norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

Enrique Peña Nieto arribó al poder con una idea que buscaba el desarrollo de un proyecto más que político, empresarial. El desarrollo del país se realizaría bajo la idea de los convenios comerciales y el desarrollo interno con la consolidación del grupo que había llegado a la Presidencia de la república.

Ese proyecto requería por supuesto, de un programa de seguridad. Y bajo la idea del “sabemos como hacerlo” y con la promesa de aplicar “inteligencia más que fuerza”, el equipo peñista arrancó su sexenio a toda velocidad.

Como la seguridad tenía un sitio primordial para poder desarrollar el aspecto económico, el naciente gobierno anunció que la estrategia nacional para reducir la violencia sería uno de los grandes cambios con respecto a las acciones de los gobiernos panistas.

No se ahorraron señalamientos en torno a que los gobiernos emanados del PAN habían llevado al estado a perder eficacia “por la incapacidad para cumplir con sus obligaciones básicas en materia de seguridad” entre otras.

Del mismo modo, apenas en el inicio, el gobierno peñista anunció los cinco grandes ejes para llegar a la “democracia de resultados” que prometía el equipo mexiquense. Y el primero de esos ejes señalaba que para lograr un México en paz, se trabajaría en una estrategia nacional para reducir la violencia “con una real y eficaz coordinación entre órdenes de gobierno, para combatir la impunidad”.

Al momento de arrancar el gobierno, el presidente Peña Nieto señaló el rumbo hacia el desarrollo para convertir al país en una potencia media. El optimismo estaba en todas partes. Y éxito se presumía a la vuelta de la esquina.

Ahora, a poco más de tres años de iniciado el sexenio, la violencia campea en todo el país. Y los avances económicos simplemente no aparecen por ningún lado.

Se aplicó un programa para “recuperar” Michoacán. Y otro más al poco tiempo con el mismo objetivo. Y se violentó el marco legal del estado para crear la figura de un comisionado en la persona de Alfredo Castillo. Y después de más violaciones a la ley, se anunció la pacificación de la entidad. Misma que duró el tiempo que duraron los discursos. Michoacán es hoy, sede de graves eventos de violencia.

Para Tamaulipas la situación fue parecida. Planes y más planes. Y se llegó a la decisión de “dividir” el estado en cuatro zonas para garantizar la tranquilidad de los tamaulipecos. Hoy el estado vive en panea inseguridad. Balaceras a toda hora y en todas partes. La autoridad existe sólo en el papel. La delincuencia organizada o no, es la que mantiene el control. Y no hay estrategia efectiva para remediar la situación.

Guerrero es otro caso. Programas de pacificación. Estrategias para recuperar el estado de derecho. Y en estos momentos, el estado se encuentra sumido en la violencia. Y Acapulco es rehén de la delincuencia, a grado tal que los empresarios buscaron que no se les cobraran impuestos, para poder pagar el derecho de piso que les demanda la delincuencia.

Muertos y más muertos. Y la estrategia de seguridad es, en el mejor de los casos, una muestra más del fracaso en seguridad del gobierno.

Veracruz y el Estado de México padecen de una creciente violencia. Y Así buena parte del país.

¿En dónde quedó la inteligencia que se prometió para combatir al crimen organizado? ¿Qué pasó con el cambio de estrategias y en dónde acabaron los anuncios sobre los grandes avances que se intentó presumir sobre el combate a la violencia?

La realidad dice que la complicidad entre autoridades de todo tipo y el crimen organizado es tan seria que nada se puede hacer para poner orden en el país.

Los discursos que se lanzaron para demostrar que las cosas habían mejorado se han evaporado. La tortura, las desapariciones y la incapacidad en el sector oficial son ya la “normalidad” en el país. Y el gobierno lucha por mantener el poco prestigio que le queda en el terreno internacional y la poca credibilidad que le resta en lo interno.

Las promesas de campaña se han quedado en el olvido

En ese olvido en donde reposa la famosa “inteligencia” con la que se prometió se combatiría con éxito a la delincuencia. Aquello de “sabemos como hacerlo” es cosa del pasado. Pero será una losa en el futuro para quienes fracasaron ante el problema del combate a la delincuencia.