norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

La promesa fue simple: el combate a la delincuencia organizada y la violencia que su existencia provoca, se realizaría más que con fuerza con inteligencia. Y poco más de tres años más tarde, el resultado no existe. Y Guerrero es apenas, una clara muestra de ello.

Ahora, el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, pone en marcha un nuevo proyecto para buscar la pacificación de Guerrero. Pero no es el primer proyecto para esa entidad. Es uno más. Con variantes, pero con los mismos actores. Y las dudas de siempre.

Guerrero presenta hoy niveles de violencia que rebasan con facilidad, las acciones de gobierno. Lo mismo local que federal. No hay avance. Y sí en cambio es obvio que la entidad sufre serios retrocesos en todos los terrenos gracias al incremento del poder de la delincuencia.

La descomposición es tal, que los inversionistas en la entidad, pidieron que no se les cobrarán impuestos, para poder pagar las cuotas al crimen organizado. Quieren pagar el “impuesto”, pero no de manera duplicada. Y si la autoridad no puede controlar la violencia, ellos quieren poder realizar sus labores.

La pérdida del control es clara. Pero no puede resolverse el caso con las recetas que ya acreditaron su ineficacia.

Guerrero tiene un largo historial d violencia. Lo mismo ligada a la guerrilla, que a la delincuencia. Y en ambos casos, tiene que añadirse la ausencia de seriedad en los programas oficiales para combatir ambos fenómenos.

Los gobiernos van y vienes, todos hablan del problema, pero en realidad nada se hace para llegar al fondo con soluciones contundentes y que en plazos no necesariamente largos, den resultados.

Así, es obvio que el atraso en la entidad responde no a la falta de dinero o a la ausencia de planes. Responde al interés de los grupos de delincuentes y de políticos ligados a ellos, que entienden que modernizar servicios, carreteras, escuelas, hospitales y demás, dañaría el negocio del tráfico de drogas.

Si se mira con atención la tragedia de Iguala, se podrá ver sin problema alguno que, por razones no explicadas, la investigación sobre los hechos de septiembre de septiembre del 2014 jamás entró de lleno al tema del narcotráfico y menos aún, a las evidentes relaciones entre políticos de todos los niveles y partidos, con los delincuentes.

Esta línea de investigación que para muchos resultaría no sólo lógica, sino obligada, fue simplemente puesta de lado. Y Angel Heladio Aguirre, gobernador en el momento de los hechos, jamás fue molestado por un citatorio, a pesar de que hay muchas cosas que podría explicar al respecto.

Ante esta situación, el poner en marcha un nuevo programa destinado a lograr la pacificación de Guerrero parece más buscar algo que tranquilice a una población temerosa, que una solución de fondo.

Los soldados son llevados, de nueva cuenta, al terreno en el que sea cual sea el resultado, salen dañados y en papel de victimarios. Los planes para prevenir el delito tienen más de tres años de atraso y el inconveniente de dedicarse solo a la parte inferior de la pirámide de la delincuencia.

Los planes nada tienen que ver con la siembra o el traslado de la droga. Nada tienen que ver con la investigación de políticos relacionados con la delincuencia. No hay nada que se interprete como un trabajo de investigación sobre el lavado de dinero. No hay un proyecto real de fondo. Solo nuevos discursos, nuevas imágenes y nuevas promesas.

Lo mismo que hace tres años, con la diferencia de que ahora al gobierno federal el tiempo se le agota rápidamente. Tan rápido como la credibilidad.

El nuevo plan para Guerrero arranca con un déficit muy serio en lo que a confianza se refiere. Y por ello mismo, con limitantes que pueden conducir a un nuevo fracaso.

Uno más en materia de seguridad. Terreno en el que se prometieron grandes resultados, los cuales se alcanzarían gracias a la puesta en marcha de medidas inteligentes, que o bien nunca se crearon o bien no fueron lo suficientemente buenas para resolver el gran problema que agobia a los mexicanos y nos ha puesto en ridículo en el exterior.