norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

La pobreza política es más que evidente. Ni partidos ni candidatos representan al ciudadano. La lucha es simple y llanamente por el poder y todo lo que representa. La decadencia queda claramente plasmada con lo que sucede en Veracruz. La derrota de las ideas y la indiferencia para con la sociedad.

Hace un par de días se realizó en Veracruz un debate entre candidatos al gobierno local. Y eso de debate es sólo una forma de referirse a un encuentro que, lejos de las ideas, las propuestas y los programas, fue dedicado a la más baja forma de hacer política.

Héctor Yunes Landa, candidato del PRI y Miguel Angel Yunes Linares, del PAN se dedicaron a poner de manifiesto su incapacidad para desarrollar ideas e ir más allá del insulto fácil. Y tuvieron un éxito enorme en su intento.

Dedicados a descalificarse mutuamente, lograron demostrarle al electorado que están a punto de terminar un sexenio de pesadilla con Javier Duarte al frente, para iniciar otro, de dos años, que podría simplemente ser aún peor.

Los Yunes, con una habilidad impresionante, fueron capaces de acreditar ante los veracruzanos el cinismo de la clase política, la desmedida ambición que les acompaña y el desprecio absoluto por los votantes y sus necesidades y demandas.

Así, acusaciones de “pederasta” o de “protector de violadores” corrieron de un lado a otro. Mentiras de ida y vuelta. Medias verdades y verdades que curiosamente, aparecen sólo para cuestionar al rival en el momento electoral conveniente, pero que hasta hace poco se encontraban guardadas, lejos de la vista de los ciudadanos.

Hipocresía y bajeza. Pobreza política e intelectual. Mediocridad y más mediocridad. Un ofrecimiento para los veracruzanos que implica sólo un futuro poco agradable.

Miguel Angel Yunes, acostumbrado a este tipo de discusiones, sonreía y retaba. Feliz de encontrarse justo en el terreno en el que más a gusto se siente. El lodazal como plataforma para construir su proyecto político. Lodazal para elevar el futuro de Veracruz.

Por su parte, Héctor Yunes instalado en la medianía más dramática que pueda recordarse en un estado en el que la política fue siempre, todo un arte, intentaba responder también con bajeza, alejado totalmente de las ideas.

Medianía que reflejo de lo que es el candidato del PRI, tendría que preocupar no sólo a su partido y a sus compañeros, sino a todos los mexicanos. Después de todo, Veracruz es reflejo de lo que sucede en todo el país.

El enfrentamiento entre los Yunes candidatos en Veracruz, puso en claro lo lejos que estamos de tener políticos realmente interesados en colaborar en la solución de los problemas que agobian a la sociedad.

Veracruz es una entidad suida en una crisis de enormes proporciones en el terreno de la seguridad, que enfrenta serias dificultades económicas, que requiere de serios proyectos de desarrollo para enfrentar

el reto de las desigualdades. Y lo que tiene como promesa para el futuro es el cinismo e hipocresía de los Yunes. Un futuro que no puede ser menos alentador.

La gravedad de todo esto nace en el gobierno realizado por Javier Duarte. Corrupción, aumento en la inseguridad, traiciones políticas, persecución del rival y ambiciones desmedidas que alcanzaron su punto culminante en el intento del gobernador por eternizarse en el al tratar de imponer candidato.

Ahora, los Yunes, tanto el del PRI como el del PAN, pretenden llegar al poder con los métodos más pobres del accionar político.

Insultos, acusaciones de todo tipo, bajeza total y cinismo absoluto. Y para los veracruzanos las malas noticias.

El debate no fue tal. La política no asistió a la confrontación de los candidatos. Las ideas fueron las grandes ausentes.

Esto no puede considerarse un debate político real.

Pero sí es el anuncio de que, a final de cuentas, quien resulte electo es uno de los Yunes, Veracruz tendrá un sucesor que hará que Javier Duarte sea añorado. Aunque ello parezca imposible.