Por Norberto DE AQUINO
El papa concluyó su visita a Nuestro país y el eco de sus mensajes se escuchará por varios días más, en tanto que la Secretaría de Hacienda tendrá que hacer públicas las medidas que se tomarán para enfrentar las dificultades económicas que nos acechan.
La visita papal brindó a los encargados de las finanzas nacionales preparar el plan de contingencia, en el momento en que para todo mundo queda claro que el “vamos bien” y “nuestra economía está preparada para resistir la crisis” parece ya no ser suficiente para contener la ola de nerviosismo que se asoma en el horizonte nacional.
Con la salida del papa, las miradas se van sobre el problema de la economía que, se acepte o no, enfrenta un reto complejo, de larga duración y de efectos aún no bien definidos.
El gobierno tendrá, como primer paso, que decidir el cómo, el cuándo y el hasta dónde, de los ajustes en Pemex, en el entendido de que fue el propio gobierno de Enrique Peña el que se negó a reformar a la empresa antes de iniciar el proceso de la reforma energética.
La apuesta hecha por ele quipo de Hacienda no alcanzó las metas prometidas y aún cuando es obvio que en el futuro habrá mejorar para el país, también lo es que se ha debilitado tanto a Pemex que no parece simple lograr su recuperación y menos llevarla a los niveles de competencia que se podrían esperar.
Así las cosas, no son pocos los que se preguntan si en realidad lo que sucede hoy es lo que se buscaba. Esto es, que Pemex perdiera en la práctica el control por más que en la letra lo mantuviera. La venta de la riqueza se realizará de acuerdo a los intereses de los compradores y no de los nacionales.
Pero sea una u otra, la realidad es que este será apenas el primer paso. Recortar el presupuesto no es algo nuevo, por más que sea sintomático. El gobierno peñista no ha logrado alcanzar uno sólo de sus pronósticos de crecimiento. Es más, ahora el pronóstico se hace en base a “rangos” entre un punto determinado y otro. Lo cual tampoco ha dado resultado. Y ello significa que por más que los discursos digan otra cosa, la economía mexicana ha perdido fuerza.
Dentro del ajuste en Pemex y e recorte presupuestal, lo que asuma el rostro es el despido de trabajadores, especialmente en la empresa. Pero no serán los únicos. Los despidos arrancaron ya en el sector privado y cubrirán una buena parte de la planta laboral, con todo lo que ello implica.
Pero ello no será todo.
El problema es que para el año próximo también se tendrán que recortar las expectativas económicas. Y al mismo tiempo, por m´s que el optimismo sea desbordado en este campo, queda el reto de l inflación.
Decir que la caída del peso frente al dólar no impacta a la inflación es un buen recurso para buscar calmar los nervios de las amas de casa que no quieren escuchar nada más. Pero en la realidad, la amenaza de un brinco inflacionario es algo más que una posibilidad. Y valdría poner atención en los cientos de millones de dólares que de la reserva se han invertido para evitar que el dólar se disparara
más allá de lo económicamente tolerable. Peor perder reservas, aunque se ganen pesos, no es una ruta posible de mantener de manera indefinida.
Así, Hacienda no enfrenta el problema de ajustar el presupuesto y golpear más a Pemex. El reto es encontrar el camino para que la crisis no dañe de más las estructuras económicas. Y el desempleo es un daño enorme en todos los aspectos.
No es sólo recortar números. Sino saber en dónde, cuándo y cómo. Especialmente si se toma en cuenta que el presupuesto para el presente año se realizó con el criterio “base cero” y con la idea de que se recortarían todos los gastos innecesarios o que podían ser puestos en lista de espera.
Así, ahora recortar quiere decir ir a puntos que al elaborar el presupuesto se consideraron importantes. Y ello implica un daño evidente, sin importa qué sea lo que se rorte.
Y entonces queda pendiente la pregunta obligada: ¿sobre qué bases se fincó el proyecto económico del presente gobierno si resulta que la crisis actual es consecuencia de la sufrido en el 2008?
La posibilidad de inexperiencia, soberbia y optimismo sin fundamentos, cobra una dimensión especial. Y se convierte en una pesadilla para quienes prometieron crecimiento, empleo y crecimiento de todos los motores de la economía y todo lo que han logrado son tasas de avance similares a las del panismo. Aquellas a las que calificaron de mediocres.

