norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

El problema de la tortura en México rebasa, con mucho y con gran facilidad, las disculpas del gobierno. No es con un perdón como el reto podrá resolverse. El gobierno no quiso entender los mensajes recibidos lo mismo desde el exterior que del interior. Y hoy agobiado por la presión, quiere encontrar la salida protegido por un “usted disculpe” que nada resuelve.

Para entender mejor la realidad, tendremos que alejarnos de las disculpas. Creíbles o no. Aceptadas o no. La realidad es la que debe marcar la ruta de las soluciones. Y fue el gobierno el que se negó a seguir la vía adecuada y ese error, es el que ahora lo coloca, de nueva cuenta, de espaldas contra la pared.

Tal vez el caso que mejor ilustra la nueva crisis que enfrenta el gobierno de Enrique Peña Nieto sea el registrado en la primera parte del 2015, cuando la administración peñista chocó con todo, con la ONU. Recordar ese incidente permite, por obvias razones, entender las causas que llevaron al país a la problemática actual.

El relator de la ONU sobre torturas, Juan Méndez, visitó nuestro país entre el 21 de abril y el 2 de mayo de 2014. Y en los primeros días de marzo siguiente (2015), presentó en Ginebra, su informe respectivo.

Dicho informe fue simplemente, demoledor. Y guste o no, puso en claro la ruta que llevaría a México a una crisis sobre derechos humanos.

En su informe y como resumen muy breve de lo dicho por el funcionario de la ONU, quedó señalado que en nuestro país, todas las autoridades practicaban la tortura. Y que ese mal generalizado ocurría desde la detención hasta la puesta a disposición de la justicia.

Por supuesto, el informe es imposible de repetirse en ese espacio. Pero la idea de la tortura generalizada, de la incapacidad de las policías y de que todas las autoridades, incluidas las fuerzas armadas, se valían de ella se convirtió en la columna vertebral de los señalamientos.

Claro está que el gobierno mexicano reaccionó con la furia acostumbrada cuando recibe crítica alguna. El titular de Relaciones Exteriores en ese momento, José Antonio Meade Kuribeña, se lanzó de frente contra el relator de la ONU. Los calificativos llenaron el espacio. La negativa fue la constante. Habrá que tener presente que Meade, ahora como titular de SEDESOL ha rechazado la medición de la CEPAL sobre la pobreza en México, también con descalificaciones y con “cifras” que prueban que lo dicho por este organismo internacional no se ajusta a la realidad.

El gobierno Mexicano se rasgó las vestiduras y negó que la tortura existiera y menos como algo generalizado. Y con la satisfacción de haber “enfrentado” al “enemigo” se dedicó a voltear para otro lado. Hasta que los videos le demostraron que sus discursos nada tienen que ver con la realidad.

Y esa realidad mostró a elementos del ejército y de la policía federal en actos de tortura que no pueden ser cubiertos mediante el fácil expediente de la disculpa.

El problema guste o no en el gobierno, no es la existencia de un video o los afanes de grupos por ventilar lo que han policías y fuerzas armadas. El problema es que la tortura se practique y que no se haya atendido el mensaje de la ONU confundiendo la soberbia nacional con la impunidad.

Preguntarse qué hubiera sucedido si el gobierno en vez de atacar a Juan Méndez hubiera puesto algo de atención sobre el problema de la tortura nos lleva a una respuesta simple: las cosas hoy serían totalmente diferente.

Es cierto, como lo dijo Juan Méndez, que es claro que el ejército no estaba preparado para las funciones que hoy se le tienen encomendadas como policía. Pero ello no es justificación, sino explicación de las cosas que el gobierno no ha hecho para remediar la situación.

Es obvio que el ejército no tendría que estar en las calles. Pero también que cerrar los ojos los abusos que se cometen tampoco se remediarán con una disculpa.

El ejército quedó atrapado en los juegos políticos del gobierno. Y ahora se buscan remedios para resolver la crisis.

Pero la crisis es generalizada. Como lo dijo la ONU en los inicios del 2015. El problema es serio. Y hay responsables que no son precisamente los militares. En el ejército hay malos elementos. Pero en el gobierno hay incapaces.

Y en tanto ello no se resuelva, la tortura generalizada se mantendrá. Por más disculpas que se obligue a dar al ejército y a las policías.