Por Norberto DE AQUINO
La visita del papa ha servido, especialmente, para dejar en segundo término temas que, de otra manera, serían especialmente complicados para las autoridades. Y uno de ellos es lo que sucede en el Metro de la ciudad de México.
De manera singular, quedó casi en la oscuridad, el anuncio de que se tomaría una deuda de 22 mil millones de pesos para dar mantenimiento al subterráneo. Y ahí se dejaron las cosas. Dejar que el Papa cubriera todo el escenario y que los ciudadanos de la capital simplemente, ni cuenta se dieran de lo que sucedía.
Del mismo modo, hace poco, el flamante director del Metro, Jorge Gaviño, concedió una entrevista al diario español El País, en la que, en síntesis, afirmaba que el servicio que brinda la institución es prácticamente, excelente.
Hay “delitos menores” y algunas molestias. Esos delitos menores son “manoseos” o que te roben la cartera o la bolsa. Y las molestias incluyen retrasos de varios minutos. Pero el “servicio” de lo mejor.
En este punto, es donde aparece la deuda. Y el hecho de que sea para mantenimiento.
Habría que recordar que en 2014, el entonces director del Metro, Joel Ortega puso en marcha el Fideicomiso Maestro del Metro. Contaba con algo más de mil millones de pesos, y tenía como objetivo fundamental manejar las estrategias de mejoramiento del servicio.
Habría 16 nuevos programas para que el servicio tuviera los niveles adecuados. Cambios en el terreno de la energía, mantenimiento y varios más. Se reconoció en ese entonces, que se requeriría de unos 32 mil millones de pesos para todo lo que se necesitaba.
De ese total, habría capital federal, local y por supuesto, deuda. Deuda que ahora se sabe, tendrá como nivel 22 mil millones de pesos.
Ese total es superior al de la deuda del gobierno capitalino. Lo que implica que hay cosas que no se han explicado de manera clara.
Por principio de cuentas, y mucho antes de entrar en el terreno de la deuda, las autoridades capitalinas, con el señor Miguel Angel Mancera a la cabeza, tendrían que explicar la forma en que en diciembre del 2013 se determinó el monto del aumento para el boleto del Metro.
El alza, como se sabe, fue del 66% y el argumento para ponerlo en marcha fue el de la necesidad de mantenimiento, reconstrucción de trenes y compra de otros nuevos, incluso con aire acondicionado.
Ahora, nos dicen que para mantenimiento se requiere de una inversión que obliga a una deuda que es mayor a la del gobierno capitalino. Las cosas no concuerdan.
Del mismo modo, resulta imposible olvidar que las autoridades del metro chocaron con el sindicato de la empresa a causa de los contratos por mantenimiento en los que tradicionalmente, el sindicato ha
ejercido un férreo control, del modo en que sucede en otros campos, como el de las concesiones sobre alimentos.
Es igualmente, necesario que se aclare la forma en que para lograr el aumento, además de controlas las “encuestas” que apoyaron la medida, se hicieron las promesas, que hoy no se han cumplido.
Mejor servicio se dijo. Y a pesar de que el señor Gaviño pueda calificar de “excelente” el servicio del Metro, es claro que se trata de un transporte sucio, insuficiente, inseguro y lejano al compromiso de las autoridades.
Del mismo modo, los trenes prometidos no aparecen por ningún lado. Los plazos iniciales para ver los cambios se han vencido sin que la mejoría llegue. El control del sindicato es claro. Tanto como la sumisión de las autoridades. Y el usuario queda como víctima.
Los vagoneros no han sido erradicados. Ni de los trenes, ni de las estaciones. La mejoría no existe a ninguna hora.
Y ahora hay una nueva deuda. Pero como siempre, lo que hacen falta son las explicaciones. La transparencia a la que el gobierno de Miguel Angel Mancera es tan refractario.

