Por Norberto DE AQUINO
Para que nadie tenga ningún tipo de dudas sobre cuáles son sus prioridades, el titular de la Función Pública, Virgilio Andrade, destacó ayer en un foro internacional, que la corrupción es un problema cultural. Tal y como ya lo había manifestado Enrique Peña Nieto, sin convencer a nadie con su explicación.
Andrade lanzo uno de esos discursos disfrazado de ponencia, en el que cabe cualquier interpretación. Así, la corrupción no es de razas, pero si cultural. Pero cultural en lo que se refiere a lo humano. Esto es, que cada quien entienda lo que mejor le parezca. El objetivo del señor titular de la Función Pública fue el de poner en claro que el presidente de México tenía razón en su análisis presentado hace algunos meses, y que dígase lo que se diga, el peñismo sí lucha en contra de la corrupción.
Y no perdió ritmo. Explicó que el Sistema Nacional Anticorrupción no tiene los instrumentos que se requieren para el mejor éxito de los empeños del gobierno. Dice que por ello, por importantes que puedan ser los esfuerzos oficiales en contra de la corrupción, no serán suficientes. O lo que es lo mismo, este es un problema de leyes y no de voluntades. Y nadie pude dudarlo.
Sin embargo, el funcionario se guardó de entrar en el tema de las explicaciones, por lo que las interrogantes sobre el motivo por el cual el SNA es insuficiente tendrán que esperar antes de tener las respuestas adecuadas.
No parece lógico el que se quiera presentar un combate a la corrupción como el que dice el gobierno llevar al cabo, bajo condiciones en las cuales, según el señor Andrade, se sabe que no se llegará a nada en concreto.
El titular de la Función pública, que es el mismo que investigó el caso de las casas Blanca y de Malinalco y que llegó a la conclusión de que no existía conflicto de interés alguno, ahora nos dice que en el país hay un firme accionar del gobierno para combatir la corrupción. Pero con el marco legal existente, es imposible ir más allá de lo que se ha logrado.
Así, si las autoridades de Hacienda no pueden detectar movimientos bancarios de grandes cantidades de dinero, no se trata de incapacidad, o de otras cosas, sino de falta de leyes. Del mismo modo, si esas grandes cantidades de dinero salen del país rumbo a paraísos fiscales, el problema no es que las autoridades no sepan, sino que no pueden hacer nada.
Del mismo modo, si se pagaron o no los impuestos respectivos, se tiene que hacer una investigación después de que alguien reveló la salida de los capitales y no en el momento en el que ese dinero ingresó al sistema bancario.
Nada de conocer el origen y menos si existen ligas no aceptables. Nada que pueda poner orden en el sistema bancario. Todo a posteriori y más con la idea de cerrar los casos, que de llegar realmente a la verdad de lo sucedido.
Así, la explicación que en su momento dio el presidente Peña sobre la corrupción al considerarla un problema cultural, tiene ahora una ampliación. La versión de algo que podría considerarse el estilo mexiquense de aquel famoso “lo que el presidente quiso decir” de tan penosos recuerdos.
El intercambio de favores que en todos los niveles se practica y que ha desbarrancado al gobierno actual, tiene ya su solución: se trata de un problema de “falta de dientes”. Quienes crearon el SNA no supieron hacer las cosas. Y por ello los problemas que tenemos como país gracias a la corrupción.
Pero, ¿no es la mayoría priista la que ha detenido en el Congreso este tema? ¿No si hay voluntad en el gobierno para avanzar en el combate a la corrupción, esa mayoría tendría que trabajar con mayor rapidez y seriedad?
La verdad es que el señor Andrade estaba más preocupado por volver a demostrar al presidente su lealtad, que por atender las demandas de la sociedad en lo que a eliminar la corrupción se refiere.
Y los discursos pueden alcanzar la apariencia de lo que se quiere, pero difícilmente podrán llenar el hueco que se padece. Y ese hueco se llenará, más tarde o más temprano con el hartazgo de la sociedad.
Por más que el señor Andrade quiera convertir el problema, para respaldar los dichos presidenciales, en un problema “cultural”.

