norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

La agenda de fracasos políticos de Miguel Angel Mancera como titular del gobierno capitalino es enorme. Pero no tan grande como la de las posturas demagógicas con las que pretende mantenerse como aspirante a una candidatura presidencial. La que sea.

Consciente, como pocos, de que su fracaso como gobernante es enorme, intenta cubrir con actos de efecto mediático, el nulo resultado. Y pretende, claro está, convertir la derrota en victoria.

De esta manera, si la ciudad capital enfrente un durísimo problema de inseguridad, se habla del salario mínimo. Si el caos vial ahoga a los capitalinos, se pone en marcha una inversión de vehículos para controlar la contaminación, que ni siquiera funcionan. Si la sociedad se queja de la corrupción, se lanzan proyectos de “gran envergadura” como la mega rueda de la fortuna para Chapultepec.

Se cambia el nombre del Distrito Federal por el de Ciudad de México y se quiere presumir que a partir de ese ajuste, los capitalinos somos ciudadanos de primero, cuando en realidad somos de tercera gracias a los muy pobres resultados de los gobiernos capitalinos que, como siempre, mucho prometieron y prácticamente nada cumplieron.

La carrera de Mancera para tratar de detener su caída en la popularidad, se acelera. Fracasa en la idea de luchar por el salario mínimo por la simple y sencilla razón de que no tiene proyectos de producción, sino de propaganda. Promete maravillas para el Metro, pero en realidad lo que busca es dinero. Consigue su objetivo y se olvida de os usuarios.

Se queja de todos, y busca aparecer como el salvador de la ciudad. Pero esconde los índices de inseguridad. Y cuando algo sale mal, lo resuelve en horas, sin importar que existan o no pruebas para ello.

Así, el caso de los jóvenes de Tepito secuestrados y asesinados, queda “aclarado” sin que realmente se sepa qué fue lo que sucedió. Se presume que no hay delincuencia organizada en la Condesa, pero cuando aparecen los problemas, n los que hijos de exfuncionarios de la PGJ de la que él fue titular el sexenio pasado, nadie encuentra a nadie. Y el tortuguismo en la investigación se convierte en el aliado del tiempo para que todo se olvide.

Ahora, el señor Mancera quiere luchar con la Secretaría de Hacienda en materia de recortes y con la de Comunicaciones y Transportes sobre el destino que correrán los terrenos sobre lo que hoy se encuentra ubicado el aeropuerto capitalino.

En el primero de los casos, quiere que se le den explicaciones sobre las razones sobre las que se fincó el recorte aplicado en el presupuesto, que como todo mundo sabe, tiene y tendrá efectos sobre la planta laboral.

El señor Mancera “quiere explicaciones”, pero en realidad lo que pretende es aparecer como el defensor de quienes sufren de manera directa el impacto de las medidas económicas. Será el “político de izquierda” que se enfrente al gobierno federal priista. Será el “defensor de los pobres”. Al menos lo intentará.

Y para fortalecer su posición, resalta lo que la ciudad de México dejará de tener gracias al recorte. No ampliaciones en el metro y de manera colateral, impacto en programas sociales.

Mañosamente, oculta los gastos de su gobierno, como el de la citada rueda de la fortuna, o el enorme costo que tendrá la elaboración de la constitución capitalina que, en términos prácticos, poco aportará para la mejoría de la vida de los capitalinos.

Sobre los terrenos del actual aeropuerto, el señor Mancera pataleo y grita, pero olvida que la construcción del nuevo aeropuerto tomará tiempo, tanto que su gobierno habrá terminado antes de que la obra llegue al final. Así, adelanta una discusión sólo para mantener la idea de que se “preocupa” por la ciudad.

Una ciudad a la que su gobierno ha sumido en corrupción abierta en todos los niveles. Una ciudad que padece construcciones ilegales en todas partes y que, como en Santea Fe, el problema se deja de lado a base de pactos políticos. Una ciudad que tiene una policía que participa de la delincuencia. Una ciudad en la que los hijos de los funcionarios o exfuncionarios se sienten con derechos sobre el resto de los ciudadanos.

Una ciudad que elevó costos en el Metro y no la calidad en el servicio. Que ve como día a día la vialidad empeora. Que sabe que si aire no mejora y que nada se hace para enfrentar el problema.

Una ciudad que sabe que sus autoridades están más ocupadas en construir plataformas político electorales, que en servir a los ciudadanos. Una ciudad en la que los capitalinos son vistos como mercancía política y no como obligación y cmpromiso.