norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Arrinconado por la realidad y vencido por las muchas crisis sin resolver, el gobierno de Enrique Peña Nieto quiere aparentar grandes avances, cuando es obvio que, en el mejor de los casos lo que hace es una retirada más o menos organizada. Esto es, aún no se inicia la huida.

Y un ejemplo claro de lo anterior lo brindo, con toda claridad y ahora sí, extraordinaria rapidez, el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, al rechazar la información de El País que ponía a la vista el desmedido apoyo del gobierno mexicano a Humberto Moreira durante su detención en España.

De acuerdo al periódico español, el gobierno mexicano se volcó en favor del ex gobernador de Coahuila y expresidente del PRI. Todos los recursos del estado fueron empleados para ayudar a Moreira. La Embajada en Madrid no escatimó esfuerzos o gastos. Y de acuerdo al trabajo de El País, se podría entender que la presión de Los Pinos para que Madrid dejará en libertad al priista fue enorme.

Ante ello, Osorio fue obligado a responder. Y por supuesto, negó los hechos. Aceptó que se pidió información. Como se hace en todos los casos de mexicanos con problemas en el extranjero. Algo que, claro está, no es aceptable. ¿En cuántos casos la titular de la PGR pide información a sus contrapartes sobre los mexicanos detenidos?

Pero el problema es otro. Si se analiza de manera rápida el accionar del gobierno, lo que tenemos en la mano es una administración que, lejos de informar sobre éxitos, conquistas y promesas cumplidas, lo que es batirse n retirada.

Una vez que el Pacto por México se fragmentó, con las grandes reformas estructurales detenidas en el tiempo, el gobierno perdió impulso. Y las crisis de Tlatlaya, las casas blanca y de Malinalco y el colapso provocado por Iguala, lo pusieron contra las cuerdas.

La presión social creció ante la crisis de seguridad. La economía no ayudó en nada. Y poco a poco, el gobierno se quedó sin discurso. Todo lo que se había prometido había desparecido.

Los 4 puntos extras en el PIB que se tendrían gracias a las reformas estructurales, pasaron a ser parte del “mediano y largo plazo”. El optimismo cedió el paso a la realidad.

Así, el gobierno entró en la etapa defensiva. No había sido el ejército el culpable en Tlatlaya. Y de ahí no se ha movido a pesar de todas las pruebas. No fueron las autoridades federales responsables de la crisis en Iguala, a pesar de que se tiene claro que la complicidad de autoridades y delincuentes fue siempre, responsabilidad del gobierno federal. No se entiende ni atiende, la postura del GIEI, para aclarar lo sucedido con los normalistas de Ayotzinapa. Es más se les ataca y critica con la evidente idea de lograr crear dudas en sectores de la sociedad, para aminorar el golpe que pueda resultar de su investigación.

La marcha atrás del gobierno sin embargo, deja como toda retirada, muchas piezas abandonadas. La casa blanca podrá tener justificación de la Función Pública, pero hoy se tiene claro que esa dependencia y su titular, Virgilio Andrade, no pasan de ser un muy mal chiste en el escenario político nacional.

La casa de Malinalco se convirtió ya, en una losa mucho más pesada en la imagen del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, justo en el momento en el que la economía muestra signos de debilidad y se tienen que adelantar tiempos y compromisos en busca de la tranquilidad de los inversionistas y de la llegada de nuevos capitales.

Ante el nulo cumplimiento que se estableció para abandonar el “mediocre crecimiento” que se había logrado con las administraciones panistas, hoy se juega con los números, se suman de manera poco ortodoxa y se presume un crecimiento que no sólo no existe, sino que nadie cree.

El gobierno busca salidas a sus crisis. Lo hace en los tiempos electorales en espera de que le funcione la estrategia, sin entender que su incapacidad para la comunicación es crónica, progresiva y de ato riesgo, ya que le separa día a día, de la sociedad.

Rechazar informaciones como la de El País no resuelve el problema. Nadie piensa que sea cierta la versión oficial. Atacar a los expertos de la CIDH y a los argentinos, sólo muestra el temor que se tiene a sus actividades.

Se atacó en su momento a Juan Méndez, comisionado de la ONUO sobre derechos humanos cuando dijo que en México se practicaba de manera generalizada, la tortura. Y no sólo se perdió el pleito, sino que demostramos que podíamos no decir la verdad.

Y ahora, en la retirada oficial, lo que se deja ver es que de las lecciones de los tres años pasados, no se aprendió nada. Y no se entendió lo que debe ser la comunicación. Si el gobierno vive en la Tierra Feliz, ello no significa que los ciudadanos se encuentren en el mismo espacio y menos que compartan la felicidad oficial.