Por Norberto DE AQUINO
La receta no es nueva, pero mantiene sus resultados. Se busca crear confusión y fragmentar la realidad. Y eso es lo que se ha logrado en el caso de los normalistas de Ayotzinapa. Si lo que se quiere es convertir a la verdad en algo difícil de aceptar, lo mejor es crear el ambiente para que cada quien tenga una versión diferente. Y en eso trabaja el gobierno.
Es la ruta que la PGR siguió en el caso de la banda de los “Zodiaco”, Florence Cassez e Israel Vallarta. Para cuando la ciudadana francesa quedó en libertad, la confusión reinaba en el ambiente. Se había dado vida al racismo y al temor para evitar tener que dar explicaciones sobre todo un teatro montado para crear imagen favorable a la entonces AFI y a sus funcionarios, sin importar que para ello, se tuviera que atropellar a personas inocentes.
Es fácil recordar cómo se organizó el montaje para que las televisoras tuvieran su “exclusiva”. No se requiere de un ejercicio de memoria muy complicado para que se tenga a la mano como la ciudadana francesa y Vallarta fueron detenidos un día antes del “rescate”. Ni es difícil tener presente las muchas contradicciones en las declaraciones de las “víctimas” y de los propios funcionarios. O recordar como se dejó de lado el dictamen médico de los expertos de la CNDH que establecía como se había torturado a Vallarta.
Ante el mal resultado de los afanes propagandísticos de los funcionarios de la AFI y la PGR, se pasó entonces a la idea de crear la confusión como vía de escape políticos. Y cuando, varios años después, se llegó a la necesidad de liberar a la señora Cassez, se apostó a mantener en prisión al resto de los detenidos, quienes por cierto, no recibieron condena alguna, pero tampoco fueron liberados.
Ahora, la PGR trabaja sobre la misma línea. Ante el fracaso evidente de la “verdad histórica” creada para cerrar el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala, ahora se da vida a la confusión.
Se filtran versiones encontradas entre sí. Se fragmenta la investigación con lo que lo único se logra es entorpecer el trabajo, se impulsa el ataque a los expertos que rechazan la posición oficial y como en el caso de los “Zodiaco”, se espera que el tiempo ayude a evitar tener que asumir responsabilidades por lo sucedido.
Si en el caso de loa supuestos secuestradores fue la presión del gobierno galo lo que obligó al gobierno mexicano a tener que liberar a la señora Cassez, ahora se tiene el peso de una presión internacional más amplia. Y por ello se requiere de una confusión mayor. Lo importante es no llegar a tener que aclarar todo el expediente de la producción de droga en la zona de Iguala, la relación entre las fuerzas de seguridad y políticos con los grupos de la delincuencia organizada. Y menos aún, quienes están detrás de todo el proceso de lavado del dinero que esta relación produce.
La receta no es nueva. Es la que se utiliza cuando lago no resulta como fue planeada.
En el caso de los secuestradores, se quería hacer crecer una imagen. Se buscaba que la sociedad creyera que se trabaja y que se obtenían resultados importantes. Se quería un impacto mediático como cimiento de ambiciones políticas.
Ahora, en el caso de los normalistas, lo que se pretende es no llegar a la verdad y después, evitar que los responsables del intento de “carpetazo” tengan que rendir cuentas.
De esta manera, la filtración de datos “adecuados” es constante. No importa que no sean ciertos lo que se busca es que parte de la sociedad piense que esa es la verdad. Y entre más verdades existan, mejor para que la “verdad histórica” no sea responsabilidad de nadie.
La confusión como elemento de escape. No se quiere hacer justicia y menos realmente encontrar a los responsables, a quienes por supuesto las autoridades conocen de sobra.
Lo que se quiere es evitar el peso de la presión nacional e internacional y dejar que el tiempo haga lo demás.
Solo que a diferencia del caso de los secuestradores, en el que se pudo mantener en prisión a supuestos delincuentes a pesar de las muchas contradicciones, ahora será difícil complicado lograr que se crea que los normalistas simplemente se esfumaron en un basurero.
La credibilidad del gobierno federal ha entrado en una crisis de la que podría salir no sólo muy dañado, sino con los tiempos políticos totalmente agotados.

