Tanto que ahora, el pronóstico de crecimiento anual se presenta con márgenes de 2error” de casi un 40%.
Pero en todo esto, queda por entender que el problema no se resuelve a base de remesas. Esto, a final de cuentas, es dinero para familias enviada por quienes por las razones que se quiera, no encontraron trabajo en México.
El problema es saber cómo se resolverá el problema derivado de la crisis en el mercado petrolero. Crisis que, dígase lo que se diga, no esperaban en el gobierno. Sus proyectos estaban fincados en este producto como gran factor de impulso.
Ahora, los especialistas señalan que el problema no se resolverá rápido. Esto es, que el petróleo mantendrá sus precios en niveles bajos.
Esto y provocó, especialmente en Estados Unidos, crisis en muchas empresas del sector. Y las apuestas que se hicieron en torno al mercado del fracking han provocado una la de pérdidas de todo tipo.
Pero lo que llama la atención es que en ese mercado, se emitieron bonos, con la idea de ganancias a mediano plazo. Hoy esa esperanza no existe. Y las quiebras asoman en el horizonte. Con todo lo que ello implica.
Es fácil entender que deuda significa muchas cosas. Y que detrás del dinero prestado, hay quienes desean cobrar. Y quienes prestaron y ahora tienen que pagar a los dueños del dinero. Esto es, que se acepte o no, hay Bancos y otras empresas, involucradas en esta crisis y que pueden tener problemas que, de estallar, conducirán a un recrudecimiento de la problemática.
Esto no es problema de remesas. Ni de alza del dólar o de caída del peso. Es algo más complejo. Y los afanes del gobierno por evitar el temor de todos, no son más que la demostración de los riesgos a los que nos enfrentamos y que, discursos aparte, están lejos de estar controlados.

