Por Norberto DE AQUINO
La realidad ha puesto al gobierno del Distrito Federal en su verdadero nivel. Una cosa es cortar listones, hacer discursos y lanzar promesas, y otra muy distinta, resolver problemas. Y el reto de la contaminación parece no sólo haber sorprendido a las autoridades capitalinas, sino que evidenció la total ausencia de un plan de desarrollo para la ciudad de México.
La entrada en vigor del programa Hoy no Circula en su etapa sin restricciones, mostró las muchas y enormes fallas en la estructura de la ciudad. El transporte público no tan sólo es malo e insuficiente. No responde a las demandas de una urbe como la capital mexicana.
Las fallas en la ciudad son muchas. La inseguridad es creciente. La corrupción aparece en todos los niveles en todas las oficinas de gobierno. La explosión inmobiliaria se convirtió en un evidente negocio. Y la ambición por nuevas posiciones políticas en el futuro es la constante. Los ciudadanos no tienen importancia alguna.
La decisión del Hoy no Circula parejo fue impuesta al gobierno de la ciudad. Y sus intentos por repartir culpas especialmente con el Estado de México en lo que a producción de contaminantes se refiere, demostró a plenitud que la capital tiene un gobierno que ve hacia el 2018, pero no entiende ni atiende las demandas sociales de hoy.
Así, el nuevo capítulo del Hoy no Circula resolvió algo, el problema de la vialidad. Pero todos los expertos dicen que no será suficiente para enfrentar el reto de la polución.
Y no lo será por la simple y sencilla razón de que el gobierno del señor Miguel Angel Mancera no tiene la intención de hacer frente al reto. Lo que pretende es sobrevivir a la crisis.
Ayer quedó claro que la ciudad no tiene un servicio de transporte urbano suficiente ni eficiente. Y que el Metro se quedó anclado en las promesas hechas en diciembre del 2013, cuando para lograr el aumento del 66% en el pasaje, se estableció el compromiso de mejorar el servicio y poner más trenes, nuevos y rehabilitados, en servicio.
Ayer, al parar miles de automóviles, los servicios de transporte quedaron saturados. Y el gobierno en evidencia. Y urgido de que la temporada de lluvias llegue si no es posible antes de tiempo, no tarde, para poder retirar la medida adoptada.
Pero el gobierno tendrá que entender que, le guste o no, al mismo tiempo que el servicio de transporte mostró todas y cada una de las enormes carencias que padece y afectan a los ciudadanos, apareció la más que significativa de un programa ambiental moderno y real.
El gobierno capitalino habla de muchas cosas, pero pocas de ellas tienen impacto real en la vida de los capitalinos. Y los programas ambientales son una buena prueba de ello.
Del mismo modo, la demanda “respetuosa pero firme” que el señor Mancera hizo al presidente Enrique Peña para obtener cinco mil millones de pesos para transporte, no puede verse como una señal en favor
de los usuarios, sino como una postura que pretende salvar algo de la imagen del titular del gobierno de la ciudad capital.
Es sencillo entender que la demanda no resolverá el problema. No hay forma de tener en plazos cortos la cantidad de unidades para el transporte que puedan modernizar el servicio en la ciudad.
Pero sí puede servir para “demostrar” la preocupación del gobierno mancerista para hacer frente a la crisis de la contaminación. Y si el dinero no llega, o se tarda en llegar entonces se tendrá la disculpa perfecta.
Pero el dato que más preocupa en todo esto, es la actitud asumida en el gobierno del otrora Distrito Federal.
Al momento de la contingencia, se buscó evadir la responsabilidad. Se lanzaron culpas sobre las entidades vecinas, con especial énfasis en el Estado de México. Ello no significa que el señor Eruviel Avila no tenga responsabilidad en el problema. Significa que Miguel Angel Mancera no tiene respuestas y que prefiere buscar a quien culpar por las cosas que su gobierno no ha hecho.
Y ese es el punto. ¿Cómo es que en unos años pasamos de tener avances en la calidad del aire, a un nivel de contaminación que rebasó los niveles históricos en este problema? La respuesta es simple: se dejaron de hacer cosas y otras más no se hicieron.
Y ahora, se aplica de manera generalizada el Hoy no Circula, se lanza la imagen del transporte gratuito en ciertos casos y se apuesta por la llegada de las lluvias.
Pero todo ello no resolverá el problema de manera definitiva. Pero para llegar a una respuesta real, primero los políticos y autoridades tendrían que buscar el beneficio social. Y ello, por supuesto, sería sacrificar la ambición para el 2018.
Algo que Miguel Angel Mancera no quiere ni siquiera pensar.

