norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Fiel a su costumbre de evadir responsabilidades, Miguel Angel Mancera intentó escabullirse para no hacer frente al problema de la contingencia ambiental decretada el martes pasado en la capital del país.

Y como es conocido, el titular del gobierno de la ciudad de México buscó responsables en todas partes, menos en su administración.

Así, que si tal organismo no hace nada, que si los municipios mexiquenses no colaboran, que si el gobierno de la vecina entidad no ha integrado un programa “hoy no circula” y en general, repartir culpas para no aceptar culpabilidades.

Pero la realidad es simple. Es en esta administración cuando se decreta una contingencia que hace mucho no se tenía. Esto es, la calidad del aire obligaba a medidas de emergencia. Y sin negar que hay quienes tienen que enfrentar sus culpas, es claro que el gobierno de la ciudad de México ha sido, en el mejor de los casos, incapaz de aplicar medidas para evitar el deterioro del aire en la capital.

Los avisos sobre la tormenta que se avecinaba no fueron pocos. Se puede recordar que por ejemplo, en diciembre, época en la que disminuye algo el uso del automóvil, las precontingencias aparecieron sin que nadie pusiera la debida atención en las advertencias.

Ahora, con la emergencia en las manos, el gobierno del señor Mancera se lanza no a resolver la crisis, sino a repartir culpas. Quiere, como ha sido su costumbre, señalar culpables, no aceptar fallas.

Pero las interrogantes son sencillas y obligadas.

Si la contingencia del martes es la primera en varios años, ¿no es obvio que el gobierno de la ciudad de México no hizo lo debido para mantener los niveles aceptables de calidad del aire?

Hablar de que la Corte derribó el “hoy no circula” es apenas parte de la verdad. Falta por saber las causas por las que el gobierno mancerista no actuó en consecuencia. No parece lógico pedir que se corten libertades a unos para favorecer a otros. Tal vez un poco de valor político y hacer obligatorio el día sin auto sin importar tamaño, precio o año del vehículo fuera más sensato que castigar a los que menos tienen.

Sería interesante conocer a fondo el programa ambiental del gobierno capitalino, con objetivos, plazos y efectos que se quieren lograr.

Cerrar vías, reducir carriles e impulsar un reglamento de tránsito que sólo pretende obtener dinero de todas las formas posibles, también es un factor en contra de la calidad del aire. Y nada tienen que ver gobiernos vecinos, la Corte o la industria de las zonas conurbadas.

Del mismo modo, si la energía que Mancera destina a evadir responsabilidades se aplicará a poner orden en el trasporte urbano, tal vez la contaminación disminuyera aunque fuera un poco. Pero los choferes de autobuses se saben dueños de las calles capitalinas y entienden que el ciudadano es su rehén, por lo que hacen lo que se les antoja en el momento en el que se les antoja. Y todo lo que hacen

contribuye a la contaminación a ciencia y paciencia de las autoridades que hoy quieren evadir su responsabilidad.

La costumbre del señor Mancera se mantiene. Le encanta cortar listones y presentarse como benefactor de los pobres. Ha iniciado una campaña política para darse a conocer en el resto del país, obviamente con dinero de los capitalinos.

Quiere que sus “programas” sean copiados por todos los gobiernos. Presume lo que de palabra hace. Pero a la hora de los problemas, simplemente evade el bulto. Y con una facilidad extraordinaria, pretende hacernos creer que la contaminación es culpa de todos, menos de su gobierno. El es tan sólo la víctima.

Pero olvida que este es un problema de salud pública. Y que su responsabilidad es entre muchas otras, evitar que este tipo de situaciones aparezcan. Y como no tiene nada para luchar contra el problema, su respuesta es, simplemente, señalar a todos los culpables, ninguno de los cuales forma parte de su gobierno.

La ciudad de México es víctima de la contaminación política, que en aras de las ambiciones futuristas ha dado forma a un gobierno que no atiende los problemas, que no responde a las crisis y que es incapaz de aceptar sus fallas.

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