norberto-de-aquino4Por Norberto DE AQUINO

 

La seriedad de la crisis ambiental en la Ciudad de México es ya inocultable. Hay un problema de dimensiones extraordinaria, ante el cual el gobierno de Miguel Angel Mancera no sólo acreditó el nivel de su incompetencia, sino su absoluta falta de respeto por la sociedad.

Apabullado por el reto, como en tantas otras ocasiones, el titular del gobierno capitalino intenta encontrar culpables en otras instancias. Lo suyo no es por supuesto, asumir responsabilidades.

En sus promocionales el señor Mancera quiere presumir que no fue electo para buscar aplausos, sino para tomar decisiones que no necesariamente gusten a los ciudadanos. Y como es costumbre, lo que dice nada tiene que ver con la realidad.

Sus decisiones están alejadas de las necesidades de la ciudad. Quiere recibir aplausos, pero no asumir el costo de las decisiones que molestan a la sociedad.

Es sí que en el caso de la crisis ambiental, ha distribuido de todos los modos posibles, la culpa. Lo mismo en el gobierno del Estado de México, que en el de Morelos. Lo mismo en las dependencias federales, que en los transportes privados. Pero ha hecho todo lo posible por rendir cuentas. Esto es, se ha negado a explicar las razones por las cuales la capital de la República se encuentra en una situación en la que la contingencia ambiental no sólo se ha hecho presente después de varios años con “buena calidad del aire”, sino que se ha convertido en un reto de riesgos elevados.

Si el señor Mancera fuera un político responsable y dispuesto a asumir el costo de las decisiones políticas del gobierno, lo primero que tendría que hacer es, simplemente, recordar que la capital ha sido gobernada poco más de 18 años por el PRD, partido que le llevó a él mismo al poder.

De ello se desprende que, guste o no, la crisis es producto de gobiernos perredistas. Y guste o no, tiene que haber responsables con nombre y apellido.

Por supuesto, se puede presentar alegatos para responsabilizar al gobierno federal. Ya por la falta de apoyos financieros, ya por indolencia en planes y proyectos, o se puede atacar, como se ha hecho, a las entidades vecinas. Y todo podría resultar cierto.

Pero la pregunta fundamental sería la misma: ¿en dónde se encontraban las autoridades capitalinas que guardaron silencio, de manera irresponsable, ante el problema que se avecinaba?

Si lo hicieron por no saber, entonces tenemos una partida de funcionarios públicos que tendrían que rendir cuentas no sólo ante la sociedad, sino ante la autoridad.

Y si sabían y nada hicieron, las cosas son a´n más serias.

Y ese es el punto sobre el que el señor Mancera aplica su estrategia más importante: eludir la responsabilidad.

Le guste o no a las autoridades del otrora Distrito Federal, son tres años cinco meses los que tienen al frente de la ciudad. Y es a Mancera y a su equipo a los que tomó desprevenidos la crisis. Y ese tendría

que ser el primer paso: explicar las causas por las cuales el gobierno capitalino fue tan fácilmente rebasado por el problema ambiental.

Es claro que el transporte urbano es una mafia que hace lo que le plazca con lo usuarios a ciencia y paciencia de las autoridades. Es de sobra conocida la insuficiencia de ese transporte, tanto como el de la saturación del Metro, la cual se dijo, se acabaría con el aumento decretado para el tren subterráneo en diciembre del 2013.

Para nadie es un secreto el saber que las gasolinas o necesariamente tienen la calidad que e requiere. O que la industria contamina con singular alegría, sin que nadie haga nada para controlar ese fenómeno.

Pero otra vez la pregunta es la misma: ¿Qué hacían las autoridades de la capital del país mientras tanto? ¿Tenían siquiera idea del problema?

Otra explicación que el señor Mancera se niega a proporcionar es en ¿dónde están los planes para enfrentar la crisis que, por lógica, tendrían que ir mucho más allá de un doble hoy no circula?

La realidad es que la ciudad de México enfrenta una crisis mucho más seria que la ambiental y que no es otra que la de la descomunal incapacidad del gobierno de Miguel Angel Mancera, quien curiosamente, gasta cantidades importantes de dinero para promocionarse rumbo al 2018, sin entender que las contingencias ambientales son ya, contingencias políticas. Para él y sus proyectos personales.