Por Norberto DE AQUINO
Aurelio Nuño, Secretario de Educación Pública, se mantiene en la línea del juego de imágenes. Persigue la línea de la dureza, con la idea de parecer firme. Y lanza ataques a los rivales, pero deja abierta la puerta a posibles negociaciones. Habla de los logros de la reforma educativa y se guarda, muy bien de tocar los temas sobre los que nada se ha hecho.
El funcionario mantiene la línea ya establecida. Los lunes son un buen día para marcar la ruta. Visitar escuelas, hacer señalamientos o anunciar despidos. Lo importante es apoderarse de los lunes, para que el resto de la semana los ecos se dejen escuchar.
El problema es que, guste o no, Aurelio Nuño habla de una reforma educativa que no ha pasado de ser un ajuste laboral en el sector educativo.
Habla por supuesto, de espacios de aprendizaje con calidad, pero no explica lo que ello significa, especialmente cuando todo mundo sabe que ello, de lograrse, tendrá un carácter limitado. Así, la calidad no será para todos. Al menos no en los tiempos cercanos.
E refiere a la reorganización política del sistema educativo, cualquier cosa que ello significa. Menciona que habrá que contar con los mejores docentes y de mejorar los contenidos en el programa, tanto como de la vinculación entre el sistema educativo y e mundo laboral.
Pero se abstiene de mencionar plazos, contenidos, rutas para el cambio y por supuesto, del papel que debe jugar el estado, más allá de lo que hasta el momento ha sido el jugar a presentar un rostro de dureza.
Aurelio Nuño se mantiene en su estrategia. Pero no son pocos los que quieren saber cómo es que se llegará a contar con mejores maestros, si toda la estructura de normales está a cargo del gobierno que hoy se queja de la falta de preparación de los maestros.
Del mismo modo, ¿se puede aspirar a contar con los mejores mentores sin hablar con toda claridad de los salarios? Dicho de otra manera, ¿con los salarios actuales se puede demandar una calidad que no se aplica para los maestros?
Es obvio que el magisterio se ha convertido en un problema político de grandes dimensiones. ¿Pero no hay responsabilidades políticas que exigir a las autoridades del sector? ¿Los maestros solitos caminaron al punto en que hoy se encuentran? ¿Nadie entendió lo que sucedía? ¿el gobierno actual se dio cuenta del problema tres años después de haber iniciado su gestión? ¿Los tres años anteriores no mostraron nada? ¿Las autoridades anteriores no tienen nada que explicar? ¿Las negociaciones del gobierno con los maestros quienes las realizaron y quiénes las autorizaron?
Del mismo modo, ¿no es hora de que el señor secretario de Educación nos explique con toda claridad, todo el capítulo de capacitación para los maestros? Un gobierno que como el actual gusta tanto de los índices de la OCDE ¿no tendría que explicar cuánto se gasta en promedio por maestro en capacitación y al mismo tiempo, hacer la comparación con la citada OCDE?
Finalmente, ¿qué de los actuales contenidos es lo que se piensa eliminar y qué es lo que se piensa impulsar? La reforma educativa no pasa por el número de maestros o por los programas de evaluación solamente para los mentores.
¿No tendríamos que evaluar antes a las autoridades? ¿No se tendría que plantear con seriedad, la necesidad de programas efectivos para que los maestros se encuentren en condiciones de brindar la enseñanza que se les demanda.
¿Es válido presionar a los maestros por la mala calidad de su trabajo cuando la autoridad no ha puesto la debida atención en la capacitación, no paga salarios adecuados y las escuelas no reúnen las condiciones mínimas para su función?
Aurelio Nuño iniciará hoy el despido de maestros que no se presentaron a las evaluaciones. Pero no correrá a todos. Serán un número importante, pero la parte gruesa del grupo que no se evaluó quedará en veremos, con lo que otra vez, aparece el fantasma de las negociaciones y los acuerdos políticos. Ello generará imágenes favorables, pero de nueva cuenta nos llevará al punto de inicio del problema que no es otro que la falta de calidad de maestros y autoridades.
Por el momento, la reforma educativa no es más que el frente de batalla político entre quienes buscan mantener privilegios y comodidades sindicales y entre quienes desean encontrar en el malestar de los padres de familia una plataforma política sobre la cual cimentar ambiciones con miras al 2018.
¿Y la verdadera reforma educativa? De ella se hablará en el momento adecuado. Y será sólo como parte de esta batalla. Y No más.

