Por Norberto DE AQUINO
Los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes acusaron de irresponsable a la PGR por romper acuerdos, difundir documentos no conclusivos y por no mostrar sensibilidad por el derecho a saber la verdad sobre los sucesos de septiembre del 2014 en Iguala.
Después de haber enfrentado en las últimas semanas una feroz andanada de ataques mediáticos con los que se buscó dañar su ética profesional y su trabajo en México, los expertos señalaron que el tercer peritaje sobre el basurero de Cocula para determinar si los cuerpos de los 43 normalistas de Ayotzinapa fueron cremados en dicho tiradero, no fue consensuado y la PGR decidió presentarlo a “pesar de que nos opusimos a ello”.
El rompimiento se formaliza. El gobierno de México puso todas las condiciones a su alcance para que la labor de los expertos no llegara a ben término. El gobierno resistió las críticas a la verdad sabida. Y decidió evidentemente, dejar correr el tiempo para que, cumplidos los plazos los expertos del GIEI salieran del país.
El gobierno decidió retomar la verdad histórica, con algunas variantes. Pero sosteniendo la columna vertebral defendida desde el inicio del escándalo. Se atacó a los representantes de la CIDH y se endurecieron las posiciones, para que, en el momento adecuado, todo lo que quedara en la mano fuera la versión oficial. Así, se determinó el viernes pasado que el peritaje fuera dado a conocer a pesar de los acuerdos firmados en contrario.
La PGR que ha perdido credibilidad a pasos agigantados con su manejo en este caso, buscó con reuniones privadas el martes pasado, suavizar la postura de los expertos internacionales. Pero no logró gran cosa. Y ahora, lo que se ve es la separación entre los visitantes, acosados mediáticamente, y el gobierno dispuesto a pagar la factura de la verdad histórica.
Pero los hechos son simples. Las solicitudes hechas por el GIEI no se cumplieron a pesar de las promesas. La idea de estar presentes en los interrogatorios a los soldados del pelotón destacado en Iguala el día de los acontecimientos fue simplemente rechazada de manera enérgica. Nada de trabajar sobre los nexos de políticos locales y federales, con la delincuencia organizada. Todo tenía que cerrarse en autoridades ligadas al PRD y sin salir de la zona de Iguala.
Pero ayer mismo se vio que el gobierno mexicano tendrá problemas con su estrategia. No pasará mayores apuros para mantener su posición y abrir la puerta de salida del país al GIEI. Pero de ahí a que su verdad histórica sea respaldada en el mundo parece existir una distancia muy grande.
Justo antes de que se iniciara la conferencia de prensa en la que los expertos darían a conocer su postura ante la actitud tomada por la PGR, apareció un grupo de relatores de la ONU, todos en el campo de los Derechos Humanos, en sus diferentes frentes, para exigir al gobierno de México una actitud clara en defensa de los expertos y en general de todos los defensores de DH. Y los términos de la exigencia dicen que en lo internacional, no será bien vista la decisión de las autoridades mexicanas.
Por lo pronto, el GIEI destacó que el peritaje fue utilizado de manera política, con lo que exhiben a las autoridades en un afán de conquistar simpatías más que buscar resolver el caso.
Mostraron su preocupación por el hecho de que una decisión de esta naturaleza fuera tomada por una alta instancia del gobierno federal y reiteraron que ello fue simplemente irresponsable.
De esta manera el gobierno entró en la ruta del rompimiento y el GIEI aceptó el reto.
Tenemos la versión oficial que es una variante de la verdad histórica, y una larga serie de cuestionamientos sin resolver. Vamos, sin que siquiera se hayan realmente atendidos.
Y del otro lado, expertos que, con apoyo de organismos internacionales, dejan ver dudas no sólo sobre los hechos, sino en torno al accionar del gobierno.
Y esta es una apuesta que, para poder ser ganada, requiere de elevados niveles de aceptación y credibilidad social.
Algo que de acuerdo a las encuestas, el gobierno mexicano parece no tener en cantidades suficientes como para poder vencer, con lo que la ruta que se seguirá no podrá ser otra que la de imponer.

