norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Tal y como se acostumbra, ante la oleada de críticas y prácticamente sin defensa alguna, el gobierno de Enrique Peña Nieto se lanzó a enfrentar el reto de los derechos humanos con grandes discursos y decididas promesas. Pero nada más.

Con las disculpas ofrecidas por el Ejército y por la Policía Federal por el video de la mujer torturada que tanto escándalo ha provocado en el mundo y un evidente esfuerzo discursivo por un buen número de funcionarios, el gobierno parece creer que ha logrado resistir sin mayores daños, la nueva andanada internacional en su contra.

Pero ya se dijo que el problema no es el video. Como la solución no es el pedir perdón. El problema radica en el hecho más que evidente, del abandono que el gobierno practicó en todo lo que es realmente, el respeto a os derechos humanos.

Cuando Juan Méndez, relator de la ONU sobre la tortura puso el dedo en la llaga y reveló que la tortura en México era una práctica generalizada y llevada a la práctica por todas las fuerzas de seguridad, incluidas las fuerzas armadas, el gobierno se ofendió y buscó desacreditar por todos los medios posibles, al funcionario de la ONU.

Hoy, ante un video en el que con toda claridad se ve a una mujer torturada por elementos del ejército y la policía federal, el mismo gobierno que negó antes esa posibilidad, hoy ofrece disculpas y hace esfuerzos desesperados por acreditar que se trata de hechos aislados.

No hay a quien desacreditar. No hay a quien cuestionar ni acusar de posiciones que buscan desacreditar al gobierno. Pero se intenta minimizar lo sucedido. Esto es, no se quiere reconocer la gravedad del problema. Y a pesar de las evidencias, se pretende salvar la imagen del gobierno, no entrar de lleno al terreno de las soluciones.

Así, la pregunta tendría que ser ¿qué sigue? Ya se iniciaron los procesos en contra de policías y militares involucrados en los hechos del video. Hay discursos y acciones de firmeza. Pero nada más.

La situación es seria.

Primero, un hecho ocurrido en febrero del año pasado, fue descubierto por el ejército en la parte final del año. Ello nos lleva a pensar que nadie sabía nada del hecho. Y ante ello, ¿qué otras cosas no se saben? ¿Cómo se remedia esa situación?

Del mismo modo, ¿no hay responsables en la cadena de mando? ¿Los soldados y los policías tienen un margen de acción tan grande que pueden torturar a alguien, delincuente o no, sin que nadie se entere?

Eso no es todo.

Según se presentaron los hechos, hay un punto que debería provocar miedo en todos los sectores, ya que la cacareada comunicación entre las diversas entidades involucradas en el combate a la delincuencia no existe.

De acuerdo a las posiciones del ejército y la policía federal, ésta última desconocía lo sucedido hasta que apareció el video. Esto es, el ejército jamás le comunicó sobre un evento en el que habían tomado parte elementos de las dos instituciones, a pesar de que ya había iniciado juicio en contra de una soldado.

Esta falta de colaboración y de comunicación tira por tierra buena parte del discurso oficial. No hay responsables en la cadena de mando en ninguna de las dos instituciones. No hay comunicación entre ellas. El juicio se inició en el ejército meses después de ocurrido el hecho. ¿Y todo se resuelve con una disculpa pública?

En estos momentos, las autoridades de todos los niveles tendrían que recordar que en campaña, Enrique Peña Nieto prometió combatir la delincuencia con inteligencia más que con fuerza. Y los hechos demuestran que es la inteligencia la que no se ha hecho presente en todo este tema y que la violación de los derechos humanos marcha viento en popa en México.

Pero tal vez, como siempre, sean los hechos externos los que pongan algo de remedio en la problemática.

Hillary Clinton, aspirante a la candidatura demócrata en Estados Unidos y posiblemente próxima titular del Ejecutivo estadounidense, señaló ya que no cree que “violar derechos humanos sea la mejor manera de que el país (México) esté en posición de derrotar a los cárteles criminales”

La señora Clinton se declaró preocupada por lo que sucede en México y demandó mejor preparación en nuestras fuerzas de seguridad.

Y si en el pasado el gobierno se negó a entender los mensajes de la ONU, es posible que con la mira puesta en el futuro ahora sí se ponga algo de atención a los mensajes que llegan desde el norte. Especialmente si se recuerda quién es el mensajero y cómo se ha portado en la primera parte del gobierno de EPN.