norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

El Banco de México dice que los ajustes necesarios en el gasto púbico tienen que llevar a PEMEX como parte estelar. Y ello son malas noticias no sólo para la empresa y sus trabajadores.

Ajustar el presupuesto en la paraestatal más importante en el país implica muchas cosas. Pero entre ellas, el reconocimiento de que el movimiento se hace tarde y como respuesta a una crisis y no como parte de un proyecto de sanidad financiera en el sector público.

Y por si fuera poco, a la problemática de un ajuste, habrá que añadir la idea de que mucho de lo que sucede, tiene que ver con diferencias políticas entre la empresa y la Secretaria de Hacienda.

En primer lugar, a pesar de sus enormes diferencias, tanto Hacienda como el Banco de México, señalan a PEMEX como una entidad en la que el dinero no rinde. Y no lo hace como parte de su enorme carga laboral y fiscal.

Así, en este punto habrá que recordar que el gobierno se negó al saneamiento de la empresa cuando tenía mayores posibilidades para ello. El inicio de esta administración especialmente con la idea de la reforma energética en las manos, hubiera sido un buen momento para los ajustes.

Pero se decidió mantener el equilibrio político. Mejor tener a los petroleros alineados a favor de la reforma, que sumados a las manifestaciones en contra de los cambios constitucionales. Se tomaron decisiones políticas con elevados costos económicos.

El gobierno rechazó la idea de modernizar PEMEX y apostó a que con la llegada de las multimillonarias inversiones en el sector, se tendrían mayores posibilidades para, más adelante, realizar los cambios que se requerían.

Al mismo tiempo, existía la idea de que lo mejor de todo, sería dejar que PEMEX quebrara. Después de todo, la reforma pondría a la empresa en un lugar más que secundario. Y el gasto de su saneamiento, resultaría en un desperdicio.

Pero la realidad fue otra. La problemática internacional que no fue prevista por el gobierno a pesar de las señales en torno al choque que se avecinaba entre los productores árabes y las nacientes empresas productoras a bajo dejaba ver ya su dimensión e impacto, arrolló todos los proyectos. Especialmente aquellos fincados en el campo de la reforma energética.

Ahora se habla del ajuste. Y se dice que PEMEX tiene que ser la parte en donde más se practique el cambo. Esto es, aquello que no se quiso hacer cuando había posibilidades mejores, se quiere realizar ahora en el medio de una emergencia.

A ello, debe sumarse el golpe de Hacienda a PEMEX.

Los altos funcionarios de Hacienda han cuestionado la capacidad administrativa en la paraestatal. Han reclamado mayor eficacia. Y para nadie fue un secreto que el cambio en la conducción de las finanzas en PEMEX fue provocado y cubierto por Hacienda. Esto es, le quitaron al director a su brazo financiero para clocarle a un elemento llegado de Hacienda.

Ahora, se reclama el ajuste. Y se piden resultados. Y para llegar a ello la ruta es sencilla: el despido de trabajadores. Y se pone a la crisis como pretexto.

Pero el cuestionamiento que se hace sobre PEMEX no puede quedarse ahí. Si Hacienda controla el dinero, maneja los impuestos y dispone de los recursos que llegan a la empresa, ¿cuándo fue que se dieron cuenta de la crisis?

La deuda de PEMEX se dice, especialmente aquella contratada a corto plazo, es preocupante. Y debe serlo. Pero ¿cuándo fue que en la Secretaría de Hacienda notaron el problema? ¿En dónde estaban cuando se realizaban los endeudamientos?

El ajuste en PEMEX significará desempleo. Falta saber la magnitud. Pero esa será la parte central del ajuste. Y por supuesto, habrá costos políticos.

Pero aquí habrá que recordar que Agustín Carstens habló, hace poco, de un “choque potencialmente grave” a consecuencia de la problemática financiera y que, para ello resultaba necesario ”que los políticos” se mantuvieran alertas.

Esto es, en PEMEX se iniciará la toma de las decisiones económicas que provocarán reacciones políticas. Los financieros harán su parte, y esperan que los políticos cumplan con los suyo que no es otra cosa que evitar que la crisis se refleje en las calles o en las urnas. O en ambas.